Aunque apenas pesa un kilo, el visón americano es una de las plagas más dañinas de la Patagonia. Desde su introducción en la década del 30, esta especie invasora derivó en severos efectos negativos para la fauna nativa, convirtiéndose en una problemática incontrolable en el sur del país.
Se esperan nevadas intensas y viento extremo: la alerta que preocupa en la PatagoniaPara aquellos años, contar con un saco de piel era un símbolo de estatus y sofisticación. La industria peletera se instaló en la Argentina y, desde Estados Unidos, este mamífero se convirtió en la principal materia prima. Sin embargo, el fenómeno excedió la planificación comercial: los escapes accidentales y la posterior liberación masiva tras el progresivo cierre de los criaderos —proceso que comenzó décadas antes y se consolidó en los años 70— iniciaron una alteración radical del medioambiente, donde estos animales se reprodujeron velozmente y generaron grandes focos de invasión.
Una amenaza directa para las aves autóctonas
Como explicaron desde la Asociación Ornitológica del Plata (también llamada Aves Argentinas), este carnívoro no cuenta con depredadores naturales en toda la región, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego. Esta situación de ventaja biológica lo transformó en un peligro crítico para una gran variedad de aves endémicas, tales como el macá tobiano, el pato de las torrentes, la gallineta chica y el cauquén real.
Por su parte, el visón es un mustélido oportunista y el único predador que llega a ambientes acuáticos, donde habitan poblaciones de aves en serio peligro de extinción. Asimismo, este vector actúa como un dispersor de enfermedades como la toxoplasmosis y la leptospirosis, tanto en el entorno doméstico (al entrar en contacto con perros y gatos) como en el mundo silvestre.
Los esfuerzos infructuosos
En el plano ecológico, se posicionó como un "competidor indirecto" de la fauna autóctona, ya que transmite patógenos principalmente al huillín (Lontra provocax), un integrante del ecosistema en estado crítico, pero también al hurón menor (Galictis cuja) y al hurón patagónico (Lyncodon patagonicus).
Los expertos advirtieron que, a día de hoy, es prácticamente imposible cuantificar la población real que habita en las zonas boscosas y fluviales. Por ahora, con un resultado predominantemente adverso, las autoridades provinciales y de parques nacionales están haciendo lo imposible para mitigar el avance del visón a través de trampas especiales diseñadas para su captura viva o letal, buscando frenar un desequilibrio ambiental que amenaza con ser irreversible.