Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística.
Durante años, el maquillaje prometió afinar, cubrir y transformar. Hoy la búsqueda parece ir en dirección contraria: piel que se vea como piel, menos producto y un rostro que transmita frescura. Del contour al protagonismo del rubor, algo cambió en nuestra manera de entender la belleza.
Hubo un momento en el que maquillarse significaba, en buena medida, corregir. Afinar la nariz, marcar pómulos, cubrir por completo la piel y borrar cualquier textura que pudiera asomarse debajo de la base. No alcanzaba con verse bien, el maquillaje tenía que notarse en cada facción que había sido trabajada.
Ahora la consigna es otra. En lugar de transformar el rostro, buscamos que parezca que pudimos dormir ocho horas, que la piel tenga luz, que las mejillas tengan algo de color y que el resultado se vea, paradójicamente, lo menos maquillado posible.
Pilar Seoane lo observa todos los días en quienes llegan a su silla. Para la maquilladora, uno de los grandes cambios de los últimos años está justamente en aquello que sus clientas le piden. Ellas ya no suelen mostrarle como referencia un rostro completamente producido, sino imágenes en las que casi cuesta detectar dónde empieza y termina el maquillaje.
“El maquillaje dejó de buscar cambiar las facciones y empezó a buscar que te veas más linda, descansada y saludable”, explica. La cobertura pesada, las sucesivas capas de producto y los acabados completamente mate fueron perdiendo terreno frente a fórmulas más livianas, tonos suaves y una piel en la que todavía pueden verse pecas, líneas o textura.
Del contour al rubor
Si hubo un producto que durante años funcionó como símbolo de una forma de maquillarse, ese fue el contour. Popularizado masivamente por celebrities como las Kardashians, su lógica era crear sombras donde no las había, afinar zonas y modificar visualmente las proporciones del rostro.
Pero el producto que ocupa hoy ese lugar juega con otra idea. “Pasamos de la era del contour a la era del blush”, resume Seoane. Según explica, el rubor concentra varias de las cosas que se buscan actualmente porque aporta frescura y color y, según dónde se coloque, también puede modificar sutilmente la percepción de las facciones.
Las redes sociales terminaron de amplificar el fenómeno. “Blush blindness”, “under eye blush” y “sunset blush” convirtieron a las mejillas en terreno para probar técnicas, intensidades y formas de aplicación.
Los nombres y las tendencias cambian con la velocidad de las redes, pero detrás de ellos aparece una búsqueda clara: que el maquillaje devuelva al rostro aquello que asociamos con estar descansados y saludables. Seoane lo resume con una imagen más efectiva que cualquier tendencia, “hoy queremos parecer que dormimos lo necesario, tomamos dos litros de agua y volvimos de vacaciones”.
Para conseguirlo, la atención se trasladó también hacia aquello que sucede antes del maquillaje. Una buena preparación con skincare, productos que aporten hidratación y luminosidad y una aplicación puntual suelen reemplazar las capas de cobertura. Rubores en crema o líquidos, skin tints, correctores utilizados solo donde hacen falta, bronzers suaves e iluminadores naturales aparecen entre los productos que mejor acompañan esa estética.
La piel volvió a entrar en escena
Si antes el objetivo podía ser construir una superficie completamente uniforme, hoy existe mayor disposición a dejar que la piel real participe del resultado.
Seoane relaciona ese fenómeno con el creciente consumo de contenido beauty y con el lugar central que ganó el skincare en las rutinas. Después de invertir tiempo y dinero en cuidar la piel, cubrirla por completo dejó de resultar tan atractivo.
Ese cambio también encontró sus referentes, según Seoane, Hailey Bieber, Sabrina Carpenter y Sofia Richie son algunas de las figuras que ayudaron a popularizar la frescura que hoy domina buena parte de la industria.
Y los lanzamientos empiezan a responder a esa forma de maquillarse. Entre los más recientes, aparece Cloudtopia, el nuevo cheek & lip en mousse de Maybelline New York para mejillas y labios. Con acabado matte difuminado y una fórmula construible, permite comenzar con una aplicación sutil e intensificar el color en capas.
En Argentina ya está disponible en seis tonos, desde rosas y corales hasta rojo y terracota. Según la marca, ofrece hasta 14 horas de duración y es resistente a la transferencia.
En Lifestyle los estuvimos probando y entendimos rápido de qué va la idea: menos precisión, más naturalidad. El color se funde con la piel hasta perder los bordes y deja ese efecto de mejillas naturalmente sonrojadas, como después del frío o de hacer ejercicio.
Entonces, ¿cómo se usa el rubor ahora?
No hay una única manera de llevarlo. Seoane explica que aplicarlo más alto puede estilizar visualmente el rostro, mientras que concentrarlo hacia el centro de las mejillas genera un efecto más juvenil. Las fórmulas líquidas y en crema suelen integrarse mejor y dejar un resultado fresco. Los polvos, en cambio, pueden ser una mejor alternativa cuando se busca mayor duración.
En cuanto a los tonos: “el mejor rubor es el que parece que viene de tu propia piel”. Rosas y duraznos suaves suelen funcionar en pieles claras; corales y rosas cálidos en tonos medios; y terracotas, ciruelas, berry o ladrillos en pieles más morenas.
Después de años en los que el maquillaje buscó modificar lo que veíamos frente al espejo, Seoane resume el cambio en una frase: “busca que te veas espectacular, no maquillada”.