Hay momentos en los que una carrera deja de ser solamente una carrera. La edición número 71 del Gran Premio “Batalla de Tucumán” fue uno de ellos. Cuando los 13 caballos comenzaron a desfilar hacia las gateras, el Hipódromo de Tucumán ya era una multitud. Más de 30.000 personas esperaban la largada y entre ellas había un jockey que, montado sobre Thor Medina, sintió que la emoción podía más que los nervios. Marcelo Quinteros miró las tribunas y tuvo ganas de llorar.
Un jockey campeón de Brasil quedó sorprendido con el Hipódromo de TucumánTodavía faltaban 2.200 metros para saber quién se quedaría con la presente edición del “Batalla”, pero el cordobés ya había entendido que estaba a punto de vivir algo especial. “Antes de ingresar a las gateras, cuando veía tanta gente en las tribunas tenías ganas de llorar de la emoción. Fue algo impresionante. Nunca vi tanta gente en un hipódromo”, contó después de la victoria.
Minutos más tarde, esas lágrimas se transformarían en celebración. Thor Medina respondió a cada una de las expectativas que había generado durante los últimos días, mostró sobre la pista toda la jerarquía que traía desde Buenos Aires y se quedó con una de las carreras más importantes del turf del interior del país. Lo hizo con autoridad, por dos cuerpos y medio, y con un registro de 2’16”3/5 que se convirtió en récord para los 2.200 metros.
“El Hipódromo tiene un efecto multiplicador y un efecto social muy importante”, aseguró JaldoEl número cuatro terminó siendo el protagonista de una jornada que había sido preparada durante semanas para quedar en la historia. Thor Medina había llegado especialmente para correr el “Batalla” y lo hizo cargando con una chapa difícil de ignorar: en febrero había ganado el Gran Premio “Miguel Alfredo Martínez de Hoz”, de Grupo I, en el hipódromo de San Isidro, y luego había representado a la Argentina en el Gran Premio “Latinoamericano” disputado en Lima, Perú. Era, además, el único de los 13 participantes que llegaba con un triunfo de Grupo I en la temporada.
Desarrollo
Pero en Tucumán debía demostrarlo. Y lo hizo. La carrera tuvo a Travel Pass tomando rápidamente la delantera, con Ecográfico Rim cerca de su posición. Thor Medina, desde el partidor número cuatro, quedó entre los protagonistas de la primera parte del recorrido. Quinteros no quiso precipitar los tiempos. Sabía que tenía una carta importante entre las manos y que todavía quedaba mucho terreno por recorrer.
El caballo, sin embargo, parecía pedir otra cosa. “En el palo de los 1.000 metros el caballo prácticamente me quería sacar de encima. Venía con una acción bárbara. La idea era no apurarme tanto, para esperar la recta final. Pero realmente dominé la carrera antes de lo previsto”, explicó Quinteros.
El cordobés lo conocía, a pesar de que era la primera vez que lo montaba en una competencia. Sabía que tenía potencia y que, si lograba llevarlo cómodo hasta el momento indicado, podía hacer la diferencia. La estrategia comenzó a tomar forma en el opuesto. Thor Medina avanzó, se acomodó entre los de adelante y llegó a la recta final con todo servido para mostrar su mejor versión.
Entonces fue ahí donde apareció el caballo de Grupo I. En los últimos 200 metros, Thor Medina aceleró y comenzó a despegarse. Sus rivales intentaron sostenerle el ritmo, pero la respuesta del hijo de Mootsadir cuatro fue contundente. El caballo estiró diferencias y cruzó el disco con dos cuerpos y medio de ventaja, mientras Pepe Curdeles y Suffok terminaron igualados en el segundo puesto. Ecográfico Rim fue cuarto, seguido por Endor Rye y Contursi. Santo Hermano completó los siete primeros.
Emocionado
Quinteros sabía que tenía una máquina entre las manos. También sabía que una carrera como el “Batalla” no se gana solamente con antecedentes. “Estoy muy emocionado. El caballo respondió a las expectativas que teníamos. Demostró que tiene mucha calidad”, sostuvo.
