El estreno de “La Verbena de la Paloma” implica el regreso de la zarzuela al teatro San Martín luego de unas dos décadas. El paréntesis fue abierto y es cerrado por, justamente, el mismo título, en una puesta de los elencos estables de la Provincia como apuesta mayor de la edición 66 del Septiembre Musical organizado por el Ente Cultural de Tucumán.

Esta noche, a las 21, el escenario del coliseo de avenida Sarmiento 601 se llenará de ritmo español con la música de Tomás Bretón y el libreto de Ricardo de la Vega, estrenado en 1894 y rápidamente convertido en clásico universal. Se repondrá los próximos dos domingos y el miércoles y jueves de la próxima semana.

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“La última vez que se hizo una zarzuela coincidió con la inauguración del aire acondicionado del teatro. Ya era tiempo de volver a recorrer este género, que además es muy representativo en nuestra provincia porque tenemos una comunidad española muy grande. Es rememorar la música que nuestros padres o abuelos escuchaban desde que vinieron al país en el caso de los inmigrantes, o en la tradición familiar de mucha gente, que quedó instalada”, sostiene Jorge Bulacia Soler, quien asume la dirección general de la obra.

Participan la Orquesta Estable bajo su batuta; el Coro Estable dirigido por Silvio Seballos; el Ballet de la Sociedad Española que conduce Sandra Maldonado (titular del Ente Cultural); el Elenco de Variedades y el Elenco de Teatro de Adultos Mayores. Soledad Alastuey es la régisseur y la escenografía es de Sofía Seidán, con realización de María Lombana en una recreación de época sobre la historia de celos del joven Julián hacia la hermosa Susana. A partir de este conflicto, se despliega un universo de personajes populares y situaciones costumbristas, con todo el salero español.

Los principales personajes son interpretados en forma alternada según cada función por Ramón Poliche, Imanol López Argañaraz, Oscar Zamora, Luis Diez, Andrea Bulacio, Claudia Manrique, Mariana Pacios, Josefina Viejobueno, Agustín Estigarribia, Patricio Racedo, Constanza García, Sofía Ascárate, Paula Mercado, Sofía Singh y Manina Aguirre, entre otros.

“Un buen momento”

“Considerábamos que era un buen momento para volver a hacer una zarzuela y que merecía un espacio de importancia como apertura del Septiembre Musical. Es un marco ideal y realmente hermoso para darle a este sainete su lugar. Es una obra corta, pero tiene todo lo que tiene que tener desde lo musical, lo actoral, lo escenográfico y los condimentos que hacen que sea un título muy meritorio”, explica Bulacia para LA GACETA.

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- ¿Implica un reconocimiento a un género calificado de menor?

- Sí, pero no se lo considera menor en cuanto a su calidad y a su dificultad, sino a que era más popular que la ópera hace 100 años. De ahí es que viene el término de género menor; realmente, cuando uno se pone a estudiar la obra y a escuchar la música, se da cuenta de que tiene unas genialidades increíbles, unas dificultades tremendas, extremas para los cantantes, y en la cual la orquesta tiene cosas muy complejas. Es un gran desafío poder abordar e interpretar este tipo de obras exigentes y se dieron una combinación de factores para ponerlas en escena.

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- ¿Qué te atrae especialmente de “La Verbena...”?

- Tiene una magia muy particular en un juego cómico y, al mismo tiempo, de tensión en cuanto a lo escénico, lindo y gracioso por momentos, atractivo para todo el mundo. La música es preciosa, y la zarzuela ofició de nexo al estar en el medio entre lo que es considerado académico y lo popular estrictamente; tiene cosas de ambos lados y es lo más cercano a la representación de una ópera en nuestro idioma también.

- ¿En qué consistió tu trabajo?

- En integrar distintos grupos artísticos. No trabajo solo, sino que hemos hecho un excelente equipo con Soledad, la directora de escena, y nos hemos podido integrar realmente de manera extraordinaria. Todos los ensayos han sido muy placenteros; estamos trabajando en un ambiente súper amable, cómodo y tratamos de transmitir eso también hacia el público. Juntar a todos para un resultado final ha sido un proceso muy lindo que venimos trabajando hace un mes. Considero que el resultado es óptimo.

- ¿Mantiene vigencia la historia?

- Es absolutamente actual, ya que está en juego el amor pero también los celos. Son temas que no pasan de moda y que pueden entorpecer situaciones de la vida cotidiana y al amor mismo. Contamos con actores y cantantes espectaculares que manejan el humor de una manera extraordinaria y generan un clima que permitirá que el público se sienta en las calles de Madrid, con el elenco divirtiéndose y bailando en una fiesta patronal.

