Con frecuencia se escucha decir, en los medios de comunicación y en las redes sociales, que se ha vuelto algo urgente “hablar de salud mental”. Por lo general, luego de alguna noticia de violencia extrema vinculada a personas que, evidentemente, no estaban en sus cabales. Entonces empiezan las especulaciones y preguntas acerca de si esta tragedia no podría haberse evitado si la persona recibía un tratamiento psiquiátrico adecuado (es decir, medicación). O, incluso, si no hubiera sido conveniente que estuviera internada en alguna institución que la pusiera a salvo de estos peligros. Todas cuestiones sobre las que resulta un desafío llegar a acuerdos. Con respecto a este tema hay muchos debates... y tensiones.
Sexualmente hablando: ¿Nos gusta sufrir?Y no es para menos: si bien sería absurdo negar el aporte fundamental de los psicofármacos al alivio de los padecimientos mentales, también es cierto que, a lo largo de la historia, invocando la presencia de los más variados “trastornos”, se han cometido todo tipo de atropellos y de actos aberrantes.
En este sentido, por ejemplo, hasta hace poco más de un siglo, muchos hombres lograban controlar a sus esposas utilizando el encierro psiquiátrico (con la complicidad médica, claro) y patologizando conductas que no tenían nada de anormales, salvo que no encajaban con lo que se esperaba de una mujer. Además, en tiempos donde no había divorcio, esta maniobra era una forma efectiva de sacárselas de encima.
Sexualmente hablando: ¿Nos gusta sufrir?Prueba de ello es una sorprendente lista de “Razones para el ingreso (1864-1889)” del Trans-Allegheny Lunatic Asylum (el “Asilo de Lunáticos” ubicado al otro lado de los montes Allegheny), en la ciudad de Weston, estado de Virginia Occidental, Estados Unidos. Funcionó hasta 1994, aunque en 1913 cambió su nombre por Hospital Estatal de Weston (volviendo a su denominación original al ser reabierto como atracción turística).
En la lista figuran más de 80 motivos, muchos de ellos totalmente absurdos: “Golpe en la cabeza por un caballo”, “exceso de actividad mental”, “pereza”, “asma”, “entusiasmo religioso”, “viruela”. Por supuesto, “histeria”, lo mismo que “vida inmoral”, “aflicción doméstica” y “excitación por ejercer un cargo público”, ¿Algo más? “Lectura de novelas”, “matrimonio del hijo”, “egoísmo”, “codicia” o “celos”.
Sexualmente hablando: la ternura, el nuevo punkTambién podían encerrar a una persona por “masturbación” (ya fuera exacerbada o suprimida), por el “uso de medicamentos para prevenir la concepción”, “ninfomanía”, “adicción al opio”, “mal whisky”, “consumir rapé durante dos años” o tener “algo acumulado en la cabeza”. Otras causas: “intemperancia”, “problemas imaginarios”, “menopausia” o por el hecho de que sus “padres eran primos”. La reclusión podía deberse a los “malos tratos por parte del marido”, “la muerte de un hijo durante la guerra”, “superstición”, “exceso de estudio”, “tabaco”, “fiebre”... y varios disparates más.