Tras completar su recorrido alrededor de la Luna, la nave Orion de la misión Artemis II ya emprendió el regreso hacia la Tierra. La tripulación, que habrá permanecido 10 días en el espacio al momento de la llegada, se prepara ahora para afrontar el tramo más complejo y riesgoso de toda la misión: el reingreso a la atmósfera terrestre.

Según el cronograma previsto por la NASA, el proceso comenzará el viernes 10 de abril a las 20:53 (hora argentina). Apenas 14 minutos después, a las 21:07, la cápsula debería amerizar en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, marcando el cierre de una misión clave para el futuro de los vuelos tripulados.

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El regreso de Orion no será un procedimiento sencillo. Para completar la maniobra, la nave deberá ingresar a la atmósfera a una velocidad extremadamente alta, lo que generará una intensa fricción y la formación de plasma alrededor del vehículo.

El momento más crítico: velocidad extrema, calor y pérdida de comunicación

Durante ese proceso, la comunicación con la Tierra se interrumpirá de manera temporal, un fenómeno esperado pero que forma parte de los momentos más delicados del viaje. Además, el éxito del descenso dependerá de una secuencia precisa de etapas: separación de módulos, correcta orientación, frenado progresivo en la atmósfera y el despliegue final de los paracaídas antes del impacto controlado en el mar.

Si todo se desarrolla según lo previsto, la misión permitirá confirmar la capacidad de la NASA para enviar astronautas hasta la órbita lunar y traerlos de regreso de forma segura, un paso fundamental en el camino hacia futuras exploraciones del espacio profundo.

Regreso de la nave Orion a la Tierra: ¿qué puede salir mal para los tripulantes?

El regreso a la Tierra de la nave Orion no solo implica atravesar temperaturas extremas, sino también superar una serie de etapas críticas concentradas en pocos minutos. 

Durante el reingreso, la cápsula deberá mantener una orientación precisa, soportar el comportamiento del escudo térmico, atravesar una interrupción temporal en las comunicaciones y recuperar la señal de GPS antes del despliegue de los paracaídas. 

Cada una de estas instancias es determinante: una falla en cualquiera de ellas podría obligar a activar protocolos de emergencia.

Más allá del descenso, la misión entra en otra fase compleja una vez que la cápsula toca el agua. Según explicó Lili Villarreal, responsable de recuperación y aterrizaje de Artemis II, los momentos clave incluyen la verificación del despliegue de los tres paracaídas, la confirmación de que la nave es segura para ser abordada y la apertura correcta de la escotilla.

En caso de que uno de los paracaídas falle, Orion puede amerizar con dos, aunque el impacto sería más intenso para los astronautas.

El operativo de rescate tampoco es inmediato. Los equipos deben esperar antes de acercarse debido a la posible caída de restos durante el descenso y a la necesidad de evaluar la presencia de sustancias peligrosas, como amoníaco proveniente del sistema de enfriamiento. 

Esto demuestra que el amerizaje no marca el final del proceso, sino el inicio de una maniobra coordinada que involucra helicópteros, buzos y personal especializado.

Una vez asegurada la cápsula, los astronautas serán trasladados al buque de recuperación USS John P. Murtha, donde recibirán los primeros controles médicos. Si todo se desarrolla según lo previsto, tanto la tripulación como la nave estarán a bordo del barco dentro de las dos horas posteriores al amerizaje, cerrando así una de las etapas más delicadas de la misión.