Tucumán siempre estuvo en la vida de Pedro Ignacio Calderón, el prestigioso director de música clásica que falleció el lunes a los 92 años. Su presencia fue habitual en la provincia, como responsable de las orquestas Sinfónica de la Universidad Nacional de Tucumán o Estable del Ente Cultural, para conducir sendas formaciones en piezas clave de la historia de la música clásica mundial desde una mirada de exigencia y excelencia que marcó su extensa y destacada carrera.

El director había nacido en Paraná, Entre Ríos, el 13 de diciembre de 1933. A los siete años comenzó en la música y con sólo 13 años entró en el Conservatorio Nacional Superior de Música (fue discípulo de Alberto Ginastera, para luego convertirse en uno de los principales intérpretes de su obra).

La Orquesta Sinfónica de la UNT aborda el Romanticismo europeo del siglo XIX

Apenas dos años más tarde debutó con la Orquesta Sinfónica de su provincia y una década después ya se afincó en Tucumán, convocado por la UNT. En 1960, recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes para estudiar durante un año en el Conservatorio Santa Cecilia en Roma, Italia; y en 1963 obtuvo una beca para trabajar con Leonard Bernstein en la Filarmónica de Nueva York. A su regreso, se convirtió en visitante asiduo de la provincia, mientras se desempeñaba como director en muchos otros lugares del país y del exterior. Su batuta también estuvo al frente de la Filarmónica de Buenos Aires, la del teatro Colón por 25 años y la Orquesta Sinfónica Nacional Argentina durante más de dos décadas para, luego de su retiro, ser su director emérito. Fundó el Ensemble Musical de Buenos Aires, desde donde incursionó en el rock, el tango y la música popular, junto a la composición de bandas sonoras de películas.

Un solista de violín y piano con la Orquesta Sinfónica

Ganó el premio Konex de Platino en 1999 y obtuvo un diploma de esa institución en 1989, en la cual se desempeñó como jurado en música clásica para la edición de 2009. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Evocación

“Un director lidera un grupo de seres humanos que, mediante la eficaz utilización de sus instrumentos, deben lograr un objetivo común y adaptarse a la personalidad y al carácter que le imprime a la música. Una orquesta es un conjunto de sentimientos y pensamientos orientados hacia el mismo punto”, dijo Calderón, según la evocación de la Secretaría de Cultura de la Nación al despedirlo. Su titular, Leonardo Cifelli, elogió “su talento, rigor artístico y compromiso con la excelencia, que dejaron una huella imborrable en generaciones de músicos y en las principales instituciones sinfónicas del país”. En tanto, el Instituto Nacional de Música reconoció “su gran aporte a la cultura y la música argentina”.