Las carreras del futuro también envejecen. Algunas que nacieron como respuesta a nuevas demandas tecnológicas hoy pierden protagonismo o deben reconvertirse. Frente a este escenario, las universidades enfrentan un desafío inédito: cómo formar profesionales en un mundo donde los cambios avanzan más rápido que los planes de estudio. 

La Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, supo jactarse de seguirle "el ritmo" a las demandas que se iban generando para los estudiantes teniendo en cuenta el cambiante mercado laboral. 

La Unsta cuenta con carreras surgidas en el último tiempo como la Tecnicatura en Desarrollo y Calidad de Software, Ingeniería en Inteligencia Artificial o la Licenciatura en Ciencia del Comportamiento, pero también actualizaciones en carreras existentes como Abogacía, la Licenciatura en Marketing o la Licenciatura en Management Turístico. "La universidad tiene una mirada crítica de las necesidades de formación de nuestra sociedad”, plantea el ingeniero José Federico Fanjul, rector de esta institución.

Sin embargo, el problema no está solo en crear nuevas opciones, sino en sostenerlas en el tiempo.

EJEMPLO. Automatización y Robótica es una de las carreras que ofrece la Unsta. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

El límite del modelo tradicional

Uno de los principales desafíos es la velocidad. Diseñar una carrera, aprobarla y formar a los primeros egresados puede llevar varios años. En ese lapso, el mercado ya cambió. “El mundo está cambiando tan rápido, pensemos en la inteligencia artificial irrumpiendo en nuestras vidas”, advierte Fanjul. Y pone en números el desfasaje: “Las empresas que necesitan modificar sus estrategias con velocidad no pueden esperar seis años que es lo que en promedio se demora entre que diseñamos una carrera, obtenemos la aprobación ministerial y generamos los primeros egresados”.

Esa tensión obliga a repensar el modelo universitario. La respuesta, según el rector, no pasa sólo por nuevas carreras, sino por diversificar formatos. “La solución que tenemos para estos casos pasa por la Formación Continua con cursos cortos de posgrado de alta empleabilidad. También tenemos un programa de formación híbrida en muchas de nuestras carreras, en donde reemplazamos el tradicional pizarrón por dispositivos.  Implementamos “microcredenciales” para el reconocimiento de trayectos cortos y, desde el año pasado, contamos con una diplomatura en la que el alumno elige el contenido de acuerdo a sus expectativas”, señala.

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La idea de fondo es clara: la formación ya no se concentra en una etapa de la vida. “El futuro es la educación durante toda la vida”, resume.

Actualizar sin quedar atrás

En la Facultad de Ingeniería, ese desafío se vive de forma permanente. Las carreras vinculadas a la tecnología nacieron como respuesta a nuevas demandas, pero el riesgo de quedar desactualizadas es constante. “Las carreras como Desarrollo de Software, Automatización y Robótica, Bioingeniería o Ingeniería en Inteligencia Artificial surgen como respuesta directa a las nuevas demandas del contexto tecnológico, productivo y social”, explica María Verónica González Bollea, secretaria académica de la facultad.

Y advierte: “Nuestro mayor desafío es evitar el riesgo de que queden desactualizadas estas carreras, a través de una revisión permanente de los planes de estudio, las metodologías de enseñanza y los procesos de evaluación”. Ese trabajo, detalla, no es aislado. “Trabajamos de manera continua y articulada entre directores de carrera, equipos docentes, tutores y cátedras, en un proceso constante de actualización de contenidos y enfoques pedagógicos”.

A la vez, señala que hay otra capa de actualización más dinámica: “Dentro de las cátedras, los docentes incorporan permanentemente nuevas herramientas, tecnologías y tendencias del mercado; como inteligencia artificial, nuevas plataformas de desarrollo o metodologías ágiles”.

Pero también marca un límite estructural: “La actualización de un plan de estudios no depende únicamente de la voluntad institucional, sino también de marcos regulatorios que garantizan la calidad académica  como los procesos de acreditación y validación ante organismos como la Coneau”.

Más allá del nombre de la carrera

NUEVA CARRERA. En 2023, la Unsta -dentro de su facultad de Ingeniería- lanzó la especialización en inteligencia artificial. FOTO UNSTA

En ese escenario, el foco deja de estar únicamente en las carreras y pasa a las habilidades. “Priorizamos, la capacidad de aprender de manera continua, porque entendemos que el conocimiento técnico cambia, pero la habilidad de aprender y adaptarse es lo que garantiza la vigencia profesional”, sostiene González Bollea.

A eso se suman otras competencias: “También trabajamos fuertemente en el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la toma de decisiones, fundamentales para enfrentar situaciones nuevas y complejas”. En el plano tecnológico, plantea un enfoque claro: “Las competencias digitales y el uso de herramientas de inteligencia artificial se integran como recursos que potencian el trabajo profesional y no que lo reemplazan”.

Pero la formación no se limita a lo técnico. “Otra dimensión clave es el trabajo en equipo y la comunicación, ya que hoy los proyectos laborales son interdisciplinarios”, agrega. Y completa con una mirada más amplia: “También promovemos el emprendedurismo, la sustentabilidad y una fuerte formación ética y humana”. El objetivo final, resume, es claro: “Buscamos formar estudiantes que no sólo sepan “hacer”, sino que sepan pensar, adaptarse, emprender y generar impacto positivo en entornos cambiantes”.

Producción audiovisual: Agustina Garrocho y Álvaro Medina.