El comportamiento de las mascotas cuando van al veterinario suele ser muy distinto al habitual. Si bien ellos se mueven mucho por instinto, es ese instinto de supervivencia el que se activa con fuerza cuando entran a una clínica. Aunque no razonan como los seres humanos sobre la salud o las vacunas, lo que viven en el veterinario es una tormenta de estímulos que su instinto interpreta como una amenaza.
No es que exageren como los humanos, sino que sus sentidos están operando a un nivel de alerta que apenas podemos imaginar. Existe toda una rama de la ciencia llamada Etología Clínica que se dedica a estudiar el comportamiento animal. En ese sentido, la veterinaria conductista Karen Overall sostiene que los perros y gatos son muy sensibles a los cambios en el entorno y a las emociones de sus dueños, por lo que un ambiente desconocido puede desencadenar señales claras de estrés.
Contagiados
Estudios como uno de la Universidad de Guelph de Canadá han demostrado que los perros y gatos experimentan lo que llaman contagio emocional. Detectan el cortisol, la hormona del estrés, en el sudor y la saliva de sus dueños.
Básicamente, si el dueño de la mascota está preocupado por el turno, ellos huelen su miedo e inmediatamente asumen que el lugar es peligroso. Por ello mantenerse calmo antes, durante, e incluso después de la consulta, hará que las siguientes visitas sean un poco más “amigables”.
¿Hay que taparlos? Cómo deben dormir los perros en inviernoLos animales tienen una memoria asociativa muy potente. No necesitan entender el concepto de médico, solo necesitan recordar que ese edificio huele de una forma específica. A diferencia del ser humano, que sí comprende el concepto y sabe que hay dos opciones: pasarla bien o mal.
Si la última vez que estuvieron ahí sintieron el pinchazo de una aguja o el frío de una mesa de metal, su instinto les ordena evitar ese lugar a toda costa para no repetir el dolor. En el caso de los animales, asocian “bueno” o “malo” según la sensación que les quede. Es como una tormenta de estímulos que sus instintos interpretan como una amenaza.
Por eso es de gran ayuda que quienes están a cargo de un animal sepan controlarse porque le evitarán otro desafío que deben vencer. También se enfrentan al aire que está saturado de feromonas de alarma. La sala de espera tiene una gran cantidad de ellas porque quedan flotando. Es un indicio silencioso que al animal le dice: "¡corré!". En las veterinarias, los difusores de feromonas sintéticas que emiten señales químicas de calma para limpiar el ambiente son cada vez más usados.
Los perros no nacieron para dormir de noche: cómo los humanos transformaron su reloj biológicoAlgunos trucos
Hay maneras para que el perro, gato, tortuga, cualquier especie que requiera un control médico veterinario pueda desarrollar asociaciones más positivas con el veterinario y afrontar las consultas con mayor confianza. Entre las posibles están:
- Hacer un viaje de placer si es que el traslado se hará en algún vehículo. Dar una vuelta y volver a casa para jugar.
- Si el veterinario queda cerca, el “truco” más efectivo es ir a socializar: pasar por la clínica un día que no tenga turno, por ejemplo. Sin pinchazos, sin termómetros, sin estrés; repetirlo un par de veces rompe la asociación de "clínica-dolor".
- “Jugar” a ser el veterinario en casa cuestión que se adapte a que les toquen ciertas partes del cuerpo, pero en un ambiente seguro y relajado.
Los animales son expertos en leer nuestro lenguaje corporal. Si el dueño va tenso, ellos asumirán que hay algo amenazante cerca. Por eso es fundamental que el cuidador actúe como si ir al veterinario fuera lo más aburrido y normal del mundo.