Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional tras vencer 3-1 a Estudiantes de La Plata en una final que tuvo prácticamente de todo. Ángel Di María, con un doblete, fue la gran figura de la remontada del “Canalla” en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, donde el calor, las lesiones, las polémicas arbitrales y una batalla campal sobre el cierre terminaron de configurar una definición cargada de tensión.

Y esa tensión no había nacido durante el partido. Los antecedentes entre ambos equipos ya habían calentado la previa después del recordado pasillo de espaldas que Estudiantes le realizó a Central en 2025, episodio que Ignacio Ovando calificó esta semana como una “falta de respeto”. Incluso Juan Sebastián Verón había relativizado la importancia de esta final al asegurar que para el “Pincha” el próximo compromiso frente a Platense, por Copa Argentina, era “mucho más trascendental”.

Dentro de la cancha, Estudiantes necesitó menos de un minuto para golpear. A los 52 segundos, Guido Carrillo bajó un centro pasado y Alexis Castro apareció para definir y establecer el 1-0. El comienzo parecía inmejorable para el equipo de Alexander Medina, pero rápidamente empezaría una sucesión insólita de contratiempos.

Primero fue Gabriel Neves, que sufrió una fuerte caída y debió abandonar el campo por una lesión en su brazo. Jalil Elías ingresó para reemplazarlo, pero apenas unos minutos después también se lesionó al disputar una pelota y tuvo que ser sustituido. En apenas 18 minutos, Estudiantes ya había utilizado dos ventanas de cambios por problemas físicos.

Di María cambió la historia

En medio de ese escenario apareció Di María. A los 23 minutos, “Fideo” se hizo cargo de un tiro libre frontal y sacó un remate extraordinario que terminó en el ángulo para establecer el 1-1. Central, que había comenzado golpeado, encontró en su máxima figura el camino para volver al partido.

La historia volvió a inclinarse antes del descanso. Como consecuencia de las lesiones y las interrupciones, Darío Herrera adicionó 12 minutos y, sobre el cierre de esa primera parte interminable, el VAR llamó al árbitro por una acción de Leandro González Pirez sobre Enzo Copetti. Herrera revisó la jugada y sancionó un penal que desató las protestas de Estudiantes. Di María tomó nuevamente la responsabilidad y marcó el 2-1.

La decisión profundizó el enojo del “Pincha”. Desde la tribuna, Verón reaccionó con aplausos irónicos y manifestó públicamente su bronca con el arbitraje. El clima, que ya había llegado cargado desde la previa, se volvió todavía más espeso.

Estudiantes intentó buscar el empate durante el complemento mientras Central defendía una ventaja que lo acercaba a una nueva estrella. El equipo platense sumó además otro problema físico con Carrillo y debió afrontar el tramo decisivo de una final que había comenzado de la mejor manera, pero rápidamente se había convertido en una sucesión de golpes.

Del 3-1 al escándalo

Todo terminó de explotar en tiempo añadido. Con Fernando Muslera volcado al área rival en busca del empate, Central recuperó la pelota y lanzó la contra. Julián Fernández encontró el arco vacío y convirtió el 3-1 a los 96 minutos para liquidar definitivamente la historia.

Pero no hubo un cierre normal. Después del gol comenzaron los cruces, empujones y golpes entre futbolistas de ambos equipos. Los incidentes continuaron mientras los protagonistas se dirigían hacia la zona de vestuarios y los jugadores de Estudiantes terminaron abandonando el campo antes de que Herrera pudiera completar normalmente el encuentro.

En medio del caos también apareció Verón. El presidente de Estudiantes bajó desde la tribuna, ingresó al campo de juego y encaró directamente a Herrera para recriminarle su actuación. El árbitro terminó dando por finalizado el encuentro en un escenario completamente desbordado.

Cuando finalmente llegó el momento de levantar la copa, Rosario Central pudo festejar. El equipo de Jorge Almirón revirtió una final que había empezado perdiendo prácticamente desde el vestuario, encontró otra actuación decisiva de Di María y terminó imponiéndose 3-1 para sumar la 14ª estrella de su historia. 

Pero la imagen de la consagración compartió protagonismo con un cierre escandaloso que seguramente dejará consecuencias mucho después de que se apague el festejo “canalla”.