La inteligencia artificial ya forma parte de la rutina de millones de jóvenes. La utilizan para estudiar, para trabajar, para resolver dudas o incluso para tomar decisiones personales. Sin embargo, algo cambió durante el último año: el entusiasmo bajó y crecen las dudas.

Un estudio de Gallup muestra que más de la mitad de la Generación Z en Estados Unidos utiliza herramientas de IA de forma habitual. A pesar de ese uso extendido, el optimismo cayó de manera marcada: pasó de un 27% a un 18%.

La adopción se mantiene estable. Cerca de la mitad de los jóvenes usa IA a diario o al menos una vez por semana. Plataformas como ChatGPT forman parte de ese consumo cotidiano.

Pero la percepción cambió. Casi un tercio de los encuestados dijo que la IA le genera enojo. Y entre quienes ya trabajan, el escepticismo es aún mayor: muchos creen que los riesgos superan los beneficios.

La preocupación aparece sobre todo en el mundo laboral. Los jóvenes temen que la tecnología afecte los puestos de entrada, justo cuando buscan insertarse en el mercado.

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El vínculo con la IA es contradictorio. Por un lado, los jóvenes reconocen que les permite ahorrar tiempo y resolver tareas más rápido. Por otro, surgen dudas sobre sus efectos.

Algunos mencionan el impacto en la creatividad y en la capacidad de pensar por cuenta propia. Otros hablan de la pérdida de habilidades sociales o de la incomodidad al usar estas herramientas para comunicarse con otras personas.

Desinformación

También aparece una preocupación concreta: la desinformación. El crecimiento de contenidos generados por IA en redes sociales genera desconfianza y obliga a desarrollar nuevas formas de verificar lo que se consume.

Una herramienta que igual consideran necesaria.

A pesar de las críticas, la mayoría cree que aprender a usar inteligencia artificial será clave en el futuro. Entre quienes aún están en la escuela, cerca de la mitad considera que necesitará estas habilidades en su carrera.

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Esa idea convive con el malestar. La IA se percibe como una herramienta útil, pero también como un factor que cambia reglas en tiempo real.

La Generación Z no rechaza la inteligencia artificial, pero tampoco la abraza sin preguntas. La usa, la explora y al mismo tiempo la pone en duda.

Esa tensión define el momento actual: una tecnología que avanza rápido y una generación que intenta entender qué lugar ocupar en ese escenario.