HOUSTON, Estados Unidos.- Tomaron miles de fotografías y documentaron numerosas observaciones durante su vuelo alrededor de la Luna, pero mientras se acercaban a casa, los astronautas de la misión Artemis II, de la NASA, dijeron que apenas comenzaron a asimilar esta extraordinaria experiencia, que pone al límite la mente humana.

Los cuatro astronautas -los estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, así como el canadiense Jeremy Hansen- establecieron un récord de distancia de la Tierra durante su sobrevuelo lunar y amerizaron anoche frente a la costa de California, tras un viaje de ida y vuelta de 10 días alrededor de la Luna. “Un reingreso de manual”, dijo el operador de la NASA a cargo de reportarl el evento.

Su nave espacial Orion atravesó la atmósfera terrestre a más de 38.000 km/h, con temperaturas superiores a los 2.700 grados Celsius generadas por la fricción, y amerizó sin problemas en el océano Pacífico, gracias a los grandes paracaídas que funcionaron tal como se esperaba.

Las familias de los astronautas estaban presentes en el centro espacial de la NASA en Houston. Todos contuvieron la respiración durante los 13 minutos -seis de ellos sin comunicación-.

EMOCIÓN. “Son los embajadores de la humanidad ante las estrellas”.

El amerizaje en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, previsto para las 20 (21 de Argentina), incluyó que personal de la NASA y militares les ayudaran a salir de la cápsula y los trasladaran en avión a un buque de recuperación.

Música para el desayuno

Los astronautas despertaron ayer al son de “Run to the Water”, de Live, y “Free”, de la Zac Brown Band, informó la NASA. Los responsables de la misión trataron de ser cuidadosos y no hablar de “éxito” hasta que los astronautas no estuvieron de regreso y a salvo,

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La maniobra puso a prueba el escudo térmico de la nave, un componente clave que mostró ciertos desperfectos en el vuelo no tripulado de Artemis 1 y que había generado preocupación entre ingenieros veteranos. Pero la nave resistió el embate.

COMIENZO. ”Volvemos a la Luna”, dijo el administrador de la NASA.

“Podremos empezar a celebrar cuando tengamos a la tripulación a salvo en la enfermería del buque”, había dicho, Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA. El regreso proporciona a la NASA el alivio de haber logrado enviar de nuevo astronautas lejos en el espacio, por primera vez desde el fin del programa Apolo en 1972, tras años de retrasos y dudas.

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“Atravesar la atmósfera como una bola de fuego” será una gran experiencia, señalaba el piloto Glover a principios de semana, y confesó que desde su selección para la tripulación en 2023 siente aprensión ante ese momento.

A SALVO. “Qué viaje. Estamos estables” informó el comandante.

El escudo térmico es vital: la nave espacial Orion alcanzará velocidades máximas cercanas a 35 veces la velocidad del sonido y se enfrentará a temperaturas abrasadoras que alcanzarán picos de alrededor de 2.760 grados Celsius, la mitad de la temperatura de la superficie del sol.

Esta fase siempre es delicada para los astronautas que regresan de la Estación Espacial Internacional. Pero en esta ocasión las inquietudes se ven reforzadas por el hecho de que se trata del primer vuelo tripulado de Orión y de que en 2022 se detectó un problema durante una prueba sin tripulantes.

De regreso a la Tierra, el escudo térmico que protege la nave se había alterado “de una manera inesperada”, según un informe técnico.

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A pesar de esta anomalía, la agencia espacial estadounidense decidió continuar con el mismo escudo, revisando la trayectoria para escoger un ángulo de entrada en la atmósfera más directo y así limitar el rebote que había contribuido a deteriorar el escudo térmico. Una decisión que sigue atormentando a los máximos responsables de la NASA.

EMOCIÓN. “Son los embajadores de la humanidad ante las estrellas”.

“No voy a dejar de pensar en ello hasta que estén en el agua”, reconoció el jefe de la NASA, Jared Isaacman, en una entrevista.

“Es imposible decir que no queda ningún miedo irracional”, admitió su mano derecha, pero aseguró que racionalmente no tiene ningún temor al respecto.

Insistiendo en las múltiples pruebas, simulaciones y modelizaciones realizadas, los responsables de la NASA aseguran confiar en los cálculos de sus ingenieros y contar con un margen de seguridad suficiente.