Cascadas de emociones sí las hay. El Palacio de los Deportes encendió las luces y los parlantes para que el sábado por la noche miles de personas corearan las melodías más conocidas –y las no tanto– de Pimpinela. Con un despliegue propio de cuatro décadas de carrera, Lucía y Joaquín Galán fueron los anfitriones en una noche fría que mantuvo las cuerdas vocales calientes.

El público tucumano guarda, desde hace años, un vínculo peculiar con el dúo de hermanos. En su última presentación en la provincia en 2024, un símil amotinamiento tuvo lugar en las puertas del Club Floresta, donde pretendidos espectadores denunciaban una sobreventa de entradas. En el interior, el amontonamiento empezaba a sentirse. Los hermanos Galán, según se rumoraba entre las filas, habían decidido retrasar el show por la seguridad de su público hasta que la organización solucionara el conflicto.

La misma pasión y convocatoria se vieron intactas este sábado por la noche en el parque 9 de Julio. Cientos de personas ingresaron con entrada al recinto –esta vez mucho mejor organizado que en 2024–. Además, unas buenas decenas aguardaron pacientemente en el exterior esperando disfrutar, aunque fuera a la distancia, los sonidos que salían desde el Palacio. Pero los tucumanos volvieron a exigir a dos de sus artistas favoritos. A las 21.05 –en un show que se anunciaba a las 21–, comenzaron los aplausos que pedían con vehemencia que iniciara la presentación. Minutos después, se repitieron. El entretenimiento momentáneo fue una niña de no más de 10 años que empezó a entonar a capella “Me hace falta una flor” y que fue secundada por la mitad de la platea.

A las 21.15 los hermanos Galán salieron al escenario y cualquier pasado contaminado con efímeros enojos quedó esfumado al instante. El show estuvo esquematizado en décadas con canciones propias y covers. En las pantallas gigantes, Lucía y Joaquín aparecían como presentadores de televisión que, entre bromas y reclamos, repasaban los roles del hombre y la mujer a lo largo del tiempo. “Vivir sin ti no puedo”, “Esto no es amor para mí”, “Ahora”, “Cómo le digo” y “Nunca más” formaron parte del bloque de los 60. La sorpresa fue el mix de éxitos italianos en el que bailaron al ritmo de “Cuándo, cuándo, cuándo” y “El baile del ladrillo”.

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Para graficar los 70 fue inevitable la vestimenta hippie con grandes rizos y vincha de flores. La apertura se hizo con un cover de “How deep is your love” de Bee Gees, que grabaron en 2010 en el álbum “Pimpinela: La familia”, una obra teatral biográfica que se convirtió en un éxito durante la temporada de verano de Mar del Plata. El talante español llegó con “Corazón gitano” y Joaquín intentó dar vuelta el claro favoritismo de las mujeres por su hermana con “Ese estúpido que llama”. Otros clásicos dieron cierre al bloque setentero.

La primera ovación

En los 80, “Mi vida” hizo brotar las primeras lágrimas –mas no las únicas– de la noche. Pero la interpretación de Lucía con “La dueña de la noche” fue la que se quedó con la primera ovación desde el saludo de bienvenida en que pisaron por primera vez el escenario. En los 90, aunque las canciones dejaron de alinearse a la época, la inclusión de dos participantes del público logró levantar el show. Para la introducción de “Se va, se va”, subieron al escenario Regina y Darío, dos tucumanos que atravesaban, como dice la canción, penas de amores. La joven se limitó a contar que su situación amorosa era tan grave que prefería no contarla para no llorar. Pero Darío se quedó con la atención del público y del dúo al confesar que su historia de desamor estaba motivada por el abandono de una mujer que, además de ser amiga de su madre, estaba a punto de casarse. Pero Joaquín Galán prometió que la canción funcionaba como una cura mágica y así fue, porque el público entero conectó con el ritmo y se puso de pie para bailar.

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Entre las canciones de los últimos tres años, brillaron las creaciones más recientes de los hermanos Galán. Osvaldo Laport, Carina Zampini, Eugenia Tobal, Benjamín Vicuña y Gabriel Corrado aparecieron en los videos que se proyectaron las pantallas, interpretando las historias de “La trampa”, “Lloro” y “Traición”. Pese a ser los estrenos más recientes del dúo, fueron las que más despertaron las pasiones de la audiencia.

El cierre fue el clásico, pero la reacción de los presentes no desilusionó y puso la piel de gallina. “La familia” fue el siguiente momento que dio paso libre a las lágrimas; “Una estúpida más” sirvió como catarsis visceral de penas románticas y “Cuánto te quiero” volvió a levantar energías con la danza y el ritmo.

El público tucumano exige y disfruta por igual al dúo de hermanos artistas. El pacto no está roto. Por el contrario, se tiende la mano y se acepta sin discusión lo que ofrecen. El pacto se refuerza con cada nuevo espectáculo. Una vez más, Pimpinela presentó lo que bien podrían ser fragmentos dramáticos de canciones que sus seguidores conocen desde hace años, de memoria, por transmisión de generación a generación y que, por conocer tan a fondo, disfrutan con más sentimiento.