Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística

Nueva York, mediados de los años noventa. En la puerta de un edificio de Tribeca o caminando por las veredas del Upper East Side, los fotógrafos esperaban. No buscaban necesariamente una alfombra roja ni un evento oficial. Bastaba con que una pareja saliera a la calle.

Ella llevaba un tapado negro impecable, anteojos oscuros y el cabello rubio ligeramente desordenado. Él caminaba con una camisa blanca arremangada, jeans y ese aire de “el hombre más sexy”. Eran Carolyn Bessette-Kennedy y John F. Kennedy Jr..

Las fotografías de esas escenas cotidianas valían oro y terminaron construyendo una de las imágenes más icónicas de la moda de los años noventa. No eran producciones ni campañas, eran momentos captados por paparazzi que seguían a la pareja en su vida diaria por Nueva York.

Tres décadas después, la serie Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette volvió a ponerlos en el centro de la conversación cultural. Las redes sociales se llenaron de imágenes de la pareja y de análisis sobre su forma de vestir. Nuestra época está dominada por tendencias fugaces y, sin embargo, su estilo —aparentemente simple— volvió a sentirse sorprendentemente actual.

Pero para entender por qué hoy fascinan otra vez, primero hay que mirar el contexto en el que surgieron.

La estética de los años noventa

La moda de los noventa fue, en muchos sentidos, una reacción al exceso de la década anterior. Frente al brillo, los colores saturados y las siluetas dramáticas de los años ochenta, comenzó a imponerse una estética más sobria.

Las líneas se volvieron más limpias, las paletas más neutras y las prendas más simples. Camisas blancas, jeans rectos, vestidos lenceros y abrigos largos pasaron a ocupar el centro del guardarropa. La elegancia dejó de estar asociada a la ostentación y empezó a vincularse con la simplicidad.

Calvin Klein en los ‘90.

Muchas figuras públicas ayudaron a consolidar esa estética. Actrices como Julia Roberts, Gwyneth Paltrow o Jennifer Aniston, y modelos como Kate Moss, representaban ese minimalismo relajado que dominaba la década. También Winona Ryder encarnaba una versión más urbana de ese estilo.

En ese contexto apareció una pareja que, sin proponérselo, terminó encarnando esa nueva forma de vestir.

Carolyn Bessette: la mujer que hizo del minimalismo un símbolo

Antes de convertirse en una figura pública, Carolyn Bessette trabajaba como publicista en Calvin Klein, una de las marcas que definieron la estética de los años noventa. La década estuvo marcada por el minimalismo, y la firma impulsó una moda basada en líneas limpias, colores neutros y prendas simples pero precisas. Sus campañas ayudaron a consolidar una nueva idea de elegancia: menos ornamentación y más atención a la silueta y a la calidad de las prendas.

Ese universo visual se reflejaba claramente en la forma de vestirse de Carolyn. Su guardarropa estaba compuesto por piezas muy definidas: camisas blancas impecables, jeans rectos, abrigos largos, trajes sastreros simples y vestidos lenceros que caían con naturalidad sobre el cuerpo.

Muchas veces se la veía vestida completamente de negro o en combinaciones neutras, pero su estilo no se limitaba a esos tonos. Aunque el minimalismo era la base de su estética, en algunas ocasiones incorporaba color o estampados, incluido el animal print, siempre con la misma lógica de sobriedad.

También llamaba la atención su relación con los accesorios. Carolyn prácticamente no usaba joyería: rara vez se la veía con aros, pulseras o anillos llamativos. En cambio, sus gestos de estilo eran más sutiles. Los anteojos de sol, las vinchas o diademas carey y los abrigos perfectamente cortados se convirtieron en parte de su identidad visual.

Con el tiempo, ese tipo de elegancia comenzó a ser interpretado como el antecedente de lo que hoy se conoce como quiet luxury: una estética basada en prendas de calidad, diseño limpio y ausencia de ostentación.

Belleza natural… y labios intensos

Su forma de entender la belleza acompañaba su estilo. El maquillaje era mínimo, la piel se veía natural y el rostro aparecía prácticamente sin artificios.

