Mientras el pitazo final del árbitro desataba el desahogo y la euforia en cada rincón de la Argentina, a más de 17.000 kilómetros de distancia se replicaba una postal que ya se convirtió en una de las tradiciones más hermosas y llamativas de cada cita mundialista. En Bangladesh, una verdadera multitud salió a las calles para festejar la agónica victoria de la Selección frente a Egipto, viviendo la clasificación a los cuartos de final con la misma intensidad que si estuvieran en el Obelisco.
El frenesí se apoderó por completo de las principales avenidas, plazas y comercios de las ciudades bangladesíes. Equipados con camisetas oficiales de la Selección, réplicas, banderas gigantescas y cotillón albiceleste, los hinchas locales siguieron el minuto a minuto del dramático partido y gritaron el frentazo definitivo de Enzo Fernández como un logro propio. Las imágenes y videos que rápidamente se volvieron virales en las redes sociales volvieron a impactar al mundo por la magnitud de un sentimiento futbolero que rompe con cualquier tipo de barrera geográfica o idiomática.
“Si tantas ganas tienen de que Messi sea campeón, ¿para qué llaman a todos a participar?”: la explosiva denuncia del DT de EgiptoEn la actualidad, cada presentación del combinado nacional paraliza por completo la rutina del país asiático. Familias enteras, grupos de estudiantes, vecinos y amigos se aglutinan frente a pantallas gigantes montadas en espacios públicos para sufrir y alentar. Cuando el resultado acompaña, las calles se transforman de inmediato en un carnaval de bocinazos, cantos y fuegos artificiales que nada tiene que envidiarle a las celebraciones de Buenos Aires, Rosario o Tucumán.
La tremenda ebullición tras dejar en el camino a los Faraones volvió a ratificar que esta conexión mística ya trascendió lo deportivo. Bangladesh se consolidó como la sucursal más fervorosa, apasionada e inesperada que tiene la hinchada argentina en todo el planeta.