Aunque estén en una sala, en sus shows se respira el aire fresco de la calle, el espacio iniciático donde hace dos décadas nació el Cirko Marisko. Ese territorio de la improvisación, el desafío constante y el juego con el público se desplegará esta noche a las 20, en el teatro Alberdi (Crisóstomo Álvarez y Jujuy), donde el dúo conformado por Lucas Crazy Waves y Martín Konga presentarán su espectáculo “Monoargentum”, con la risa como estandarte.

Su propuesta fue la ganadora del Premio Carlos 2026 a Mejor Espectáculo de Humor en la temporada de Carlos Paz por su originalidad y ritmo escénico sobre los gags físicos, la picardía y el absurdo, que los llevó fuera el país, con una destacada presencia en Chile, porque al momento de divertirse no existen fronteras.

“Cuando dimos el salto de la calle al teatro, fue algo totalmente novedoso, un cambio radical desde lo que al espacio escénico se refiere. Automáticamente encontramos muchos recursos que pudimos capitalizar como ganancia: puestas de luz, entradas y salidas del escenario, pantallas. Es todo ganancia, porque no perdimos la interacción con el público, el contacto directo, las situaciones de improvisación... todo lo tomamos y lo tratamos de llevar para nuestro lado”, anticipa Konga sobre lo que será su sho.

En su bagaje humorístico, se filtran referentes que siguen. Konga menciona a contemporáneos como Diego Capuzotto, el Alfredo Casero de Cha Cha Cha o Pachu Peña junto a Los Tres Chiflados o Pepe Biondi, con párrafo aparte para el tucumano Oficial Gordillo (conoció a Miguel Martín este verano), e internacionales como los británicos Monty Python y Benny Hill. Crazy Waves cita al propio Cirko Marisko en su anterior formación, ya que él se incorporó en 2003, pero lo disfrutaba de niño como público.

- ¿Cómo definirían su show?

- (Lucas Crazy Waves-LCW) Es una variedad de comedia urbana muy dinámica, con distintos recursos de humor absurdo, físico, doble sentido, con baile, stand-up y canciones.

- ¿De qué forma evolucionó el humor que despliegan desde que trabajan como dúo?

- (Martín Konga-MK) Va evolucionando todo el tiempo. Por ejemplo, cuando empezamos hace 20 años no había memes y hoy uno nos puede allanar el camino hacia alguna situación risueña. Y hay ciertas cosas que ahora no son humor, pero antes sí. En ese aspecto tenemos mucho cuidado, en nuestro show tratamos de concientizar respecto a cosas que no están bien. Vamos encontrando recursos que nos hacen generar diferentes situaciones sobre lo que acontece a nuestro alrededor.

- ¿Se ponen límites?

- (MK) Yo creo que nuestro humor no tiene límites, pero sí algunos requerimientos. Tenemos muy en claro que no podemos ser agresivos; a veces nos podemos dar una licencia de zarpados, pero luego de que la gente ya está en complicidad. Vamos preparando el camino, y el público nos va marcando por dónde ir. Te vas dando cuenta en las reacciones, hay que ser perceptivo para poder lograrlo.

- ¿De qué forma trabajan la sutileza del doble sentido?

- (LCW) Es un recurso más, pero no es la propuesta principal. Trabajamos por juxta posición: cuando un personaje es muy inocente, hace algo que lo baja al submundo. Lo que causa gracia no es tanto el gesto o la palabra, que puede ser burda, sino que no se espera que esa acción. Entonces, la sutileza la marcamos con la premisa. Tratamos de ser lo más absurdos posible para que lo que podamos llegar a decir con el doble sentido tenga un impacto, no por lo que decimos per se, sino porque no se espera que una persona, un personaje, tenga ese tipo de salidas.

- ¿Cuál es la exigencia especial de las rutinas de humor físico que desarrollan?

- (LCW) La exigencia especial es que quede claro el mensaje, que uno pueda interpretar físicamente lo que internamente cree que es gracioso. A veces uno ve lo que hace y no encaja perfectamente con la idea que tenía en la cabeza, por lo que tiene que ir corrigiendo ángulos, posiciones, posturas a lo largo de una repetición en los shows.

- ¿La complicidad del público es determinante para hacer reír?

- (MK) Decididamente sí. La encontrás cuando vas recibiendo la respuesta, cuando aprueba ciertas situaciones que se van dando, lo que te va generando confianza. Es una ida y vuelta que va retroalimentando todo.

- Fueron apadrinados por un maestro del arte callejero como Chacovacci. ¿Cuáles fueron sus consejos?

- (MK) Yo llegué al callejero por la música. Formé parte de una orquesta que hacía la música incidental del espectáculo del payaso Chacovacci. Él me dijo que tenía que ser el maestro de ceremonia y aprovechar la proyección de la voz, porque no había micrófonos, y que nos dejemos llevar mucho por la intuición. Nos dio técnicas para poder armar el ruedo, en qué momento empezar la función y después empezamos a descubrir por nosotros mismos esos códigos.

- La calle nos dio experiencia, el contacto con el público, el estar todo el tiempo expuestos, no hay backstage. Nosotros tenemos que esperar a la gente y no al revés, que la gente hace fila para ver al artista. Cambia la dinámica de cómo se presenta un espectáculo y nos curtió en el sentido de que mientras uno hace la función, las cosas siguen sucediendo alrededor. No se para el mundo como en un set de filmación o en un teatro. Y todos los artistas callejeros retoman el legado de quienes los precedieron.

- ¿Lo logrado en Carlos Paz impone un nivel a sostener?

- (MK) El premio recibido en nuestra primera temporada en sala es un reconocimiento consagratorio. No sé si se ha otorgado desde ese lado porque el jurado tuvo un trabajo difícil. Lo tomamos como un logro y como una especie de recompensa por el largo camino recorrido. Tenemos 20 años de calle, contra viento y marea, porque realmente es muy linda pero también tiene momentos agrios. Somos renuevos en un teatro, entonces nos pusieron en un brete, ahora hay que estar a la altura, ir renovándose y seguir creciendo.

- Estuvieron en Chile, Uruguay, Brasil, Costa Rica... ¿Modificaron algo de su humor o ya sienten que es internacional?

- (LCW) Modificamos algunas palabras clave para que se entiendan y para generar la complicidad. Hicimos un trabajo de investigación sobre qué queremos lograr con el público, hay un compromiso en ese sentido. Pero todo espectáculo callejero tiene las mismas etapas: la convocatoria, el hacer y el pasar la gorra. Es la misma estructura y eso es bastante internacional.