En la asamblea de la SIP se recordó el discurso que dio Gabriel García Márquez en otra asamblea, que tuvo lugar en Los Angeles en 1996. Allí fue cuando habló del mejor oficio del mundo, una de las definiciones más memorables sobre la tarea periodística. En un diálogo moderado por Andrés Mompotes, el director general de la Fundación Gabo, Jaime Abello, el director del Centro Knight para el Periodismo en las Américas, Rosental Calmon Alves, y la directora del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), María Teresa Ronderos analizaron distintos pasajes de las palabras que pronunció Gabo y la vigencia que mantienen hoy.

Crítica

En su discurso, García Márquez criticó la forma en que se enseñaba periodismo en las universidades y la forma en que se aprendía en las salas de redacción. Advertía los riesgos de la tecnología –hablaba de las grabadoras y las computadoras- pero leído hoy parece hablar de internet y de la IA.

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“Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa; es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral”, dijo.

La libertad de prensa en Estados Unidos

“El periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”, concluía Gabo.