- ¿Cómo incide la extensión en la puesta?

- Está tan bien escrita que tiene un poder de síntesis plasmado ya originalmente; por supuesto que uno, en su interpretación, trata de exacerbar determinadas cosas y lograr que se transmita ese mensaje a aquellas personas que puedan disfrutar de nuestra apuesta. También considero que en los tiempos acelerados que corren, el periodo de atención de todos en general, nosotros como intérprete o como público, se va achicando. Plasmar una ópera de tres o cuatro horas se hace realmente cada vez más complejo y quizás hasta sea un poco menos atractivo para el público. No quiero decir que no se hagan óperas grandes, que son patrimonio mundial y hay que sostenerlas, pero sí hay que entusiasmar a la gente para que eso suceda. Eventualmente acercar este tipo de propuestas más reducidas en cuanto a tiempo es un aliciente y ayuda a la convocatoria de nuevos públicos. Debemos generar el ámbito para que la gente que no es propia del ambiente, sienta que es un lugar para irse acercando, consumiendo y adueñándose. Es una puerta de entrada en un largo camino de aprendizaje.

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- Encarar un proyecto grande tiene desafíos especiales.

- Estamos hablando de 150 personas aproximadamente. Cuando uno empieza a trabajar con tanta gente, el poder guiar desde la primera persona hasta la última para el mismo resultado es un desafío especial. Logramos hacer que todos puedan entender y aprehender la obra, quererla y amarla e interpretarla desde ahí. Los propios técnicos del teatro hicieron la escenografía llena de sutilezas y delicadezas, y montaron las luces y el sonido.

Mirada institucional: un evento para disfrutar

“Estamos muy contentos con este Septiembre Musical, que será mi primera experiencia como presidenta del Ente Cultural, pero en el cual participo desde hace años. Lo disfruto mucho, y ahora desde la preproducción y el armado de la programación. Vamos a tener más de 150 espectáculos con la participación de aproximadamente 8.000 artistas en teatros, museos, bares, centros culturales y librerías, tanto en la capital como en el interior, donde trabajaremos en 50 localidades con artistas locales y festivales organizadas por el Consejo Provincial de Cultura”, señala Sandra Maldonado.
La funcionaria destaca que en la grilla “habrá rock, folclore, música clásica, española, caribeña, de distintas colectividades, trap... se realizarán homenajes al Indio Solari y a Charly García con artistas nacionales y teatro musical tucumano”. “Para mí es relevante que todos los cuerpos estables estén presentes en la agenda; me llena de orgullo y de satisfacción ponerlos en valor para que se los vea y que desplieguen todo el arte que tienen porque son excelentes artistas, junto con los independientes, que también merecen tener las puertas abiertas”, agrega. Maldonado resalta el apoyo del gobierno provincial y del Consejo Federal de Inversiones, que permite que las entradas sean accesibles en los espectáculos pagos, y remarca la gran cantidad de eventos gratuitos que se van a realizar.

La grandeza de la obra: consideraciones de Soledad Alastuey

“La verdadera grandeza de ‘La Verbena de la Paloma’ es hacer parecer fácil lo que no lo es. Convierte una historia cotidiana en un retrato colectivo; una noche de fiesta, en un pequeño universo; y el humor, en una forma de observarnos. Más de un siglo después de su estreno, la verbena sigue abierta. Y sus personajes -con sus amores, celos, deseos, prejuicios y conflictos- todavía tienen algo que decirnos”, afirma la régisseur Soledad Alastuey.

“Es una obra breve, pero en su aparente sencillez contiene un mundo entero. Reúne en poco más de una hora música, teatro, humor, personajes, conflictos y el retrato vivo de una sociedad. Tomás Bretón y Ricardo de la Vega construyeron una historia que es mucho más una anécdota de un amor. Las calles de Madrid, sus personajes populares, sus códigos, sus excesos y sus contradicciones entran en escena y adquieren una enorme fuerza teatral. Los ritmos populares, los chotis, los pasodobles y los diferentes ambientes no funcionan solamente como acompañamiento, sino que ayudan a definir a los protagonistas y hacen avanzar la acción. En esa aparente ligereza hay una escritura musical de gran riqueza, capaz de dialogar con la tradición y, al mismo tiempo, anticipar formas que tendrán una enorme influencia en el teatro musical español”, concluye.