En un contexto atravesado por debates sobre el presente y el futuro de la enseñanza, Graciela Krichesky subraya la transformación de la escuela secundaria y rebate los discursos que la presentan como una institución fracasada. De visita en Tucumán para capacitar a directores y supervisores, invitada por el Ministerio de Educación, la prestigiosa especialista destaca los avances ya iniciados, pero advierte sobre las resistencias, la desvalorización de la tarea docente y los cambios en los modos de aprender. También habló del impactante hecho registrado en la escuela Congreso, donde un estudiante disparó un arma en el aula.

- Tucumán volvió a ser escenario de un episodio de violencia escolar. ¿Qué se puede hacer frente a estos casos?

- La verdad es que no existe una receta mágica. Creo que son situaciones muy difíciles porque reflejan lo que está pasando por fuera de la escuela, no solamente dentro de ella. No hay una única forma posible, pero sí está la posibilidad del trabajo con la comunidad, con las familias, por medio del diálogo y de la conversación.

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- En este caso aparece la tenencia de un arma que estaba en la casa...

- Ahí hay un tema de familia, de poco cuidado. No puedo responsabilizar de esto a la escuela, cuya responsabilidad es estar alerta a cosas que pueden ocurrir y trabajar con la comunidad. Para mí ese vínculo entre familia y escuela es súper importante. En algunos casos funciona y en otros está un poco roto.

- Vino a Tucumán para capacitar directores y supervisores de escuelas secundarias. ¿Cuáles son los ejes que eligió?

- Hay una idea que ya se convirtió casi en un cliché y es que la escuela no cambia. Se la escucha a menudo en algunos medios de comunicación, a influencers o a cualquiera que tenga un micrófono al frente. Pero, desde mi perspectiva, trabajando con escuelas secundarias, con directores, con docentes y con supervisores de distintas partes del país, puedo afirmar que la escuela secundaria ha cambiado y mucho. Por ejemplo, en Tucumán hay un montón de nuevas normativas, reglamentaciones y programas que están llegando a las escuelas y que cambian su funcionamiento.

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- ¿Por ejemplo?

- En algunos programas los profesores ya no son considerados solamente como docentes por hora, sino que tienen un cargo. Este era un pedido de hace muchos años: que al docente no solamente se lo considere por las horas que está frente a la clase, sino también por el tiempo que le dedica a la planificación, a las reuniones, a las correcciones y a toda la otra tarea, tan importante como la de estar en el aula, y que muchas veces no se considera en sus honorarios.

- ¿Qué otras transformaciones observa?

- Las ligadas con la propuesta curricular. En algunos programas ya hay materias interdisciplinarias. La pregunta siempre es cómo hacer para que distintas disciplinas empiecen a interactuar y a proponer un trabajo conjunto. A los chicos se les pide que vinculen una cosa con otra, entonces, ¿cómo no hacerlo desde la propuesta de enseñanza? Si la currícula está muy categorizada resulta difícil. Además, si a los docentes se les paga por hora, ¿cómo hacés para juntar -por ejemplo- a uno de Historia, uno de Geografía y uno de Arte para que armen en conjunto un proyecto? Pero eso es lo ideal, porque así es como se aprende.

- ¿Y en cuanto a la incorporación de la tecnología?

- Hay todo un proyecto de escuelas rurales con TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) que lleva muchos años en Tucumán. El trabajo en red también es una cuestión bastante común en la provincia. Los directores arman redes que les permiten acompañarse, hacerse preguntas. Lo mismo sucede con los supervisores.

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- ¿Cómo es la experiencia de aprendizaje basada en proyectos?

- Es toda una línea que empezó en 2018 y terminó con 101 establecimientos que hoy tienen el sistema Planea. Es una modalidad diferente de enseñanza, en la que el docente ya no da la clásica clase expositiva, sino que trabaja a partir de proyectos. Los chicos deben pensar, colaborar, armar y presentar productos originales: podcasts, diseños, obras de arte. Hay todo un tema respecto de que la desmotivación aparece como el principal problema de la escuela secundaria. Si un docente se va a parar delante de los pibes para hablar durante 40 u 80 minutos, no va a lograr motivarlos. Pero si plantea un desafío que les interese, que implique aprender algo nuevo y que les guste, puede ser que lo logre. Por supuesto que todo esto genera cambios y también resistencias, porque a los docentes que están acostumbrados a las clases típicas, propias de su biografía escolar, les cuesta.

