Tras una espera prolongada, Horcas regresa a la provincia para reencontrarse con sus seguidores en una noche cargada de potencia y nostalgia.

La agrupación, que pisó fuerte en los escenarios locales durante los primeros años de la década de 2000, vuelve a Tucumán en el marco de una gira nacional muy esperada tanto por sus fanáticos históricos como por las nuevas generaciones.

La espera en la provincia concluirá esta noche, cuando a partir de las 21 el grupo se presente en el Teatro Puerto Libertad (Las Piedras 1850). La jornada se perfila como una verdadera cumbre del heavy metal en la región, cuya apertura estará a cargo de las reconocidas bandas tucumanas Viento Cruel y Alkimia, encargadas de encender la previa antes del despliegue del quinteto porteño

El heavy nacional tuvosu gran fiesta con Horcas

Norberto Topo Yáñez, bajista y pilar ininterrumpido de la banda desde sus orígenes, manifiesta el entusiasmo del grupo ante este regreso. “Estamos muy emocionados y contentos de poder volver después de tanto tiempo, era una deuda pendiente que teníamos”, afirma en diálogo exclusivo con LA GACETA. El músico destaca la calidez del público norteño y promete una velada festiva concebida para disfrutar en familia.

El repertorio de la gente

Para esta etapa de 2026, la banda decidió romper la barrera tradicional entre el escenario y el campo al otorgarle al público la decisión sobre el repertorio de cada concierto.

Bajo el concepto “¡Ustedes mandan!”, los seguidores participan activamente votando entre distintas opciones de canciones para definir el listado de temas de cada presentación. Seleccionar entre 18 y 20 canciones dentro de un catálogo con 13 discos de estudio y más de 150 composiciones representa un desafío complejo para los músicos.

Horcas trae la fiesta del metal al club Floresta

“A mí, como fanático, me pasa que, si viene una banda de afuera y no toca mis canciones favoritas, me voy un poco triste; por eso abrimos la lista para que la gente elija y participe”, explica el bajista.

Esta modalidad no solo rescata los himnos infaltables de todo show, sino que permite desempolvar canciones poco habituales en sus presentaciones y combinarlas con el material de su producción más reciente.

Los cambios

Revisar la historia de Horcas implica recorrer el crecimiento de la infraestructura del rock en la Argentina. Cuando el grupo comenzó sus presentaciones a principios de los 90, las condiciones de producción para el género eran incipientes y requerían un esfuerzo puramente autogestivo.

“Empezamos tocando arriba de una mesa de cocina con cuatro lamparitas en clubes de barrio, donde alquilábamos la cancha de básquet o de baby fútbol para montar el escenario, el sonido y las luces”, rememora Yáñez.

En contraste, la escena actual cuenta con recintos equipados con tecnología robótica de iluminación, ingeniería de sonido especializada y profesionales dedicados a la producción en vivo.

Horcas y el privilegio de sentir

A lo largo de este camino, la banda consolidó una estructura de trabajo de 16 personas que viven de la música desde el año 2000, atravesando transformaciones políticas, culturales y modas estéticas sin alterar su identidad fundamental.

Fundada en 1988 por el guitarrista Osvaldo Civile, exintegrante de la pionera V8, Horcas construyó un currículum que incluye haber sido la primera banda argentina de metal en presentarse dos días consecutivos en el estadio de Vélez Sarsfield junto a Metallica en la década de 1990. Asimismo, el quinteto ha compartido escenario con referentes internacionales como Black Sabbath, Pantera, Megadeth, Slayer, Judas Priest en el festival Knotfest y los gigantes de Masters of Rock.

El público

Pese a hitos multitudinarios como llenar el predio de Tecnópolis ante más de 15.000 espectadores, Yáñez sitúa la verdadera vigencia del grupo en la respuesta cotidiana del público. “Uno puede hacer buenos o malos discos, pero la última palabra siempre la tienen los fans que pagan la entrada y nos brindan su cariño en cada rincón del país”, reflexiona.

El recuerdo de Civile permanece presente en la dinámica del grupo, que rinde homenaje a su fundador en cada presentación. En su charla con este diario, el bajista valora el mantenimiento de esa mística originaria y se muestra conmocionado por el recambio generacional que observa desde el escenario.

“Ver a chicos muy chiquitos de cuatro o cinco años con sus remeras de la banda, haciendo los cuernitos y cantando todas las letras me emociona profundamente”, destaca, señalando cómo la pasión por el género se transmite de abuelos a padres e hijos.

Horcas encabeza el pogo

De cara al futuro de la agrupación que completan Walter Meza en voz, Sebastián Coria y Lucas Bravo en guitarras, y Cristian Romero en batería, el músico concluye: “Seguimos en pie porque todavía tenemos muchos sueños por cumplir, cosas que decir y un amor intacto por lo que hacemos”.