Y enseguida explicó por qué la victoria tenía una lógica que iba más allá de un buen momento: “Por algo este caballo ganó un Gran Premio de Grupo I y fue a correr el Gran Premio Latinoamericano”.
La frase resume buena parte de la historia. Thor Medina no llegó a Tucumán para probar suerte. Llegó para correr una carrera que sus nuevos propietarios habían señalado como uno de los grandes objetivos. El ejemplar fue adquirido con la intención de competir en las pruebas más importantes del interior del país y el “Batalla” fue, justamente, su primera gran presentación desde que cambió de manos.
“Este caballo fue comprado para correr las carreras más importantes del interior del país y la primera que corre desde que lo adquirieron sus nuevos dueños es el Batalla”, explicó Sergio Carezzana, que junto a su hijo Martín son los encargados de entrenarlo en Río Cuarto.
LA GACETA llevó la emoción del “Batalla” a la pantallaMartín Carezzana había advertido antes de la carrera que el desafío no sería sencillo. El “Batalla” podía tener un candidato de lujo, pero también tenía a los locales, acostumbrados a la pista y conocedores de cada uno de sus secretos. “No es fácil poder ganar un Batalla. Esta es una carrera difícil, donde los caballos locales siempre son los máximos candidatos. Gracias a Dios se nos dio”, expresó después del triunfo.
Días antes había sido todavía más claro: “El caballo está muy bien. Desde que está a nuestro cuidado se mostró en una muy buena forma. Es un ejemplar de mucha calidad”. Pero también había marcado el principal obstáculo: “El Batalla es una carrera durísima. Los locales son muy buenos caballos y cuentan con la ventaja de conocer muy bien la pista”.
La pista, esta vez, no pudo frenar a Thor Medina. Tampoco pudo hacerlo la jerarquía de los rivales. Allí estaban Suffok, ganador de la edición 2025; Dr. Legasov, vencedor en 2024; Endor Rye, con antecedentes de enorme nivel en Buenos Aires; y otros caballos que llegaban con aspiraciones concretas. El “Batalla” había reunido un lote de enorme calidad y, durante los días previos, había sido presentado como una de las ediciones más parejas de los últimos tiempos.
Valor especial
Thor Medina terminó transformando esa paridad previa en una victoria contundente. Para Sergio Carezzana la conquista tuvo un valor especial. “Es una de las carreras más importantes del interior del país. Veníamos buscando poder ganarla y no lo podíamos lograr. Gracias a Dios esta vez se nos dio. Thor Medina es un caballo muy bueno”, expresó.
La copa quedó entonces en manos de una delegación que llegó desde Río Cuarto, de los propietarios y de un equipo que había preparado al caballo para este momento. Freddy Torelli recibió el trofeo y compartió la celebración con Quinteros y los Carezzana.
Pero hubo alguien que se quedó con una imagen todavía más difícil de olvidar. Después del disco, Quinteros volvió a encontrarse con la multitud. Ya no estaba esperando la largada. Ahora era el ganador del “Batalla”. El caballo caminaba entre la gente y la celebración crecía alrededor suyo.
“Es una gran alegría poder ganar esta carrera tan importante”, dijo.
Y después volvió sobre aquella escena que había vivido antes de entrar a las gateras: “Recién cuando íbamos desfilando ahí con el caballo, se me caían las lágrimas, a ver todo el público gritando y la gente”.
La edición 71 del “Batalla” terminó con una imagen que parece hecha a medida para una carrera que busca trascender fronteras: un caballo que llegó desde afuera, con antecedentes de Grupo I y experiencia internacional; un jockey emocionado frente a una multitud; una marca récord para los 2.200 metros y un hipódromo convertido en una fiesta.
Thor Medina llegó a Tucumán con la obligación de demostrar por qué era uno de los grandes nombres de la carrera. Se fue convertido en el dueño de la historia.