Se desconoce cuántas personas tienen la enfermedad de Parkinson en Argentina. Se estima, sin embargo, que cerca de 100.000 personas conviven con esta patología crónico-degenerativa del sistema nervioso central. Al ser la segunda enfermedad neurodegenerativa más presente en el mundo –después del Alzheimer–, es importante estar atentos a la sintomatología.

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Generalmente, el Parkinson se diagnostica entre los 50 y 60 años, lo que no implica que no pueda haber casos precoces o diagnósticos aún más tempranos. Un especialista explicó en el diario La Nación cuál es el principal síntoma que puede reconocerse entre los 30 y los 40 años y que, aunque puede parecer que se trata de una condición de otro origen, es uno de los indicadores de Parkinson a los cuales se debe atender.

El síntoma que puede indicar Parkinson en la juventud

La enfermedad de Parkinson se origina con la pérdida de células productoras de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor que regula el movimiento y que, cuando está ausente, desencadena esta afección. Aunque sus síntomas más característicos suelen ser temblores leves y pérdida del olfato, pueden no ser los que aparecen primero.

El doctor en Ciencias Biológicas e investigador especializado en Parkinson, Juan Ferrario, explicó que en el 90% de los casos la enfermedad se manifiesta después de los 50 años. Pero hay un componente genético que puede adelantar la aparición de síntomas drásticamente. “El primer síntoma detectable es la rigidez muscular”, precisó Ferrario e indicó que inicialmente es difícil de detectar.

Hay situaciones particulares en que el Parkinson tiene un origen hereditario. Estas constituyen aproximadamente el 10% de los casos. “En estas situaciones particulares, la enfermedad puede manifestarse mucho antes de lo previsto. Incluso a partir de los 10 años o en la franja de los 30 a 40 años”, detalló.

10 signos de alerta temprana, según la Parkinson’s Foundation

- Temblor de manos, dedos, mentón, labios o piernas en estado de reposo o contracción de extremidades.

- Letra pequeña o cambio radical y repentino en la forma o el tamaño en que se escribe.

- Problemas para oler alimentos como bananas, pepinos en vinagre o canela. Alteraciones del olfato.

- Problemas para dormir o movimientos repentinos durante el sueño.

- Dificultad para caminar o moverse; rigidez en el cuerpo, brazos o piernas.

- Estreñimiento constante o frecuente; esfuerzo para defecar.

- Cambio en el volumen y tendencia a la baja de la voz.

- Aspecto de máscara, rostro con expresión de enojo, seriedad o depresión; falta de parpadeo o de gestos faciales en general.

- Mareo al levantarse de una silla o de la cama causado por la baja presión arterial.

- Cambio en la postura y encorvamiento de la espalda al estar de pie.