No hizo ruido al entrar. No cruzó fronteras de manera evidente ni llegó con una alarma. El chikungunya avanzó en silencio, mezclada entre viajes cotidianos, rutas comerciales, vuelos regionales y movimientos constantes de personas entre países donde el virus ya circulaba con fuerza. Cuando finalmente impactó en Tucumán, encontró un escenario perfecto para multiplicarse: calor persistente, humedad, lluvias frecuentes y la presencia consolidada del Aedes aegypti, el mismo mosquito que ya había puesto en jaque al territorio durante las epidemias históricas de dengue. Lo que parecía una amenaza lejana dejó de serlo. Hoy, con cientos de casos registrados y una curva en ascenso, el foco ya no está en su llegada, sino en reconstruir cómo ingresó y por qué Tucumán resultó tan vulnerable.
Hay un dato que ayuda a entenderlo. El mosquito que transmite el chikungunya apenas puede desplazarse unos cientos de metros a lo largo de toda su vida. No cruza países ni recorre grandes distancias. Sin embargo, el virus sí lo hace. Y en esa diferencia está la clave de cómo terminó instalándose en la provincia.
Los números reflejan la magnitud del fenómeno. En uno de los últimos reportes sanitarios difundidos en la provincia se contabilizaban 346 casos de chikungunya, un 33% más que la semana anterior. La suba encendió nuevas alertas y confirmó que la circulación dejó de ser aislada. “No es un brote más. Estamos ante un hecho histórico: nunca se habían registrado tantos casos confirmados en nuestra provincia”, advirtió la infectóloga Mariana Marcotullio, del Hospital Avellaneda. “Una cosa es leer la bibliografía, ver lo que ocurrió en otros países y otra muy distinta es atender pacientes en directo y observar cómo se comporta la enfermedad en Tucumán”, agregó.
El ingreso del virus a la provincia se explica por un mecanismo conocido en epidemiología. Una persona puede contagiarse en una zona donde la enfermedad circula activamente, regresar mientras todavía tiene el virus en sangre -fase conocida como viremia- y ser picada por un mosquito local. Desde allí comienza una nueva cadena de transmisión. “La enfermedad llega cuando personas infectadas en otra región con circulación viral se desplazan a Tucumán. La presencia abundante del vector permite que, al picar a una persona con el virus en sangre, lo transmita a otra persona susceptible”, explicó Gustavo Costilla Campero, infectólogo-epidemiólogo, jefe del Servicio de Infectología del Hospital Padilla y profesor de Salud Pública en la UNT.
En ese recorrido regional aparecen varios puntos sensibles. Brasil, Paraguay y Bolivia registraron en los últimos años olas importantes de chikungunya, mientras Cuba también notificó brotes en distintos períodos. Tucumán mantiene vínculos permanentes con esas zonas por razones laborales, comerciales, turísticas y familiares, lo que incrementa el riesgo de ingreso del virus a través de personas infectadas. “No es necesario que el mosquito viaje: somos nosotros quienes transportamos el virus en nuestra sangre”, resumió el infectólogo Juan Manuel Núñez, del Hospital Padilla.
Ese mecanismo tiene nombre dentro de la epidemiología: casos importados. Se trata de personas que contraen la enfermedad en una región con circulación activa y regresan a su lugar de origen durante la fase en la que el virus todavía está presente en sangre.
Los primeros casos del brote 2026 en Tucumán siguieron ese patrón. El primero confirmado correspondió a una persona de Yerba Buena que había viajado a la costa argentina y pasado por Santa Fe. Una semana después, una familia de la misma ciudad también dio positivo tras un viaje al exterior: habían estado en Europa y, en su regreso, hicieron escala en Bolivia, donde se presume que se produjo el contagio.
También se detectaron focos en otras zonas. En El Manantial, por ejemplo, un caso importado desde Bolivia activó un brote local.
La provincia, además, forma parte de una región especialmente vulnerable frente a este tipo de enfermedades. “El NOA no es solo una región geográfica; es un corredor epidemiológico crítico”, sostuvo Núñez. La definición se apoya en una combinación de factores que hoy se potencian entre sí: temperaturas elevadas durante más meses del año, lluvias intensas, alta densidad urbana y una circulación constante de personas entre provincias y países limítrofes.
El clima también modificó las reglas del juego. La actividad del mosquito ya no se limita al verano estricto y en los últimos años comenzó a extenderse varias semanas más. “Estamos observando veranos que se extienden y otoños con temperaturas mínimas mucho más altas”, indicó Núñez. A eso se suma otro dato clave. “El agua acumulada tras cada tormenta no alcanza a evaporarse ni a drenar antes de la siguiente, lo que mantiene los criaderos permanentemente activos”, añadió.
Tucumán ya había recibido una advertencia contundente antes de este brote. La epidemia de dengue de 2024 cerró con 84.123 casos reportados y 44 muertes, una cifra récord que mostró hasta qué punto el Aedes aegypti estaba consolidado en áreas urbanas. El mosquito seguía ahí. Lo que faltaba era la llegada sostenida de otro virus.
Un riesgo que ya no puede mirarse de lejos
Los primeros focos de chikungunya detectados en la provincia siguieron un patrón habitual: grupos pequeños, hogares y entornos cercanos. “Se observan brotes localizados en diversas zonas, con casos agrupados entre familiares y vecinos”, precisó Costilla Campero. Una persona introduce el virus y el mosquito encuentra cerca nuevas oportunidades para transmitirlo.
El impacto, además, no se reduce a la cantidad de contagios. “La preocupación no radica solo en la cantidad o la gravedad de los casos, sino principalmente en la morbilidad: el impacto en la calidad de vida de quienes la padecen”, remarcó Núñez. La enfermedad puede generar dolores articulares intensos y persistentes, capaces de limitar durante semanas o meses la vida cotidiana.
Marcotullio también advirtió que muchas personas consultan tarde. “Es frecuente que recién acudan cuando la fiebre no cede o cuando los dolores articulares son muy intensos. Seguramente existe un subregistro importante”, señaló. Eso significa que el número real de casos podría ser mayor al informado.
La respuesta, entonces, ya está sobre la mesa. El chikungunya no avanzó de golpe: se desplazó a partir de casos importados, se instaló en zonas concretas y encontró en Tucumán condiciones favorables para expandirse. Hoy el desafío no es solo frenar este brote, sino asumir que la provincia ingresó en una nueva etapa sanitaria donde dengue, chikungunya y otros virus pueden volver a golpear.
Producción audiovisual: Agustina Garrocho y Nazarena Ortíz