Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística.
Porque una cosa es lo que camina por una pasarela y otra, bastante distinta, lo que finalmente llega a la calle. Y esta temporada parece estar claro que después de años en los que el minimalismo, los neutros y el quiet luxury marcaron buena parte de la moda, vestirse vuelve a admitir juego, mezcla y cierta dosis de exceso.
No significa que haya que guardar todo lo beige. Tampoco que de repente exista un nuevo uniforme maximalista. Más bien conviven transparencias, lencería a la vista, estampados enfrentados, siluetas románticas, accesorios que podrían haber salido de una foto de 2002 y algunas prendas que llevan varias temporadas intentando convencernos de que regresaron.
Estas son algunas de las tendencias que ya empiezan a salir de la pasarela.
Printmaxxing: permiso para mezclar
Flores con rayas. Animal print con otros estampados. Colores que hace algunos años probablemente hubiéramos pensado dos veces antes de poner juntos. Una de las palabras que empezó a circular durante New York Fashion Week fue printmaxxing: llevar la mezcla de estampados un poco más lejos.
En las colecciones primavera-verano 2027 de Nueva York hubo varios ejemplos. Diane von Furstenberg combinó una maxifalda de cebra con flores en rosa y amarillo, mientras que otras firmas volvieron a jugar con superposiciones, escalas y motivos diferentes.
Es, quizás, otra consecuencia del maximalismo que lleva varias temporadas recuperando terreno. La idea de que un look necesita necesariamente un único protagonista empieza a perder fuerza. A veces pueden ser dos. O tres.
Y dentro de ese universo aparece nuevamente el animal print. El leopardo, que prácticamente nunca termina de irse, comparte ahora espacio con otros animales. Entre ellos, la cebra fue una de las que empezó a asomar con mayor claridad en las propuestas para 2027 —como vimos durante Copenhague Fashion Week—.
Basta de esconder la ropa interior
Hubo una época en la cual el objetivo parecía ser exactamente el contrario. Encontrar el corpiño perfecto para que no se marcara debajo de una remera, esconder los breteles o, en el extremo de aquella obsesión, recurrir a esas tiras transparentes que prometían que nadie notaría que, efectivamente, llevábamos corpiño.
Lejos quedaron esos años. La lencería lleva tiempo abandonando la oscuridad para formar parte del guardarropa cotidiano, pero la primavera 2027 parece avanzar un poco más. Londres mostró varios looks inspirados en lingerie y prendas transparentes, mientras que en la calle empieza a aparecer otra variante mucho más fácil lograr: mostrar a propósito la ropa interior.
El corpiño debajo de una musculosa o una camisa, el encaje que asoma por arriba de una prenda, y si es de color automáticamente es más cool todavía. También lo vimos con las bombachas de tiro alto que aparecen unos centímetros por encima del jean. Lo que antes podía entenderse como algo que había que acomodar rápidamente frente al espejo ahora puede ser parte del estilismo.
Al fin y al cabo, tampoco estamos revelando un secreto: sí, las mujeres usamos ropa interior. Y si vamos a gastar cerca de 65 dólares en un corpiño de encaje de Victoria’s Secret, por lo menos que se pueda ver un poco.
Ballerinas: las vimos por todas partes
Si en Copenhagen Fashion Week una de las pistas más claras del verano estuvo en las ojotas —que ya analizamos como parte de la transformación del calzado más cómodo en objeto de moda—, en Nueva York el otro gran zapato plano fueron las ballerinas.
Durante nuestra cobertura de New York Fashion Week las vimos repetirse una y otra vez en todos los colores, materiales y versiones posibles. Clásicas, Mary Jane, de red, satinadas, más delicadas o combinadas con looks completamente urbanos.
Y confieso que es una tendencia en la que caí. Pero hay una razón bastante práctica detrás de su éxito. En general son cómodas, pero consiguen que un look se vea inmediatamente un poco más arreglado que con zapatillas. Y eso no significa abandonar las sneakers —difícilmente ocurra—, sino sumar otra alternativa para caminar una ciudad durante horas sin tener que recurrir a un taco.
Incluso ese miedo a terminar el día con la parte de atrás del pie destruida no necesariamente se cumple con los modelos más blandos y flexibles. La ballerina que regresó hace algunas temporadas ya no parece un revival pasajero, se instaló y empezó a multiplicarse.
Para primavera 2027, además, la categoría se amplía hacia slippers y modelos ultralivianos. El zapato plano sigue teniendo mucho para decir.
Capri: aquella foto de Gigi tenía razón
Todavía me acuerdo de esa foto de Gigi Hadid caminando por Nueva York en julio de 2023. Musculosa negra, microanteojos, zapatos negros y un jean capri de Jacquemus. En ese momento, la imagen parecía una de esas señales que la moda lanza cada tanto para ver quién se anima primero.
