A primera vista parece una contradicción. En una provincia donde miles de personas buscan un segundo ingreso y trabajan más horas que nunca, cabría esperar mayores niveles de producción, mejores salarios y una economía más dinámica. Sin embargo, el resultado puede ser exactamente el contrario.

Para el economista Fernando Marengo, el crecimiento del pluriempleo no solo refleja dificultades para llegar a fin de mes. También expone un problema que impacta sobre la productividad de las empresas y sobre las posibilidades de crecimiento económico.

La lógica parece sencilla. Cuando una persona termina una jornada laboral y comienza otra, el desgaste físico y mental termina acumulándose. Y ese cansancio tiene consecuencias.

“Seguramente afecta y genera problemas de eficiencia en todos los índices”, afirma Marengo al ser consultado sobre el impacto de las dobles jornadas laborales.

El fenómeno no se limita únicamente al trabajador. Según el economista, se trata de un círculo que termina alcanzando a todo el entorno familiar. “Hay un círculo vicioso que involucra al trabajador, pero también al chico que va al colegio, duerme mal y se alimenta mal”, explica.

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La observación introduce una dimensión menos visible del pluriempleo. Habitualmente la discusión gira alrededor de los ingresos, pero rara vez se analiza qué ocurre con la calidad del descanso, la concentración o el rendimiento cuando una persona necesita multiplicar sus horas de trabajo para sostener sus gastos.

El problema adquiere relevancia porque la productividad es una de las variables centrales para explicar el crecimiento económico y la evolución de los salarios en el largo plazo.

Si una empresa cuenta con trabajadores agotados, con menor capacidad de concentración o menor rendimiento, también enfrenta dificultades para mejorar sus niveles de eficiencia.

Por eso, según Marengo, el desafío no recae únicamente sobre los trabajadores.

“Cada empresa tendrá que hacer una evaluación de cuál es el costo que tiene esa pérdida de productividad. Si siente efectivamente ese impacto, por ahí le convendría pagar mayores salarios con tal de que la persona llegue más descansada a su posición de trabajo”, sostiene.

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La reflexión abre una discusión más amplia sobre la capacidad de las empresas para mejorar las remuneraciones y sobre las condiciones que necesita una economía para crecer de manera sostenida.

Para Marengo, la respuesta no pasa por medidas aisladas ni por incrementos salariales que no estén respaldados por una mejora real en la generación de riqueza.

El economista pone la lupa sobre la estructura de costos que enfrentan las empresas y sobre el peso que tienen los distintos niveles del Estado sobre la actividad privada.

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“Siempre miramos al Gobierno nacional, pero yo muchas veces le digo a los empresarios que al gobernador lo tienen más cerca, y al intendente aún mucho más cerca”, afirma.

Según explica, impuestos como Ingresos Brutos o determinadas tasas municipales terminan reduciendo la rentabilidad de las empresas y achicando el margen disponible para invertir, contratar personal o mejorar salarios.

“Cuando el Estado se lleva una parte de eso, hay menos para repartir entre el inversor y el asalariado”, resume.

La discusión conduce finalmente a una pregunta de fondo: cómo recuperar salarios reales de manera sostenida.

Para Marengo, la respuesta no está en soluciones rápidas sino en la capacidad de generar crecimiento durante largos períodos. “¿Se puede recuperar el salario real? Definitivamente sí”, sostiene.

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Sin embargo, advierte que el desafío requiere algo que Argentina no consigue desde hace décadas. “La única respuesta es crecer de manera sostenida durante 10, 15 o 20 años”, afirma.

Por eso, detrás del cansancio cotidiano de quienes suman trabajos para llegar a fin de mes aparece una discusión mucho más amplia. No se trata solamente de cuánto trabaja una persona, sino de cuánto valor es capaz de generar una economía.

Y mientras ese problema siga sin resolverse, el riesgo es que cada vez más argentinos trabajen más horas sin lograr una mejora equivalente en su calidad de vida.