En las aulas, el impacto del Último Primer Día (UPD) se siente. Estudiantes desvelados, algunos con signos evidentes de consumo de alcohol, euforia colectiva. Es una jornada que, en muchos casos, comienza con más ruido que reflexión. Frente a esto, las miradas entre los profesores no son unánimes.
“Es la nueva forma de rebelarse”, sostiene el profesor Andrés Ale, referente de NED (Nuevo Espacio Docente). Para él, el UPD puede leerse como un fenómeno cultural más profundo.
“Es una rebelión al sistema. Lo que antes era hacerse la yuta o escaparse del colegio, hoy se traduce en estos festejos que muchas veces se caracterizan por el descontrol y el consumo excesivo de alcohol”, sostiene.
Desde su mirada, no se trata solo de una fiesta: es una expresión generacional. Una manera simbólica de marcar territorio frente a una institución que, para muchos jóvenes, representa reglas, horarios y exigencias.
En su caso, el desafío no es solo pedagógico. También es personal. Ale es padre de tres hijos -de 20, 17 y 16 años- y la más chica está por comenzar el último año de secundaria, con su propio UPD este fin de semana. Los otros dos ya atravesaron esa experiencia.
“El reto es adaptarnos como padres y también como docentes. Creo que la prohibición no es el camino, pero sí establecer límites claros en una generación que no está acostumbrada a los límites y que después tiene muy poca tolerancia a la frustración”, reflexiona.
En su casa, la consigna es directa: “yo les digo a mis hijos: el límite sos vos. Tenés que saber controlarte”.
Último Primer Día: lo que necesitás saber para cuidar a tu hijo¿Castigo o acompañamiento?, le consultamos. Lejos de promover sanciones automáticas, Ale propone transformar el primer día de clases en una oportunidad pedagógica.
Sugiere que las escuelas organicen un espacio de convivencia para los estudiantes de sexto año: un desayuno compartido, un momento de encuentro y reflexión que permita canalizar la energía de la noche previa. “Es un día en el que todos llegan desvelados. Obviamente, el que llega alcoholizado deberá irse a su casa. Hay límites que no se pueden cruzar”, aclara el docente.
Para el profesor de ética y moral, el camino no es el castigo como única respuesta, sino el acompañamiento con reglas claras. “Hay que acompañar y poner límites”, insiste.
“No estoy de acuerdo”
No todos los docentes comparten una mirada conciliadora. La profesora Liliana Carabajal, con más de 15 años de experiencia en el nivel secundario, es categórica: “no estoy de acuerdo con estos festejos”.
Según relata la profesora de lengua, cada año la situación se agrava. “La idea es llegar ‘quebrados’ al primer día de clases. Me ha pasado tener sentados en el pupitre a chicos muy alcoholizados”, afirma la profesional.
"No vamos a dejarlos entrar": la estricta advertencia del Gobierno por los festejos del UPDPara Carabajal, el problema tiene un responsable claro: la falta de límites desde el hogar. “Los padres no quieren poner límites. Los chicos se arriesgan, viven situaciones muy peligrosas en estos festejos, lejos de todo tipo de control”, advierte.
En su experiencia, la presión de “ser parte” pesa más que cualquier advertencia. “No se lo quieren perder. Es una cuestión de pertenencia. El problema es cuando no hay un adulto responsable”, explica.
Carabajal reconoce que el UPD llegó para quedarse y las escuelas deben pensar cómo abordarlo. No obstante, su punto de vista es categórico: “a los alumnos que llegan alcoholizados no se les puede permitir que ingresen”.
Último Primer Día (UPD): el ritual que desborda a padresAlgo así es lo que determinó el Gobierno de Mendoza, donde se presentó un protocolo para las escuelas secundarias de gestión estatal y privada. Uno de los puntos centrales del protocolo denominado “UPD 360. Antes, durante y después”, es que los padres o tutores deberán firmar un acta de compromiso, en la que asumirán la responsabilidad de supervisar a sus hijos durante la celebración y garantizar que no consuman alcohol ni otras sustancias.