La prenda era divisiva, como suelen serlo todas las piezas que vuelven antes de que el ojo esté preparado para recibirlas. El capri había empezado a aparecer en pasarelas y en algunas fotos de street style, pero todavía tenía esa rareza de tendencia incipiente, un poco difícil de imaginar fuera de modelos, editoras y chicas que siempre prueban todo antes que el resto.
Tres años después, los capri siguen ahí. Copenhague volvió a mostrarlos en versiones minimalistas, estampadas y de colores. Y su combinación más evidente para la próxima temporada reúne dos tendencias de esta lista: capri y ballerinas. El combo perfecto
El secreto puede haber sido simplemente acostumbrar el ojo. Porque muchas prendas funcionan así. Primero parecen imposibles, después empiezan a aparecer en algunas fotos, más tarde alguien las usa bien y, cuando queremos acordarnos, dejamos de preguntarnos si volvieron para empezar a pensar con qué las usaríamos.
El romanticismo cambia de volumen
Moños, encajes, balletcore, transparencias y la estética coquette dominaron parte de la fashion talk de los últimos años. Esa feminidad no desaparece en 2027, pero empieza a cambiar de forma.
Ahora aparecen vestidos babydoll, bubble skirts, volados y siluetas con más volumen. En lugar de abandonar el romanticismo, la moda parece exagerar sus proporciones.
La clave para llevarlo a la calle probablemente esté, otra vez, en la mezcla. Un vestido babydoll con zapatos planos, una pollera con volumen acompañada por una remera básica o el encaje mezclado con denim permiten alejar estas prendas de una lectura excesivamente literal. No es exactamente otro capítulo del coquette. Es una versión menos delicada y un poco más libre.
Flecos: la pista que ya había dado Copenhague
Ya lo habíamos anticipado después de Copenhagen Fashion Week. Entre las tendencias que dejaron sus colecciones primavera-verano 2027, los flecos aparecieron en vestidos, faldas y accesorios.
El resto del fashion month permitió seguir esa pista. Más que pensar únicamente en “la prenda con flecos”, la tendencia habla de algo mayor: movimiento y textura. Flecos, borlas, plumas y materiales que reaccionan cuando quien los lleva camina.
Después de varias temporadas de líneas extremadamente limpias, la ropa vuelve a querer moverse. En la calle, aparece en dosis más chicas como una cartera, una pollera, una campera o un detalle en una prenda básica. No hace falta llevar la tendencia completa para que se note.
Los 2000 cada vez más fuertes
Cada vez que parece que agotamos el archivo de principios de los 2000 aparece otro objeto dispuesto a regresar.
Esta vez puede ser literalmente algo que teníamos en la cabeza. Hailey Bieber recuperó en los últimos meses la zig-zag headband, esa vincha dentada que separa pequeños mechones de pelo y que fue omnipresente entre finales de los noventa y principios de los 2000. También la llevaron la modelo Bella Hadid y la actriz Alexa Demie, dos nombres que hace tiempo funcionan como referencias de la recuperación estética Y2K.
Y para entender hasta dónde llega el revival alcanza con mirar una vieja fotografía de David Beckham: él ya llevaba una en 2002.
Pero la vincha no viene sola. Las skinny scarves, que ya habían reaparecido hace algunas temporadas, continúan; y los anteojos vuelven a mirar hacia principios de siglo. Miu Miu lo hizo de manera explícita. Para su colección otoño-invierno 2026 presentó unos anteojos de montura transparente amarilla y lentes degradados rosados —también existen otras combinaciones— que la propia firma describe como inspirados en la estética de principios de los 2000. Hailey Bieber, protagonista de la campaña de la temporada, terminó de completar la imagen.
La diferencia con las primeras oleadas del Y2K es que no se trata de vestirse de 2002 de pies a cabeza, sino de rescatar pequeños códigos. El pasado entra al look de a una pieza por vez.
Spoiler: hay un color al que conviene empezar a mirar
Entre tanta mezcla también empieza a aparecer una pista cromática. En Nueva York, un amarillo intenso cercano al marigold, entre dorado y anaranjado, atravesó varias de las colecciones primavera-verano 2027. Carolina Herrera y Michael Kors estuvieron entre las firmas que lo incorporaron.
Todavía falta terminar Milán y París ni siquiera comenzó, así que es pronto para declarar al color definitivo de la temporada. Pero si durante los próximos meses empiezan a ver este amarillo cada vez más seguido, no digan que no avisamos.
El calendario internacional todavía tiene cosas para mostrar. Milán termina este lunes y ese mismo día comienza París, que extenderá sus desfiles hasta el 6 de octubre. Recién entonces podremos mirar la temporada completa.
Mientras tanto, algo ya empezó a quedar claro. La primavera-verano 2027 no parece pedirnos que tiremos el guardarropa para empezar de cero. Muchas de sus tendencias llevan años construyéndose delante de nuestros ojos. La diferencia está en cómo empiezan a mezclarse.