Darío Pérez desde agosto del año pasado está cumpliendo la condena a perpetua que le dictaron por el crimen del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz. El ex policía no se presentó a la audiencia en la que debía escuchar la sentencia que lo condenaba. Sí lo hizo en el primer juicio, pero como el fallo no había quedado firme, recuperó la libertad. El condenado, según la información que manejaban los investigadores, habría permanecido primero en Paraguay y luego en Bolivia. Pérez tenía fama de ser una persona pesada, muy inteligente y extremadamente cuidadosa. Por esa razón, durante mucho tiempo se sospechó que podría haber trabajado como guardaespaldas o incluso para organizaciones narcocriminales.

Su vida en la clandestinidad llegó a su fin en julio pasado. Por pedido del fiscal Gerardo Salas, personal del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales se presentó en su vivienda de Lules para buscar evidencias que permitieran localizarlo. Allí descubrieron que efectivamente se encontraba en el domicilio. Intentó escapar por el fondo de la propiedad, pero terminó siendo capturado.

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Defensa

En la audiencia, el condenado aseguró: “Soy totalmente inocente de aquello por lo que me condenaron. Con el diario del lunes me doy cuenta de lo que me hizo la Justicia en ese momento, a partir de la Corte y de la intervención que tuvieron para intentar encubrir lo que sucedió ese día en la casa del juez. Ahí hubo una fiesta con empleados de Tribunales”. Su abogado, Roque Araujo, pidió que el caso fuera declarado prescripto por el paso del tiempo. Sin embargo, el planteo fue rechazado por la fiscal Marta Jerez y por el querellante Javier Lobo Aragón. Finalmente, el tribunal volvió a condenarlo a prisión perpetua. Sus allegados aseguraron que ahora se estaría lamentando por haber permanecido tanto tiempo prófugo de la Justicia.