- ¿Recuerda la primera vez que vivió una inundación?
- Sí. Eso no se olvida. Fue en el año 1992.
Olga Brito tiene 75 años y ayer estaba al costado de la ruta 157. A metros de donde pasó también la noche. Miraba desde lejos su casa en La Madrid. Tapada de agua. Porque ahora su pueblo es un río. Nuevamente...
“Cada vez es peor”, dijo Olga, que nació y creció en el lugar. “Aunque la del 92 me marcó, después vino la de 2017, que fue terrible. El agua me llegó hasta el pecho”, recordó.
La de 1992 fue una de las primeras grandes inundaciones registradas en las últimas décadas en el sur tucumano. Gran parte del casco urbano de La Madrid quedó bajo agua y muchas familias tuvieron que refugiarse en galpones ferroviarios y edificios altos.
Cada vez que empieza a llover sin parar, explicó Olga, la rutina se repite. Los vecinos levantan los muebles, suben algunas pertenencias lo más alto posible y salen antes de que el agua llegue.
“Lo que uno pierde no se recupera nunca. Nada se recupera”, afirmó. Esta vez, contó, al menos hubo alerta temprana. “Nos avisaron con tiempo para que guardemos las cosas y nos resguardemos. Hubo sirenas, mensajes por teléfono. En 2017 no fue así. Nadie nos dijo nada”, rememoró.
VIDEO. Agredieron al diputado Federico Pelli en La Madrid mientras entregaba ayuda a damnificadosLa inundación de hace nueve años fue considerada la peor en la historia del sur de la provincia. Más de 12.000 personas resultaron damnificadas y cerca de 5.000 debieron ser evacuadas. En La Madrid, alrededor del 80% del pueblo quedó bajo agua.
Horas después de los avisos que escuchó Olga el martes, la noche en la ruta fue fría. Con lluvia. “Uno no duerme. No sabe cómo están las cosas adentro de la casa. Es una incertidumbre muy grande”, comentó.
Y pidió: “Estamos cansados de sufrir toda la vida. Lo único que pedimos es que hagan lo que sea necesario para evitar nuevos desbordes. Para que el río Marapa ya no cause tanta tragedia”.
La Madrid, bajo el agua: el dolor de volver a perderlo todo entre el barro y el olvidoA unos metros, Miriam Carrizo también amaneció a la intemperie. Tiene 53 años y hace cinco que volvió a vivir en La Madrid, después de pasar tres décadas en Concepción.
“Hice mi casa alta para que no se inunde. Pero ahora el agua ya llegó hasta el último escalón”, admitió. “Vinimos con sillones y armamos un gazebo para dormir acá”, enumeró. Dormir, en realidad, es una forma de decir. “Estuvimos pendientes del agua. Decían: ‘ya llega, ya llega’”, afirmó, y la angustia volvió a recorrerla.
Miriam también miraba hacia el pueblo, donde todavía quedaban vecinos atrapados. “Hay gente que no pudo salir. Faltan botes para sacarlos”, replicó.
Un paisaje triste
En una calle completamente anegada de La Madrid, dos lanchas avanzaban lentamente entre árboles, postes y cercos que apenas asomaban sobre el agua turbia. A bordo viajaban rescatistas y vecinos que intentaban evacuar a personas que se negaban a dejar sus casas. El nivel del líquido llegaba hasta el pecho de varios vecinos que se animaron a ingresar a sus hogares.
Mientras tanto, la ruta era partida por dos retroexcavadoras que intentaban que el agua drene con más facilidad, en tres partes distintas. Las tareas eran seguidas de cerca por el Ministerio de Obras Públicas de la Provincia.
Entre quienes miraban los trabajos estaba Pedro.
- ¿Cuántos años tiene?
- ¿77? ¿78? Disculpe… no recuerdo bien. Estoy nervioso.
Inundaciones en el sur tucumano: cortaron la ruta 157 para ayudar a drenar el aguaPedro estaba descalzo. Lleva un gorrito de lana y un pantalón marrón. A su lado, un perrito no se despegaba y en sus manos sostenía un balde con alimento para el animal. Es lo que logró rescatar.
“Toda una vida de sufrimiento”, resume. Miraba el agua que cubría el pueblo. La ruta rota.
“No creo que haya cura para esto. Los ríos vuelven una y otra vez… y nada cambia”, lamentó.
El perrito se sentó a su lado. Pedro acarició el balde con el alimento. Es lo único que pudo salvar antes de que el pueblo volviera a convertirse en un río.