La nieve en El Infiernillo, los paisajes blancos en Raco y las postales invernales que aparecieron en distintos puntos de Tucumán fueron algunas de las imágenes que dejó una temporada marcada por cambios en las condiciones habituales del tiempo. Mientras septiembre avanza, esas modificaciones también pueden observarse en los árboles que cada año anuncian la llegada de la primavera con sus flores.

Los lapachos rosados, uno de los símbolos del paisaje tucumano durante esta época, este año no aparecen todos de la misma manera. Hay ejemplares completamente cubiertos de flores, pero también otros que todavía conservan hojas, tienen numerosos botones y muestran pocas flores abiertas.

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La explicación estaría en las condiciones que atravesaron durante el invierno. Mariana Rosa, profesora titular de la cátedra de Fisiología Vegetal de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e investigadora del Conicet en el Instituto de Biodiversidad, Fisiología y Farmacología (Imbiofiv), señaló que en este caso el problema no es necesariamente que las flores tengan menos color, sino que hay menos flores.

“Lo que estamos viendo es una floración que es en menor cantidad”, explicó.

Cambio de señal

Para entender qué ocurre hay que mirar hacia atrás, a los meses de invierno.

En Tucumán, los lapachos están adaptados a un período de sequía marcado.

Habitualmente, las lluvias comienzan a disminuir hacia mayo y se atraviesan varias semanas con muy poca precipitación. Esa condición funciona como una señal ambiental que ayuda al árbol a determinar cuándo debe florecer.

Este año ocurrió algo diferente. “El invierno ha sido atípicamente húmedo”, indicó Rosa. La sequía que habitualmente caracteriza a esta época fue menos marcada y, por lo tanto, también fue más débil una de las señales que desencadenan la floración masiva.

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El resultado puede verse en las calles ya que no todos los lapachos aparecen completamente desnudos y cubiertos de flores, como suele ocurrir durante el pico de la temporada. “Esa señal ha sido débil y eso ha provocado que la floración no sea masiva”, explicó la especialista.

En algunos ejemplares, incluso, las hojas nuevas comenzaron a aparecer mientras todavía quedaban flores y botones.

En los alrededores de la Facultad de Ciencias Naturales, por ejemplo, Rosa y sus colegas observaron árboles que aún no habían terminado de perder las hojas y que tenían muy pocas flores abiertas.

¿Qué pasa con El Niño?

Las condiciones de este año pueden ser apenas una muestra de lo que podría ocurrir si los cambios en los patrones de temperatura y precipitaciones se vuelven más frecuentes.

Rosa mencionó la posibilidad de que en los próximos meses se produzca un período con mayores lluvias asociado al fenómeno de El Niño. Un escenario de precipitaciones durante septiembre y octubre, combinado con temperaturas más elevadas, podría modificar todavía más las condiciones ambientales de la provincia.

“Esto puede tender más hacia una tropicalización de la zona”, dijo.

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La especialista, sin embargo, planteó una diferencia entre la flora nativa y los cultivos. Las especies nativas de Tucumán están adaptadas a períodos de calor y humedad y tienen capacidad para aclimatarse a variaciones que ocurren de un año a otro.

El problema podría aparecer si esas modificaciones se mantienen durante períodos prolongados. La alteración de los ciclos de floración no es un fenómeno exclusivo de Tucumán. La comunidad científica estudia desde hace años cómo el aumento de las temperaturas puede modificar los momentos en que las plantas florecen.

Rosa mencionó un trabajo reciente sobre bosques de la zona ecuatorial que registró un adelantamiento de entre 20 y 25 días en la floración de algunas especies.

El dato es importante porque las plantas no están solas en ese ciclo.

Los insectos y otros animales polinizadores también adaptaron sus ciclos a determinados momentos del año. “La época de la floración tiene que coincidir con la de mayor actividad de su polinizador y eso es lo que se está desfasando”, explicó Rosa.

En Tucumán, un invierno más húmedo, veranos más cálidos o períodos de frío fuera de época podrían generar situaciones similares. En el caso de los lapachos, además, una floración menor puede terminar repercutiendo en la cantidad de frutos.

“El frío que es inusual, porque ya estábamos en septiembre, seguramente va a producir una mayor caída de flores”, advirtió.