Haim G. Ginott -psicólogo y educador nacido en Tel Aviv- fue pionero, en los años 60, en el desarrollo de técnicas para conversar con niños. Su libro más famoso, “Entre padres e hijos”, publicado en 1965, figuró entre los más vendidos y fue traducido a varios idiomas.
Allí ofrecía consejos prácticos para mejorar la comunicación, centrándose en la importancia de la escucha activa, el uso de la compasión, la expresión de sentimientos de manera constructiva y el establecimiento de límites claros.
Sexualmente hablando: Amores borrascososEl enfoque de Ginott no tardó en ser ampliamente adoptado por profesionales de la educación y de la psicología, y aún hoy su trabajo continúa teniendo una influencia significativa. Tal es así que sus ideas son citadas con frecuencia como modelo para fomentar una comunicación sana y respetuosa, tanto en el ámbito educativo como en el de otras relaciones interpersonales.
Suavizar los planteos
Por su parte, John Gottman, el popular terapeuta de parejas norteamericano, toma uno de los postulados de Ginott como técnica para “suavizar” los planteamientos en las conversaciones. Más aún cuando hay desacuerdos.
En este sentido, Ginott advirtió que las frases en primera persona resultan menos críticas y, por lo mismo, provocan menos actitudes defensivas que las frases dirigidas a una segunda persona. Algunos ejemplos:
Sexualmente hablando: envejecer con sexualidad- Decir: “Me gustaría que me escucharas” en lugar de: “No me estás escuchando”.
- “Quiero que ahorremos” en lugar de: “Sos muy gastador”.
- “Me siento abandonado/a” en lugar de: “No te importo”.
- “Extraño sentirme deseada” en lugar de: “Ya no te gusto”.
Gottman afirma que este primer tipo de frases son más “suaves” y muestran una mayor apertura al diálogo. Ocurre que, cuando una persona habla de sí misma, no es tan fácil ignorarla o desacreditar lo que dice (siempre que en la pareja haya una base de afecto y respeto, claro).
Sexualmente hablando: retención seminalEs evidente que podemos hacer trampa y construir sentencias que, aun siendo en primera persona, resulten igualmente agresivas (“Creo que sos un egoísta”). Pero no se trata de buscar trucos para ganar discusiones o salirnos con la nuestra (suponiendo que eso sea posible).
Centrarnos en lo que sentimos, en lugar de atacar al otro, hará las discusiones más productivas y con más probabilidades de llegar a acuerdos.