La temperatura de los océanos puede ser el indicador de muchas de las catástrofes ulteriores en el planeta, y eso queda evidenciado en los eventos del pasado, al descubrir la base de la extinción masiva más devastadora de nuestra Tierra. Los científicos encontraron las razones por las que, hace 252 millones de años, la “Gran Mortandad” arrasó con más de la mitad de la población de seres vivos del planeta, cómo algunas especies lograron sobrevivir y confirmaron que las condiciones no difieren de las que podrían presentarse en la actualidad.

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Investigadores de la Universidad de Stanford pudieron acceder a la imagen más clara hasta la fecha de cómo algunas especies marinas lograron sobrevivir al período de transición Pérmico-Triásico, una etapa del planeta en que se produjo la mayor extinción masiva de la historia a la vez que consiguieron comprender cómo otras simplemente fueron aniquiladas durante esta etapa. Así resolvieron que los grupos dominantes no pudieron adaptarse a las nuevas condiciones más calientes del océano.

Los dos bandos del abismo marino

La aniquilación fue devastadora, dejando al planeta en un escenario casi de soledad. Hace 252 millones de años, el 96% de las especies y el 70% de los animales terrestres desaparecieron en el evento de extinción Pérmico-Triásico. Para definir por qué algunas especies habían superado esta etapa de adversidades extremas, los científicos trazaron dos grupos: la fauna paleozoica que era la dominante de los océanos primitivos e incluía braquiópodos, parecidos a las almejas, y con ciertos tipos de organismos que habitaban el fondo marino, como los lirios de mar (crinoideos); y la comunidad moderna que ahora es la que domina los mares de la Tierra, comprendida por moluscos, peces y equinodermos, como las estrellas de mar y los erizos, quienes sobrevivieron a este evento.

El nuevo estudio, publicado el 6 de julio en Proceedings of the National Academy of Sciences, incorpora por primera vez las respuestas biológicas de los grupos animales diezmados durante la extinción y de aquellos que sobrevivieron mejor. Los linajes más afectados fueron aquellos cuyos metabolismos toleraban peor las aguas cálidas y con bajo contenido de oxígeno. Estas condiciones prevalecieron en gran parte de los océanos del mundo durante la Gran Extinción, donde el calor se debía principalmente al aumento repentino de la actividad volcánica, lo que liberó cantidades descomunales de gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono y metano, a la atmósfera.

La ventaja de ser rápidos y hambrientos

El metabolismo, como explican desde la prestigiosa institución, se refiere a todos los procesos químicos que ocurren dentro del cuerpo de un organismo para obtener energía y mantener la vida. Durante el período Paleozoico, que terminó con la Gran Extinción, gran parte de la vida oceánica consistía en animales filtradores, bentónicos, en su mayoría inmóviles y de ritmo biológico lento, como los braquiópodos, los crinoideos (lirios de mar, emparentados con las estrellas de mar) y ciertos corales y anémonas marinas.

En cambio, los grupos de animales que sobrevivieron al Paleozoico presentan mayor movilidad y un comportamiento depredador, lo que requiere metabolismos más rápidos. Entre estas criaturas marinas más modernas se incluyen peces —obviamente, rápidos y frecuentes—, así como caracoles, erizos de mar y bivalvos, como almejas, ostras y mejillones, que son lentos pero móviles. En comparación con los braquiópodos, los bivalvos tienen metabolismos mucho más rápidos y mayores necesidades energéticas, ya que suelen tener cuerpos más robustos y extensiones musculares en forma de pie para excavar y arrastrarse. “Por eso comemos sopa de almejas y no sopa de braquiópodos”, explicó Sperling. “Los braquiópodos casi no tienen carne”.

Un espejo del pasado en nuestro presente

“Con este estudio, básicamente queríamos resolver el misterio de por qué, cuando uno va a la playa, recoge las conchas de almejas y caracoles en lugar de las de braquiópodos”, dijo el autor principal del estudio, José Andrés Márquez, ex estudiante de doctorado en el laboratorio de Erik Anders Sperling en Stanford. “Nuestros hallazgos muestran que, en diferentes grupos de organismos, las extinciones ocurrieron a tasas mucho más altas para aquellos más vulnerables a los aumentos de la temperatura del agua y a la disminución de la disponibilidad de oxígeno”.

Así fue que los científicos compararon un panorama que se repite en la actualidad, pero que no está causado por la actividad volcánica sino por las emisiones de gases que poco a poco calientan más al planeta. “La mayor extinción masiva de todos los tiempos comenzó en un mundo muy similar al actual, con un océano relativamente frío y bien oxigenado, y luego se produjo una enorme inyección de dióxido de carbono en el sistema terrestre. Comprender cómo respondieron la Tierra y su biota en aquel entonces podría darnos pistas sobre lo que está por venir”, afirmó Sperling, autor principal del estudio y profesor asociado de ciencias de la Tierra y planetarias en la Escuela de Sostenibilidad Doerr de Stanford.

El peor escenario para el año 2100

Los investigadores destacan que la historia bien podría repetirse, ya que las condiciones cambiantes de los océanos amenazan a las especies modernas que son vulnerables a las aguas más cálidas y con menor contenido de oxígeno.

“La mala noticia es que, según las proyecciones del peor escenario, nos dirigimos hacia niveles de calentamiento similares a los del Pérmico-Triásico”, afirmó Sperling. Las temperaturas aumentaron entre 8 y 12 °C a lo largo de miles de años, provocando la Gran Extinción, y hoy, en tan solo 100 o 200 años, se prevé que para el año 2100 las temperaturas sean entre 1,5 y 4 °C más cálidas que en la época preindustrial. “Pero la buena noticia es que aún podemos cambiar las cosas y tomar medidas al respecto”.