- ¿Esas resistencias figuran entre las trabas a superar para que la transformación avance? ¿Qué otras detecta?

- Parte de estas capacitaciones tienen que ver con una profesionalización, con una formación que realmente abra algunas puertas y brinde aprendizajes que quizás los docentes no recibieron en la institución formadora, ya sea en un profesorado o en la misma universidad. Y también hay que ver en qué medida se valora el ser docente hoy, preguntarse quiénes quieren acceder a un puesto docente donde se gana muy poco. Creo que una traba es, justamente, que esté mal valorado el trabajo docente. ¿Quién quiere ser docente hoy? Esa sería la pregunta. ¿Te gustaría que tu hijo fuera docente o te gustaría que siguiera otra carrera? ¿Por qué?

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- Pero la sociedad y los estudiantes cambiaron.

- Claro. Los pibes son distintos, la sociedad es distinta y los procesos de atención han disminuido. Esa es otra traba. ¿Cuánto tiempo puede atender un estudiante a un docente en el aula? Las mismas redes sociales generan toda una situación diferente, es muy difícil de lograr con el celular cerca.

- Y a eso se suma ahora la inteligencia artificial...

- Si llego a mi casa y le pido a la inteligencia artificial que haga una tarea, ¿qué aprende el estudiante? Nada. Hace poco se hizo una experiencia: una docente les pidió a los estudiantes de nivel universitario que dieran su opinión sobre algo que habían visto y les dijo: “no pueden usar IA”. Se quedaron en silencio total. No pudieron empezar a hacer nada. Y estamos hablando del nivel universitario. Entonces, ¿qué generaciones estamos formando?

- Al comienzo hablábamos de la violencia y de cómo a veces las familias “depositan” al chico en la escuela desligándose de él. ¿Qué hacer ante esta realidad?

- La escuela debe convocar a las familias, cuya composición también ha cambiado. Hay padres de niños pequeños que no pueden ponerles límites a sus hijos. Hablo de chicos de cuatro años que deciden lo que quieren hacer, lo que quieren comer, y los padres los obedecen. Entonces muchas veces se depositan en la escuela cuestiones que la sociedad debe resolver de alguna manera.

- ¿Qué le pasa cuando escucha opiniones, mensajes o sentencias que afirman que “la escuela ya no funciona” o que “la escuela ha fracasado”?

- Me parece que mucha gente habla sin saber, desde el cliché. No estoy para nada de acuerdo. Me generan bastante bronca esos discursos, que además son muy escuchados, por ejemplo cuando dicen que los chicos no deben seguir carreras universitarias, que con hacer unos cursitos ya van a ganar más plata. Hay toda una mirada que tiene que ver con tratarnos como mercadería, y me parece bastante perjudicial.

- ¿Cómo imagina la escuela dentro de 20 años?

- Me gustaría una escuela que genere en los pibes el deseo de estar, de participar, de aprender; con programas que los habiliten para la vida, para el trabajo, para la universidad, para vivir mejor. Creo que algunas escuelas están en ese camino. Cuando se hacen reuniones en las que los docentes comparten, se preguntan, leen nuevos materiales y reflexionan sobre la tarea de enseñar, me parece que hay un camino que ya está iniciado y hay que seguir profundizando. Y me parece que eso está muy ligado también a lo que dije antes: quiénes son los docentes, quiénes eligen ser docentes, cómo se forman y cómo ese docente es recompensado con un sueldo digno, lo que no siempre ocurre.

Perfil: la especialista

Graciela Krichesky es Doctora en Educación (Universidad de Sevilla) y Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación (UBA). Es investigadora y docente de posgrado en la Universidad Nacional de General Sarmiento y en la de José C. Paz. Es consultora educativa y capacitadora de equipos directivos. Dirigió escuelas secundarias.