La convivencia digital de los adolescentes plantea hoy desafíos para familias, docentes y especialistas en salud mental en Tucumán. Vivir en un mundo hiperconectado abre nuevas oportunidades, pero a la vez expone a los jóvenes a dinámicas de acoso que no se detienen cuando entran a sus casas. A la hora de entender este fenómeno, Sol Forgas, presidenta del Colegio de Psicólogos de Tucumán, aportó una clave para acompañar a los hijos al sostener que “un adulto tiene que comprender y darle entidad a eso que pasa en los llamados entornos digitales”. Para la profesional, reconocer el valor real de las interacciones virtuales en la vida cotidiana de las nuevas generaciones es un paso necesario para acompañarlas y abordar los riesgos.

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Un relevamiento local aporta datos sobre las experiencias de los adolescentes y sus hábitos en internet. El “Informe de Uso Responsable de las TICs y Riesgos Digitales en Adolescentes de Tucumán”, realizado por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (Unsta), reunió respuestas de 335 chicos de entre 15 y 18 años, provenientes de colegios y escuelas del Gran San Miguel de Tucumán. Las encuestas se hicieron durante la Expo Unsta de octubre de 2024. El 43% de los participantes afirmó haber sido víctima de bullying, sin que ese porcentaje refiera específicamente al acoso digital. Además, el 34% señaló que conocía páginas o perfiles donde se practicaba ciberbullying y el 77% había conversado con desconocidos en internet. El informe advirtió sobre los riesgos de esas interacciones, aunque ese último porcentaje no indica cuántos atravesaron situaciones de grooming.

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Romper la brecha generacional y no subestimar las redes

Para abordar esta problemática, Forgas propuso reducir la distancia cultural y generacional que puede separar a los padres de los espacios digitales donde se relacionan sus hijos. Destacó la importancia de reconocer el valor de esos contactos e intercambios al argumentar que “eso que está pasando, ese contacto o ese intercambio tiene un estatuto; no hay que subestimarlo”. Según la especialista, parte de la vida social de los adolescentes transcurre a través de las pantallas. Por eso, invitó a los adultos a “comprender que la vida social de las nuevas generaciones pasa también por la virtualidad”.

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Asimismo, la profesional señaló que lo que ocurre en esos espacios debe ser tomado en serio por los adultos que acompañan a los chicos. En ese sentido, Forgas los instó a “no subestimar esa dimensión social que sucede en un entorno que nosotros desconocíamos en nuestras infancias y adolescencias”. Reconocer que las formas y los espacios de encuentro cambiaron respecto de décadas pasadas permite comprender mejor las experiencias de los adolescentes. Para la psicóloga, ese reconocimiento forma parte del acompañamiento y de la posibilidad de intervenir ante situaciones de violencia en línea.

Educarse en los riesgos digitales para habilitar un diálogo real

Más allá de identificar los riesgos, Forgas destacó la importancia del acompañamiento cotidiano y del diálogo en el hogar. Al referirse a las herramientas para orientar a los hijos, aconsejó “hablar, recomendar, sugerir, estar atento, estar disponible para que ese adolescente, ese niño o esa niña pregunte”. Su planteo propone una presencia receptiva, que permita a los chicos compartir sus inquietudes y encontrar en los adultos a alguien disponible para escucharlos. Esa disposición también implica prestar atención a lo que experimentan en las plataformas digitales y dar lugar a sus preguntas.

Sin embargo, para entablar esa conversación, la especialista aclaró que los adultos también necesitan informarse y comprender qué riesgos pueden encontrar los chicos en internet. “Hay algo de los entornos digitales que algunas generaciones todavía no terminamos de comprender”, señaló Forgas al marcar las limitaciones del mundo adulto. Por esta razón, enfatizó la necesidad de “primero, conocer los riesgos a los que también estamos expuestos y expuestas en la virtualidad y hablar con los adolescentes y las adolescentes al respecto”, para construir un diálogo basado en el conocimiento de esos riesgos y la disposición a escuchar. 

Dónde pedir ayuda 

Pedir ayuda puede comenzar con una llamada o una consulta cerca de casa. En Tucumán, la línea 135 atiende urgencias y realiza derivaciones, mientras que el 0800-122-1555 brinda orientación con psicólogos las 24 horas. También se puede acudir a los CAPS y policlínicas o al Servicio Ambulatorio de Adicciones del Hospital Avellaneda, que atiende de lunes a viernes, de 7 a 19. La red provincial incluye hospitales de segundo nivel para desintoxicación aguda, los equipos comunitarios “Nuevo Amanecer”, los hospitales Obarrio y del Carmen para cuadros agudos y los centros Las Moritas, en Las Talitas, y Cetria, en Aguilares, para rehabilitación.