Los celulares son los nuevos responsables de la fatiga mental. Antes de la era de la hiperconectividad generada por los avances tecnológicos y la aparición de la redes sociales, el cansancio mental era generado por situaciones cotidianas. A lidiar con un embotellamiento, una discusión en el trabajo se le suma una fatiga causada por el uso excesivo de pantallas.

“Brain rot” es la expresión que conjugaron los investigadores para describir el estado que implica la dificultad para concentrarse y la pérdida de interés en actividades que requieren atención sostenida. Los especialistas en salud mental lo posicionan como un fenómeno que aparece después de largas horas de scroll (bajar y subir para ver el contenido de una pantalla).

Al excederse en la acción afecta porque el cerebro recibe estímulos constantes, pero superficiales. La acción de deslizar el contenido de una pantalla hacia arriba, abajo o hacia los lados para visualizar información que no cabe en el área visible implica un esfuerzo atípico.

Más allá de lo natural
Hay una sobrecarga sensorial porque se recibe más información de la que podemos procesar. El resultado no es estar más informados, sino estar más aturdidos. De esa manera se produce un desequilibrio de propósitos si se considera que los dispositivos móviles nacieron para conectarnos y facilitarnos la vida (propósito positivo), pero hoy parecen diseñados para generar sensaciones negativas.

Hay un acceso infinito al conocimiento, herramientas de productividad y comunicación global, pero los algoritmos son los que priorizan los contenidos. No es el aparato el problema: quién debe hacer el esfuerzo para equilibrar la balanza, es el usuario. Al acostumbrarnos a estímulos de 15 segundos, el cerebro pierde la capacidad de concentrarse en tareas profundas (leer un libro, estudiar o mantener una charla larga).