La búsqueda de una fotografía astronómica excepcional llevó a la astrofotógrafa Angel Fux a enfrentarse a condiciones extremas en los Alpes. Tras meses de preparación y una exigente expedición a más de 4.000 metros de altura, consiguió registrar un fenómeno poco frecuente relacionado con la Vía Láctea que posteriormente fue reconocido por la NASA.

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La imagen fue obtenida en el macizo del Dent d’Hérens, una montaña ubicada en la región alpina, donde la profesional soportó temperaturas de hasta -28°C y fuertes ráfagas de viento para capturar un espectáculo celeste que solo puede observarse durante unos pocos días al año.

Buscaba fotografiar la Vía Láctea y terminó registrando un raro fenómeno del espacio

Una expedición de seis meses para fotografiar la Vía Láctea

El proyecto comenzó a tomar forma varios meses antes de la ascensión. Para concretarlo, Fux trabajó junto al guía de montaña Richard Lehner en la planificación de una operación que combinó técnicas de alpinismo con fotografía astronómica nocturna.

La expedición tuvo como destino la cumbre del Dent d’Hérens, una montaña situada detrás del emblemático Cervino. Debido a las condiciones del terreno, el equipo debió desplazarse permanentemente con cuerdas y sistemas de seguridad para minimizar los riesgos asociados a las cornisas de hielo y las pendientes nevadas.

Durante las jornadas previas, la fotógrafa realizó tareas de aclimatación y entrenó el manejo de su cámara utilizando guantes, una práctica fundamental para evitar lesiones por congelamiento y garantizar el funcionamiento del equipo en temperaturas extremas.

El inesperado fenómeno que transformó una imagen en un hallazgo astronómico

La noche elegida para la captura estuvo dividida en dos etapas. En las primeras horas se registró el denominado arco invernal de la Vía Láctea, una región donde la concentración de estrellas visibles es menor.

Más tarde, durante la madrugada, comenzó la segunda fase de observación con la aparición del arco estival, caracterizado por la presencia del brillante núcleo galáctico.

Sin embargo, el resultado final superó las expectativas iniciales. Gracias a la escasa contaminación lumínica proveniente del lado italiano de la montaña, Fux detectó un fenómeno conocido como "Gegenschein", un tenue resplandor generado por la reflexión de la luz solar sobre partículas de polvo presentes en el sistema solar.

La aparición de este brillo difuso permitió registrar una configuración poco habitual compuesta por tres arcos luminosos sobre el horizonte alpino, una característica que convirtió la fotografía en una imagen excepcional.

El reconocimiento de la NASA

Una vez finalizada la expedición, la fotógrafa dedicó alrededor de 40 horas al procesamiento técnico del material obtenido. Gran parte de ese tiempo estuvo destinado al trabajo con códigos y herramientas informáticas necesarias para reconstruir y optimizar los datos capturados durante la noche.

El resultado llamó la atención de la comunidad astronómica internacional por la complejidad de la toma y la rareza del fenómeno registrado.

La calidad técnica de la imagen y las condiciones extremas en las que fue obtenida llevaron a que la NASA la incluyera en abril de 2026 dentro de su reconocida selección de fotografías astronómicas, un espacio reservado para algunas de las imágenes más destacadas del universo captadas desde distintos puntos del planeta.