Brasil celebrará hoy la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en una disputa que enfrenta al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, con el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro. Cerca de 159 millones de brasileños están convocados a las urnas para elegir al próximo jefe de Estado, que asumirá el poder el 5 de enero de 2027.
La contienda se presenta como una de las más ajustadas de la historia reciente del país. En la primera vuelta, realizada el 4 de octubre, Flávio obtuvo el 47% de los votos, frente al 45% de Lula. Los sondeos previos al balotaje anticipan una definición reñida, en un escenario atravesado por la polarización política.
El resultado tendrá repercusiones más allá de las fronteras brasileñas. Una victoria del candidato del Partido Liberal (PL) consolidaría el avance de la derecha en América Latina, mientras que una nueva presidencia de Lula, de 80 años, mantendría a Brasil como uno de los principales bastiones del progresismo regional.
La jornada electoral marcará el final de una extensa campaña, iniciada el 16 de agosto, en la que ambos candidatos buscaron consolidar sus bases de apoyo y conquistar a los votantes indecisos.
“Seré presidente otra vez”
El presidente Lula da Silva encabezó ayer una movilización por las calles de Copacabana, en Río de Janeiro, antes de trasladarse a San Pablo para participar de otra actividad junto a sus militantes. La convocatoria reunió a una multitud de simpatizantes, que acompañaron el recorrido con banderas rojas del Partido de los Trabajadores (PT) y los colores de la bandera brasileña.
Desde el vehículo en el que recorrió la emblemática costa carioca, Lula saludó a sus seguidores, bailó y saltó al ritmo de la batucada. El mandatario aprovechó el acto para transmitir confianza en una nueva victoria electoral y defender la continuidad de su proyecto político.
“Estoy seguro de que vamos a ganar las elecciones. Pueden anotar ahí: mañana seré elegido presidente de la República otra vez”, declaró ante los periodistas antes de iniciar la caravana.
En el tramo final de la campaña, Lula también buscó diferenciarse de su rival y cuestionó las consecuencias que, según su visión, tendría un triunfo del bolsonarismo. “Es verdad que el pueblo quiere cambio, pero un cambio a mejor, hacia adelante. El pueblo no quiere retroceder”, sostuvo.
El jefe de Estado elevó además el tono de sus críticas contra Flávio, a quien calificó de “miliciano”, en una alusión a presuntos vínculos familiares de integrantes de grupos paramilitares de Río de Janeiro. “No es posible que no consigamos convencer a la sociedad brasileña del riesgo que corre la democracia, la libertad y las personas de bien en este país”, advirtió.
Tras la actividad en Copacabana, el mandatario viajó a San Pablo, el mayor distrito electoral de Brasil, para realizar una última movilización y cerrar formalmente su campaña.
Flávio, en la casa de su padre
Flávio Bolsonaro, de 45 años, también concentró sus esfuerzos en las últimas horas de proselitismo. El senador comenzó la jornada en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, donde encabezó una caravana acompañada por cientos de motocicletas y reunió a miles de simpatizantes vestidos con los colores verde y amarillo.
Durante el recorrido por el centro de la ciudad, sus seguidores lo recibieron al grito de “mito”, el apodo con el que identifican a su padre, Jair Bolsonaro. Antes de la movilización, el candidato prometió que, si llega a la Presidencia, mantendrá una relación de cooperación con los habitantes de Minas Gerais y no recurrirá a las amenazas.
Luego se trasladó a Río de Janeiro, considerado uno de los principales centros políticos del bolsonarismo. Allí participó de actividades vinculadas con su entorno familiar y eligió las playas de Barra da Tijuca para realizar el cierre de campaña.
La estrategia del senador apuntó a reforzar la identificación con el electorado conservador y a capitalizar el respaldo de quienes buscan un cambio de rumbo respecto de la administración del PT.
La disputa repercute en la región
La elección brasileña generó expectativas entre dirigentes latinoamericanos, conscientes de la influencia política y económica del país. Una victoria de Flávio supondría un nuevo impulso para los sectores de derecha, mientras que la continuidad de Lula representaría un contrapeso frente a esa tendencia.
En ese escenario, el ex presidente chileno Gabriel Boric difundió un mensaje de respaldo al candidato oficialista. “Lula ha cambiado para mejor la existencia de mucha gente, y nunca está satisfecho porque sabe que se puede más”, expresó.
En la vereda opuesta se ubicó el presidente Javier Milei, quien volvió a cuestionar públicamente a Lula. El mandatario lo calificó de “ladrón” y “mentiroso” después de que el brasileño afirmara, durante el debate televisivo del viernes, que algunos argentinos consumen carne de burro debido a los recortes impulsados por el gobierno libertario.
Con los actos finales concluidos, Brasil llega a las urnas ante una definición que no solo determinará quién conducirá la mayor economía de América Latina, sino que también marcará el rumbo político del país y su posicionamiento en la región.