La semana pasada ocurrió algo inesperado. Meta, la empresa que desarrolla los entornos digitales a los que destinamos gran parte de nuestra atención como Instagram, Facebook o WhatsApp, llegó a un acuerdo histórico con casi 50 estados norteamericanos para resolver demandas colectivas sobre la adicción generada por sus plataformas. La empresa, que parecía más poderosa que los propios demandantes, aceptó modificar su diseño para los menores de 18 años y se comprometió a realizar una profunda reestructuración en sus plataformas y fortalecer sus medidas de protección.

El juicio iba a durar seis semanas y estaba prevista la declaración del propio Mark Zuckerberg. Además, en caso de perderlo, la empresa estaba expuesta a pagar hasta 1,4 billones de dólares. Pero sus directivos evitaron el escarnio, prefirieron aceptar las demandas y resolverlo de manera express. Solo llegó a declarar Adam Mosseri, el director de Instagram, quien defendió el historial de la empresa en materia de seguridad infantil y reconoció que “no existen soluciones mágicas” para problemas como la seguridad de los más jóvenes. Sincero a más no poder.

Meta limitará el ingreso de jóvenes a sus redes sociales Instagram y Facebook

Los cambios que hará la empresa en sus plataformas son importantes, aunque muchas de las soluciones ya estaban disponibles en el acceso de menores a sus redes sociales. Pero la empresa reconoció que sus restricciones y métodos de seguridad no eran suficientes. Y algo peor: un testigo clave, como Arturo Béjar, exdirector de ingeniería de Meta, señaló que Instagram priorizó sus ganancias sobre la seguridad de los chicos.

Ahora Meta se compromete a trabajar en puntos críticos que pretenden reducir el impacto de las redes en la salud mental y física de los más jóvenes. Como pilar fundamental de este acuerdo, la empresa aumentará la inversión en tecnologías de verificación de edad con el objetivo de identificar de forma precisa a los adolescentes que utilizan sus servicios. En lo que respecta a las limitaciones de uso del tiempo, las plataformas de Meta implementarán de forma automática un límite diario de dos horas para los adolescentes. Asimismo, el acuerdo estipula que las aplicaciones de los usuarios jóvenes tendrán restringido el acceso nocturno entre la medianoche y las seis de la mañana, y que todas las notificaciones se silenciarán durante el horario escolar obligatorio. Del mismo modo, para contrarrestar problemas de ansiedad e inseguridad corporal, Meta se compromete a desactivar el conteo de “me gusta” para los menores de edad y a prohibir el uso de filtros extremos o de aquellos que simulen cirugías estéticas en sus cámaras.

"Meta volvió adictos a los menores y se aprovechó de ellos", acusó una fiscal de California

En materia de seguridad y supervisión, el acuerdo obliga a implementar restricciones para evitar el contacto no deseado de desconocidos, prohibiendo que los adultos envíen mensajes directos a adolescentes que no estén conectados con ellos. Adicionalmente, se establecerán canales de denuncia de contenido peligroso con el compromiso de responder al 90% de los reportes en un plazo máximo de seis horas, mientras que las herramientas de supervisión parental serán reforzadas para que los tutores monitoreen el tiempo de uso, búsquedas y contactos de sus hijos.

Entre las condiciones que la compañía acordó para pagar los 17.000 millones de dólares a los estados demandantes, también existe un punto en el que Meta instó a sus competidores a compartir su perjuicio. Exige que otras plataformas como Snapchat, TikTok y YouTube implementen medidas similares para reducir la interacción con sus usuarios menores. El acuerdo deja expuestas a estas plataformas que también enfrentan litigios colectivos similares en tribunales de Estados Unidos y, en caso de avanzar el planteo de Meta, podría haber un cambio drástico en todo el ecosistema digital.

Las consecuencias del juicio además podrían escapar a los límites de Estados Unidos, ya que alienta a otros reguladores y organizaciones civiles a exigir reformas equivalentes adaptadas a sus propias legislaciones locales. En el caso de Reino Unido y Australia, muchas de las restricciones pactadas ya se lograron previamente mediante leyes nacionales, pero el gobierno británico, por ejemplo, podría apoyarse en este precedente para exigirle a Meta la imposición del límite predeterminado de dos horas de uso. De igual manera, la Comisión Europea impulsa una investigación propia, iniciada en 2024, contra las características de diseño adictivo de Meta, lo que podría forzar a la empresa a realizar cambios de algoritmo aún más profundos en territorio europeo.

El juicio, abrupto y breve como uno de los tantos videos que nos atrapan en las pantallas, pretendía marcar un hito en la manera en que interactuamos en las redes sociales. Si Meta perdía, iba a tener que cambiar su algoritmo de recomendación, y ese es el corazón de sus plataformas. Allí está la mecánica central con la que sus pantallas nos atrapan y donde realmente reside su modelo de negocio. Pero el acuerdo parece haber disuelto ese peligro para la compañía. Habrá modificaciones moderadas para el contenido que se expone a los más jóvenes, y todo dependerá de las regulaciones de cada territorio en el que se despliegan las redes de Meta. Su algoritmo no cambiará y sus finanzas no se verán afectadas como parecía al principio.

Las restricciones para menores son un avance para proteger su salud mental. Pero seamos realistas: su efectividad no dependerá de Meta, sino de un cambio cultural en el que los adultos nos comprometamos a estar más presentes en la vida digital de los más chicos, porque si algo demostró este juicio es que ninguna tecnología lo hará mejor que nosotros.