La región de Medio Oriente se asoma nuevamente al abismo de una guerra regional. Hoy, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ejecutaron ataques de precisión contra objetivos militares en el centro y oeste de Irán, en represalia por las oleadas de misiles balísticos disparadas horas antes desde Teherán.

Aunque las autoridades israelíes mantuvieron hermetismo sobre el alcance exacto de los daños, la agencia estatal iraní Fars confirmó explosiones en puntos estratégicos como Isfahán y Tabriz. Por su parte, el sistema de defensa israelí reportó haber interceptado la totalidad de los proyectiles iraníes, y evitó impactos en zonas pobladas.

Esta nueva fase de hostilidades se originó tras un bombardeo israelí en los suburbios de Beirut, dirigido contra un bastión de Hezbollah, que dejó un saldo de dos muertos y veinte heridos. Irán, que considera al Líbano bajo el paraguas del alto el fuego firmado el 8 de abril, respondió de inmediato, cumpliendo sus advertencias previas.

Yemen y la diplomacia de Trump

La crisis se agravó con el lanzamiento de un misil desde Yemen que activó las alarmas en Tel Aviv y Jerusalén poco después del ataque a Irán. Aunque fue neutralizado, el incidente subraya la coordinación de los aliados de Teherán.

Ante el riesgo de un colapso total de la diplomacia, el presidente estadounidense Donald Trump anunció una intervención personal. "Llamaré a Netanyahu ahora mismo para pedirle que no contraataque. Ambos bandos ya han mostrado su fuerza; no necesitamos más bombardeos", declaró al buscar frenar una espiral de violencia que amenaza con desestabilizar la economía y la seguridad global.