El Museo Miguel Lillo es mucho más que un lugar donde se exhiben animales y fósiles. En sus salas se conserva una parte importante de la historia natural y cultural de Tucumán y de distintas regiones del país, con colecciones que permiten conocer cómo fue cambiando la vida y cuáles son los ambientes que todavía hoy forman parte de la provincia.
En el marco del Día del Patrimonio Natural y Cultural, el licenciado en Ciencias Biológicas Emanuel Pérez Bogado invitó a LA GACETA a recorrer la institución y explicó por qué conservar estos bienes resulta fundamental. “Es un legado que viene desde el pasado, se lo conserva en el presente y lo tenemos que conservar para que las generaciones futuras lo puedan apreciar”, señaló.
Durante el recorrido por la Fundación Miguel Lillo, uno de los primeros tesoros que aparece es un fósil de Gerasaurus. Se trata del ejemplar a partir del cual se describió la especie y que forma parte de la colección de paleovertebrados de la institución. El animal habitó la región de Ischigualasto, en San Juan, un área que, junto con el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, integra un sitio reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco.
La importancia de esos fósiles excede a la pieza exhibida. En esa región fueron encontrados algunos de los dinosaurios más antiguos conocidos, con una antigüedad estimada de entre 228 y 230 millones de años.
Pero el patrimonio que conserva el Miguel Lillo no se limita a los dinosaurios. La institución también permite realizar un recorrido por los distintos ambientes del Noroeste argentino y reconocer parte de la biodiversidad que caracteriza a Tucumán.
“Tenemos un patrimonio natural muy importante, no solamente de otros lugares de la República Argentina por su historia científica, sino también de la provincia de Tucumán, que es rica en biodiversidad”, explicó Pérez Bogado.
Un recorrido por las Yungas y los ambientes de la provincia
Uno de los grandes valores naturales de la provincia son las Yungas, una región selvática que alberga una enorme diversidad de especies animales, vegetales y microorganismos.
Entre las áreas protegidas mencionadas por el especialista aparece el Parque Provincial La Florida, un sitio de particular relevancia porque fue el primer parque administrado por una provincia en la Argentina. Allí se preservan ambientes de Yungas y una importante biodiversidad.
A nivel nacional, Tucumán también cuenta con espacios como el Parque Nacional Los Alisos y el Parque Nacional Aconquija, que contribuyen a preservar distintos ambientes naturales.
El recorrido por el Museo Miguel Lillo permite observar una representación de esos paisajes. Desde las zonas bajas y los bosques chaqueños hasta los ambientes de mayor altura, aparecen diferentes especies y ecosistemas.
Al avanzar hacia las Yungas se pueden reconocer los cambios en la vegetación a medida que aumenta la altura. El pedemonte da paso a la selva propiamente dicha, luego aparecen los bosques de alisos y finalmente los pastizales de altura.
En ese recorrido también aparecen animales característicos de distintos ambientes, como zorros de monte, pumas, perdices, quirquinchos y loros. Algunas especies, como el aguará guazú y el oso hormiguero, forman parte de la historia natural de la región aunque actualmente ya no se encuentren en Tucumán.
Más arriba, la representación llega hasta zonas como Ampimpa y Amaicha, donde el paisaje cambia nuevamente y aparecen especies adaptadas a ambientes más secos. Allí también se encuentra representado otro patrimonio fundamental de la provincia: las ruinas de Quilmes.
La Ciudadita y el legado del Camino del Inca
El patrimonio tucumano también tiene una fuerte dimensión cultural. Pérez Bogado destacó el valor de la Ciudadita, en el departamento Chicligasta, vinculada al antiguo Camino del Inca.
El Qhapaq Ñan, o Camino del Inca, conformó una extensa red que atravesó distintos países de Sudamérica. En Tucumán quedan vestigios de ese recorrido y de las culturas que habitaron y transitaron la región.
A esto se suman otros sitios de enorme valor histórico y arqueológico, como las ruinas de Quilmes, que también forman parte de la identidad cultural tucumana.
Libros, insectos y otras colecciones
El patrimonio de la Fundación Miguel Lillo también se encuentra detrás de las vitrinas y de las salas de exhibición. La institución cuenta con una biblioteca que conserva más de 10.000 libros de importancia científica y cultural.
Entre ellos se encuentra una colección completa de las obras de Alexander von Humboldt vinculadas al estudio de la biodiversidad. Según explicó Pérez Bogado, se trata de una de las tres colecciones completas que existen en el mundo.
La institución posee además una de las colecciones de entomología más importantes de la Argentina, dedicada al estudio y conservación de insectos, además de colecciones de animales provenientes de África y otros materiales científicos.
“Primero tenemos que conocer para poder conservar”
Para Pérez Bogado, el primer paso para proteger el patrimonio es acercarse a él y conocerlo. “Para conservar algo primero tenemos que conocer”, remarcó. En ese sentido, consideró fundamental que los tucumanos y quienes visitan la provincia puedan conocer la riqueza natural que existe en el territorio y comprender por qué es necesario protegerla.
El cuidado también comienza con acciones cotidianas: respetar las áreas protegidas, evitar arrojar basura, no dañar la vegetación y priorizar especies nativas cuando se realizan plantaciones.
Las actividades recreativas, como el trekking en San Javier, no necesariamente representan un impacto negativo sobre el ambiente, siempre que se desarrollen de manera responsable. “Si las personas cuidan, no cortan los árboles, no tiran basura en los senderos”, explicó el especialista, es posible disfrutar de esos espacios y, al mismo tiempo, contribuir a su conservación.
El problema aparece cuando los ambientes naturales son reemplazados por construcciones. La expansión urbana sobre las laderas de los cerros implica deforestación y modificación del suelo, además de reducir la protección natural que brindan los árboles frente a las lluvias intensas y las inundaciones.
Por eso, detrás de cada fósil, cada animal, cada árbol y cada paisaje existe una parte de la historia que Tucumán recibió del pasado y que debe conservar para el futuro.
El Museo Miguel Lillo funciona, en ese sentido, como una puerta de entrada a ese patrimonio. “No solamente tenemos dinosaurios”, destacó Pérez Bogado al invitar a los tucumanos a recorrer sus instalaciones. La propuesta es descubrir allí una parte de la enorme riqueza natural y cultural que existe en la provincia.