Sin embargo, aunque muchas veces llevaba los labios en tonos nude o rosados suaves, en varias ocasiones elegía colores más intensos. Los marrones profundos y los rojos oscuros formaban parte de su maquillaje en los años noventa y ayudaban a crear un contraste elegante con su piel clara y su cabello rubio.

Entre los productos que se asociaron con su look aparecen el labial Brownie de Bobbi Brown y el delineador Spice de MAC Cosmetics, referencias habituales cuando se intenta recrear su maquillaje.

Su cabello rubio, ligeramente despeinado, también era parte de esa estética. No buscaba un acabado demasiado pulido y muchas veces lo llevaba suelto o recogido con una vincha simple.

En cuanto al perfume, su fragancia insignia era el aceite de almizcle egipcio Abdul Kareem —la white tee de los perfumes, como lo describió una revista de México— pero ya no se consigue fácilmente. Por eso, algunas notas de belleza señalaron que una alternativa son los perfumes con almizcles modernos y un ejemplo es Narciso Rodriguez For Her. Es conocido por sus notas limpias que encajan a la perfección con Carolyn.

John John: el estilo relajado del heredero americano

Si Carolyn representaba el minimalismo elegante de los noventa, John F. Kennedy Jr. —conocido por la prensa como John John— encarnaba una versión relajada del estilo masculino estadounidense.

Su forma de vestir combinaba la tradición de su familia pero como “quien no quiere la cosa”. Los trajes oscuros bien cortados eran parte de su guardarropa, especialmente en eventos formales o en su trabajo como editor de la revista George.

Pero en cuanto a su estilo cotidiano era mucho más relajado. Uno de sus looks más recordados era la combinación de jeans rectos con blazer oscuro y camisa blanca. Era una fórmula simple que transmitía su elegancia sin esfuerzo. La camisa ligeramente abierta en el cuello o las mangas arremangadas le daban a la imagen una sensación de naturalidad.

Otro look frecuente era el traje oscuro con anteojos de sol, que reforzaba su imagen pública. Incluso en esos contextos formales, su estilo nunca parecía rígido.

También tenía un costado deportivo muy marcado. Era habitual verlo con remeras básicas, camperas livianas o gorras de béisbol, un look sporty que anticipaba algo que hoy es muy común: la mezcla entre ropa casual y prendas clásicas dentro del mismo outfit.

Y cabe mencionar, que uno de los elementos más distintivos de su estilo era la boina. La usaba con frecuencia en sus looks casuales y con el tiempo esa prenda terminó convirtiéndose en uno de sus sellos distintivos.

Pero si había un accesorio que realmente definía su imagen era la bicicleta. En muchas de las fotografías más recordadas de los años noventa se lo ve recorriendo Nueva York en bici, una escena cotidiana que terminó convirtiéndose en una especie de firma personal de estilo.

Ese detalle también decía algo sobre su personalidad: a pesar de pertenecer a una de las familias más poderosas y famosas de Estados Unidos elegía moverse por la ciudad de la forma más simple posible. Entonces, la bicicleta no solo fue parte de su estética urbana, sino también una imagen que reforzaba su carácter cercano. Ese gesto aparece repetidamente en la serie que hoy vuelve a poner su historia en el centro de la conversación.

Y este hombre sencillo, en 1988 fue elegido “Sexiest Man Alive” por la revista People, un reconocimiento que reflejaba el magnetismo que generaba su presencia pública.

Una pareja que definió una era

Juntos proyectaban una imagen que iba más allá de la moda. Él pertenecía a una de las familias políticas más famosas de Estados Unidos y representaba una especie de realeza moderna. Ella, en cambio, evitaba la exposición pública y parecía incómoda con la atención mediática.

Ese contraste contribuyó a construir el mito que los rodea hasta hoy. Las fotografías de la pareja caminando por Manhattan terminaron convirtiéndose en una especie de archivo visual de los años noventa.

Tal vez por eso su imagen vuelve a fascinar. En una época marcada por la velocidad de las tendencias, su simpleza y naturalidad resulta admirable.