Hay historias que empiezan mucho antes de que aparezcan las luces de un estadio. La de Leonel Flores, de 20 años, comenzó en una cancha de baby de General Pacheco, cuando apenas tenía cinco años y las chilenas ya eran parte de su repertorio.
El chico de La Cava llegó a Boca con seis años, después de probarse en la vieja Casa Amarilla. Desde entonces, pasó por todas las categorías, creció entre entrenamientos y fue construyendo, sin demasiado ruido, el futbolista que hoy empieza a llamar la atención de todos.
Messi lloró antes de que rodara la pelota: el micro, el himno y el minuto 10 que frenó al MonumentalY ahora el escenario es otro.
Flores la viene rompiendo con la Selección Argentina, donde encontró un lugar para mostrar esa gambeta, desparpajo y personalidad que lo acompañan desde chico. El mismo jugador que alguna vez se animaba al uno contra uno en el baby hoy enfrenta defensores en el máximo nivel y responde cada vez que tiene una oportunidad.
Ayer, además, le tocó vivir una escena especial: estuvo presente en la despedida de Lionel Messi, uno de sus grandes ídolos. Para cualquier futbolista argentino sería una noche inolvidable. Para Flores, que desde chico soñó con llegar a lo más alto, tuvo seguramente un significado todavía mayor.
La Sole le cantó “Brindis” a Messi en el Monumental y el abrazo entre ambos emocionó al estadioUn sueño que empezó en una cancha de barrio
Antes de Boca estuvieron El Zorzal, en General Pacheco, y las primeras gambetas. Su primer entrenador, Cristian Benítez, todavía recuerda aquel nene que parecía jugar a otra velocidad.
“Los primeros tres años fue una cosa de locos. Mi hijo le tiraba los laterales y él haciendo chilenas con cinco años. Y no chilena a cualquier lado: todas al arco”, contó tiempo después.
En Boca descubrieron rápidamente otra de sus características: pedía la pelota y encaraba. Con el tiempo aprendió a jugar en equipo, pero nunca perdió esa valentía para buscar el mano a mano.
Flores puede jugar por las bandas o como delantero y reconoce justamente a la gambeta como una de sus principales virtudes.
De Boca a la Selección
Su llegada a Primera fue la consecuencia de años de trabajo. Él mismo lo había anticipado cuando todavía era un chico de Inferiores: sabía que cada entrenamiento era una oportunidad y que siempre podía aparecer otro para quedarse con su lugar.
Hoy aquella mentalidad parece intacta.
Flores disfruta su presente en la Selección Argentina, donde viene dando respuestas y ganándose un lugar entre las nuevas apariciones del equipo. Y mientras su nombre empieza a sonar cada vez más fuerte, ayer pudo cumplir otra pequeña parte de aquellos sueños de infancia: estar allí, en primera fila, para despedir al jugador que admiró desde chico.
Messi se despidió. Flores, en cambio, recién empieza a escribir su historia.