NUEVA YORK, Estados Unidos.- Donald Trump llegó a Pekín junto a un grupo de directivos de grandes empresas con el objetivo de pedir a su homólogo Xi Jinping que “abra” el mercado chino a los negocios estadounidenses, en su primera cumbre bilateral desde 2017. Al bajar del Air Force One, el republicano levantó el puño en señal de victoria. En la pista lo recibieron con flores, una alfombra roja y 300 jóvenes con uniformes blancos gritando “welcome” (bienvenido).

Detrás suyo iban los directores ejecutivos de Tesla, Elon Musk, y de Nvidia, Jensen Huang, símbolos de los acuerdos de negocios que Trump quiere firmar.

Hoy, Trump será recibido por Xi en el Gran Palacio del Pueblo, en la plaza Tiananmén, el corazón del poder político de la capital. “Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria talla, que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan desplegar todo su talento y ayudar a llevar a la República Popular a un nivel aún más alto”, escribió Trump en su red social Truth Social.

“China da la bienvenida al presidente Trump en su visita de Estado a China”, declaró por su parte un portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, asegurando que Pekín está dispuesto a colaborar con Estados Unidos “para ampliar la cooperación y gestionar las diferencias”.

Cumbre de alto voltaje en Beijing: Trump y Xi buscan un equilibrio entre la guerra en Irán y la tregua comercial

Es la primera visita de un presidente estadounidense a China desde la que realizara el propio Trump en noviembre de 2017, durante su primer mandato. Ambos líderes pasarán mucho tiempo juntos en un programa que incluye recepciones, banquetes, almuerzos y reuniones bilaterales.

Una cuestión sobre la mesa será prorrogar la tregua alcanzada en octubre en la guerra de los aranceles. Pero los desacuerdos son muchos, incluyendo las tierras raras, los semiconductores, la propiedad intelectual y la cuestión de Taiwán.

“Larga conversación” sobre Irán

La guerra con Irán, desatada el 28 de febrero por el ataque conjunto al país de Israel y Estados Unidos, ha sacudido la economía mundial y el mercado energético en particular. Según la administración estadounidense, Trump quiere presionar a Pekín, un socio estratégico y económico clave de los iraníes, para que utilice su influencia y contribuya a una salida de la crisis en el Golfo.

El presidente estadounidense ya ha intentado poner fin a las compras de petróleo iraní por parte de China con sanciones. La maniobra, condenada por Pekín, no ha provocado una crisis diplomática abierta.

Caída de la popularidad del mandatario: Trump viaja a China con necesidad de victorias

“Vamos a tener una larga conversación” sobre Irán, dijo a periodistas en la Casa Blanca. Poco después sin embargo añadió que “no necesita ayuda con Irán”.

Según Trump, China, principal importador de petróleo iraní, no ha causado “problemas” desde que Estados Unidos impuso a mitad de abril el bloqueo de los puertos iraníes. “Nos llevamos bien” con Xi, dijo. “Creo que verá que van a pasar cosas buenas”.

Un día antes, el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, instó a Pakistán a intensificar el esfuerzo de mediación entre Teherán y Washington, según la agencia Xinhua.

Estados Unidos y China mantienen desde hace años una feroz competencia en los ámbitos estratégico, tecnológico y económico.

“La cumbre parecerá cortés en la superficie, pero en el plano táctico será un partido de rugby en el que cada parte querrá tomar ventaja”, apunta Melanie Hart, experta en China del Atlantic Council.

En 2025, tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, las dos potencias libraron una encarnizada guerra comercial con repercusiones globales, aplicándose mutuamente aranceles exorbitantes y múltiples restricciones.

Guerra en Medio Oriente: el alto el fuego, en estado crítico, admite Trump

En paralelo, el secretario del Tesoro Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, se reunieron en Corea del Sur para mantener “consultas económicas y comerciales”, indicaron medios chinos.

Ambas partes mantuvieron “un intercambio franco, profundo y constructivo sobre la resolución de cuestiones económicas y comerciales de interés mutuo y la ampliación de la cooperación práctica”, señaló Xinhua.

Tierras raras y dependencia

Estados Unidos busca acelerar el desarrollo de una cadena de suministro de tierras raras, metales usados para la fabricación de misiles como los utilizados contra Irán o en los teléfonos inteligentes, en un intento por reducir su dependencia de China.

Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos difíciles de extraer y clave para la tecnología moderna. Solo se necesitan unos pocos gramos para un televisor o un ordenador portátil, pero varios cientos para un misil Tomahawk o Patriot.

“El conflicto en Oriente Medio pone de manifiesto qué minerales son esenciales” para las operaciones militares “y posibles puntos de ruptura de la cadena de suministro”, observó Manhaz Khan, vicepresidente de un centro de estudios con sede en Washington.

El centro de reflexión CSIS advirtió en abril que el arsenal estadounidense “empezará a recuperarse, pero restaurar las reservas agotadas y luego alcanzar los niveles de inventario deseados llevará muchos años”.

Las tierras raras más utilizadas son el neodimio y el praseodimio. Sirven para fabricar los llamados imanes permanentes, 10 veces más potentes que los imanes clásicos, utilizados en vehículos eléctricos, aerogeneradores y teléfonos inteligentes. El samario se usa en imanes muy apreciados por la industria de defensa.

Trump, que regresó al poder el año pasado, está decidido a garantizar la soberanía de Estados Unidos en este ámbito.

Hasta 2025, solo existía una mina importante en el país, el yacimiento de Mountain Pass (California), explotado por MP Materials. La minera Ramaco Resources abrió en julio la Brook Mine (Wyoming) y otros proyectos están en gestación en Montana, Wyoming y Nebraska.

Estados Unidos también apuesta por el reciclaje de estos elementos, a través de los recién llegados REEcycle o Phoenix Tailings, pero también de MP Materials. Además, el gobierno estadounidense busca fuera de sus fronteras y acaba de facilitar la adquisición del productor brasileño Serra Verde por la start-up USA Rare Earth, en la que tomó una participación del 10% en enero.