Llegan a un hotel para compartir un tiempo de intimidad y afecto, pero en vez de avanzar decididos quedan envueltos en sus inseguridades, entusiasmos, torpezas, fantasías y preguntas. Lo que iba a ser un momento privado entre dos personas adultas sin compromiso, devino en un repaso de sus vidas: .
Los románticos son Manina Aguirre y Mauro Yriñis, quienes junto a Ramiro Maturana protagonizan “El amor después de los 70”, la obra de Eduardo González Navarro adaptada y dirigida por Ricardo Salim que se repondrá hoy las 21.30 en la Sociedad Francesa (San Juan 751).
The Tramps invita a viajar de Nueva Orleans a Nueva York sin salir del Teatro Alberdi“Ella es viuda, él está divorciado. Se conocen, se gustan y acceden a estar juntos, algo tan simple como inquietante. Si al salir del teatro el público sonríe y se pregunta por qué seguimos creyendo que el deseo tiene edad, esta obra habrá cumplido su propósito”, augura Salim.
- ¿Esta obra desafía preconceptos sobre la vejez?
- ¡Así es! Hay quienes creen que el amor tiene fecha de vencimiento. Que el deseo pertenece exclusivamente a los jóvenes. Que después de los 70 solo quedan los recuerdos, los remedios y las recomendaciones del médico. En escena se plantea que el paso del tiempo cambia nuestros cuerpos, pero no elimina las ganas de enamorarse, de seducir, de hacer el ridículo por alguien o de descubrir que todavía quedan sorpresas por vivir.
- ¿El planteo permite repensar que hacer con 70 años?
- Es una invitación a reconocer que nunca dejamos de buscar al otro; mientras exista el deseo de compartir la vida, de tocar y ser tocados, de reír, de temer y de esperar, el amor seguirá siendo una posibilidad. Con ternura, ironía y humor, esta historia nos recuerda que el amor no consulta el DNI antes de llamar a la puerta. Y que, a veces, la verdadera juventud consiste en animarse a abrirla. La verdadera audacia no consiste en entrar a un hotel, sino en atreverse a creer que aún hay futuro.
Aguilares instituye el Día Municipal del Teatro- ¿Cada vez vivimos más tiempo, pero sabemos envejecer?
- Es difícil generalizar. Hay personas que envejecen muy bien y otras que no. Esto depende, entre otras cosas, de su actitud frente a la vida, de su temperamento y del entorno en el que viven.
- ¿Cómo te ves vos en el entorno que plantea González Navarro?
- Las pasiones son el motor de mi vida. La obsesión me empuja a no perder ni un minuto del tiempo que me queda por vivir. Es necesario realizar lo que nos apasiona y quedó pendiente por hacer. Es así que programo mi actividad futura, en forma tentativa, cada cinco años. Si se logra, programemos otros cinco, hasta que se apague la luz.
- Pasaste de los textos clásicos a uno contemporáneo, y de elencos numerosos, a un dúo escénico. ¿Por qué?
- Ese pase me llenó de energía. Quise realizar este montaje como muestra de afecto y reconocimiento a mis actores. Manina y Mauro fueron homenajeados por la filial local de la Asociación Argentina de Actores al bautizar a sus premios Artea con sus nombres el año pasado y este, y Maturana fue designado jurado en esta temporada. También es un sincero homenaje al queridísimo Nelson González, a quien tuve el placer de dirigir en numerosas oportunidades.
- Justamente, Nelson hizo la primera versión de esta obra. ¿Qué adaptaste para esta vez?
- Esta obra se hizo hace más de una década, con Nelson y Manina dirigidos por Manuel Maccarini. Se presentó más de 100 veces, con un éxito arrollador. Fue necesario cambiar el título original, que hablaba más de los 60, considerando el paso del tiempo. El trabajo tuvo en consideración la personalidad diferente de Mauro respecto de Nelson, y la madurez alcanzada por Manina luego de años de actuación. Ramiro aportó una enorme cuota de alegría y frescura a la puesta en escena. Incorporamos temas musicales que sirvieron como remansos a los conflictos planteados por estos dos personajes. Lo visual fue planteado con estridencias lumínicas y mucho color. Se buscó ofrecer al público un respiro de alegría y bienestar dentro de la cotidianeidad que nos toca vivir.
- Es una puesta de la Fundación Teatro Universitario, que pasó la mitad de los años que el título. ¿Cómo va madurando?
- Estamos en nuestro año 37. Cumple varios roles: es un increíble campo de aprendizaje y experimentación de géneros y de ámbitos teatrales, convencionales y clásicos. Es también un lugar de convivencia grupal formativa y creativa, con actores de diferentes edades, que fueron creciendo, y pasaron de ser niños y pueblo en “La Pasión de Tafí del Valle” y “La Batalla de Tucumán” a ser protagonistas de muchas obras. Eso nos mantiene jóvenes.
Teatro tucumano: una aparición divina falsa que genera un cambio profundo- Es tu tercer estreno de la temporada.
- Los proyectos se vuelven pertinentes cuando los mensajes que transmiten tienen actualidad. Puede ocurrir, que en un año surjan varias opciones. Esto nos exige armar una secuencia, y alternar comedia satírica, drama, comedia contemporánea o tragedia. Lo importante es tener una hipótesis sobre lo que el público desea ver. También es importante contar con actores adecuados para los roles. Ya estamos planeando un cuarto estreno. La felicidad es tener tiempo para el estudio y el montaje de cada obra. En estos tiempos difíciles, producir espectáculos es una tarea titánica, por lo que es importante crear una corriente de público que nos apoye.