En un contexto donde la inteligencia artificial redefine tareas y oficios a una velocidad inédita, el problema ya no es elegir “la carrera correcta”, sino formar una manera de pensar capaz de adaptarse a lo desconocido. En ese escenario, Guillermo Martínez, escritor y matemático bahiense, en una entrevista con LA GACETA -como parte de la serie “¿Qué estudiar hoy?. Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”- propone correr el eje del debate: antes que elegir una carrera, los jóvenes deberían formarse en profundidad.

Martínez plantea que la matemática y la lectura no solo siguen siendo centrales, sino que pueden ser la base para desarrollar las habilidades que exigirán los nuevos mercados laborales.

- ¿Cómo debería elegir hoy un joven qué estudiar?

- Hay varias formas de encarar esto. Una tiene que ver con si la persona está interesada únicamente en lo que antes llamábamos futuro laboral, que es algo cada vez más difuso, improbable de pronosticar, difícil incluso, porque muchas profesiones están desapareciendo en tiempo real. Yo creo que lo mejor, aún desde ese punto de vista, es apuntar hacia carreras que de algún modo garanticen un estudio riguroso. Es la única franja de tiempo en que la mayor parte de las personas pueden dedicarse con intensidad casi absoluta al estudio. Tienen trabajos en paralelo, por supuesto, pero es el único camino que promete un estudio de tipo riguroso, que es también lo que está desapareciendo: la idea de la concentración, de dedicar tiempo al estudio, leer libros en vez de fotocopias, estudiar demostraciones de teoremas en vez de solo hacer ejercicios.

ROL.

A mí me parece que quienes disfrutan estudiar deberían encaminarse hacia la filosofía, la matemática, la física, la química, alguna ciencia dura. No necesariamente porque vayan a seguir en ese camino, sino porque estas disciplinas tienen procedimientos, protocolos, críticas internas, desconfianzas, que entrenan el escepticismo. Las veo más desde un punto de vista formativo que por la salida laboral.

A la vez, abren otras ventanas hacia lo creativo. Dentro de la física hay físicos que se dedican al arte, pero el arte que hacen está informado por ideas de la física. Dentro de la matemática hay quienes se dedican a la música y su aproximación también adquiere otra dimensión. No necesariamente por ingresar en una carrera científica se pierden las humanidades.

Sí veo un peligro a la inversa: quien empieza una carrera artística muchas veces ya no se asoman al pensamiento más riguroso. Al que le guste estudiar, que estudie algo que tenga una promesa de profundidad.

La segunda cuestión es el futuro laboral. Estas carreras te dan una formación que luego te permite aprender con más facilidad cosas más accesibles. El que puede más, puede menos en general. Si estudiás algo difícil, después otras habilidades cercanas resultan más accesibles. Esto, en realidad, debería resolverse en el secundario. Si hubiera un secundario excelente, ni estaríamos hablando de esto. Esa formación rigurosa —no necesariamente exhaustiva— podría lograrse con dos buenos cursos de matemática.

"Los chicos en el secundario no están aprendiendo lo que necesitan"

- Cuando habla de matemática, ¿se refiere a aprender cuentas o a aprender a pensar?

- Las matemáticas que se enseñan en la universidad no tienen nada que ver con los algoritmos o el factoreo del secundario. Ahí también hay que revisar cómo se enseña. Hay ideas matemáticas muy ligadas a la filosofía, a la lógica, a la probabilidad, que aparecen después en muchos campos y que no se ven en el secundario. Una materia interesante sería historia de las ideas matemáticas: entender por qué aparecen, cómo surgen, por qué se enseña lo que se enseña. Hay una historia detrás de la matemática que está vinculada con otros conocimientos. En sus orígenes, lo que era la filosofía griega estaba totalmente emparentada, luego esa vinculación desapareció.

SENTENCIA.

Creo que hay una parte de la matemática que todos deberían aprender, que no es la parte que todos aprenden en el secundario. Lo mismo con la filosofía, con la historia y con la literatura. Antes, por ejemplo, se enseñaba a escribir: redacciones, cuentos, géneros literarios. Eso generaba una relación mucho más viva con la literatura. El gran problema —el elefante—que no estamos mirando, es el depósito de chicos durante cinco años en los colegios secundarios. No están aprendiendo lo que deberían.

- ¿Qué papel o qué rol cumple para la lectura durante este proceso escolar?

- Fundamental. Es la amalgama de todo. Abre la cabeza, expone a maneras de pensar diferentes, a sociedades distintas, a aspectos de la naturaleza humana que muchas veces ni se mencionan por los tabúes que pesan sobre la sociedad. Es un laboratorio de posibilidades del ser humano en todos los aspectos, además de los lenguajes especializados, los saberes, las jergas, en fin, hay mundos dentro de la lectura que en general los chicos no tienen chance de calibrar.

No digo que accedan enteramente a todo eso durante el secundario, pero que tengan una idea de ese caleidoscopio de lecturas posibles. Yo siempre digo que un objetivo para mí perfectamente posible sería que, a lo largo de cinco años, los chicos lean 100 libros, ahí van a tener una idea de las posibilidades de la lectura. No necesariamente tienen que leer todos los mismos: que tengan la posibilidad de elegir. Para eso tendrían que estar las bibliotecas, los profesores de literatura, las visitas de los escritores, lecturas compartidas. Hay una cantidad de cosas que se pueden hacer para lograr que los chicos lean y la lectura es lo que va dando la amalgama del resto de los conocimientos.

- ¿Se puede pensar la lectura como una tecnología del pensamiento?

- Sí, pero no exclusivamente. Quien se vuelve lector, desarrolla una forma de ir de libro en libro, como quien va de liana en liana, permite hacer un camino del pensamiento. Pero también depende de qué se lea. Tampoco creo que leer necesariamente está vinculado al aprendizaje y al conocimiento.

La gente lee por diferentes razones. Yo mismo leo de maneras diferentes según el libro: no es lo mismo un clásico, que un libro de filosofía o el de un autor contemporáneo. Todas son lecturas, pero requieren diferentes tipos de disposiciones y de profundizaciones.

- Muchos jóvenes quieren aprender programación. ¿Tiene sentido estudiar la carrera completa?

LIBRO. Una de las publicaciones de Martínez en Editorial Seix Barral, 2012

- No tiene mucho sentido ahora que aparecieron las inteligencias artificiales que en cinco años van a reemplazar a todos los programadores. Sí vale la pena estudiar dentro de la matemática, los fundamentos de la computación, porque hay ideas que van en contra del sentido común, son interesantes, sobre los alcances de las computadoras, sobre los autómatas, los teoremas de incompletitud de Gödel, todo eso está dentro de un curso más o menos básico de computación.

La teoría de la computación sí se puede estudiar como cualquier otra rama de la matemática, pero no necesariamente la carrera de programación. El lenguaje de programación, etc. Son dos ramas separadas, aprender a programar y aprender los fundamentos de la computación.

- Si tuvieras que hacer un cambio en el secundario hoy, ¿qué materias sumarías?

- Además de la historia de las ideas matemáticas, sumaría horas de lectura. No deberían existir las horas libres: deberían ser horas de lectura, con libros seleccionados por los profesores, los bibliotecarios, etc. Y agregaría el ajedrez. Me parece que es una manera amable de contribuir a la misma clase de problemas de concentración, de destrezas mentales, de anticipación, de planificación que podría tener cualquier ciencia dura. El que sabe jugar al ajedrez después encuentra mucho más natural una cantidad de cuestiones en la matemática.

ESPECIALISTA. Guillermo Martínez dialogó con LA GACETA de forma virtual.

- ¿El profesional del futuro para usted será alguien que sabe mucho específicamente de algo o alguien que conecta diferentes mundos?

- Tiene que ser alguien que pueda que pueda ahondar en profundidades digamos de lo infinitesimal en cuanto a algún conocimiento, que haya tenido la experiencia de estudiar un tema con seriedad para tener esa experiencia de la persistencia, la búsqueda de información alrededor del tema.

Pero a la vez alguien que tenga una sensación de la cultura general. Porque lo individual nunca es completamente individual: siempre está en relación con otras ideas. Te voy a dar un ejemplo: sabes que hay una conjetura de Fermat que tardó más de 300 años en ser demostrada se demostró a fines del siglo pasado, lo demostró Andrew Wiles. ¿Qué pasaba? Todos los matemáticos con el conocimiento de la época extremando todos sus saberes, solamente habían llegado a, de algún modo, a reconocer que todavía no estaban las herramientas matemáticas para resolverlo. Por eso se consideraba un problema como de dificultad sobrehumana durante mucho tiempo. A finales del siglo pasado, se resolvió por unos resultados que vinculaban diferentes ramas de la matemática, no solamente el álgebra, porque había estudiado el programa que se plantea dentro del álgebra, digamos.

Gracias a esa especie de traducción de libros que hablan de temas diferentes, porque son áreas diferentes, con herramientas diferentes de acuerdo al área, apareció algo así como un diccionario de traducción. Te das cuenta que una persona que solamente hubiera estudiado álgebra dentro de la matemática no hubiera podido resolverlo, se necesitaba algo que estaba fuera del campo absolutamente especializado. Por eso, nunca lo individual puede ser solo y puramente individual. El conocimiento en profundidad, sí, para muchas cosas está bien, pero me parece a mí que justamente las nuevas épocas requieren de, no te digo del renacentismo, pero sí de que haya equipos interdisciplinarios. En medicina, en química, la gente trabaja en grupos. La unión de distintos saberes y de distintas miradas.

Producción audiovisual: Agustina Garrocho, Nazarena Ortiz y Álvaro Medina.