La llegada de Bad Bunny a la Argentina se vive no sólo como la visita de una estrella internacional, sino como la confirmación de un fenómeno cultural que atraviesa territorios y lenguajes. El artista puertorriqueño ya se encuentra en Buenos Aires para brindar tres shows consecutivos en el estadio Monumental de River Plate, en el marco de su gira mundial “Debí tirar más fotos World Tour”.
El artista puertorriqueño llegó a la capital argentina alrededor de las 4.45 de la madrugada del martes, justamente tres días antes de la primera función, y se instaló en un hotel de Recoleta, uno de los barrios más elegidos por artistas y celebridades por su tranquilidad, seguridad y cercanía con algunos de los restaurantes y espacios culturales más cotizados de la ciudad.
Esa misma noche, luego de su arribo y tras sortear el intenso dispositivo de seguridad que lo acompañó desde el aeropuerto, el cantante salió a cenar a NESS, un restaurante de cocina de autor ubicado en el barrio de Núñez y reconocido por su propuesta de fuegos y productos argentinos de estación.
La visita del artista al restaurante generó expectativa en la puerta del local, donde la presencia de guardaespaldas y un equipo de seguridad fue tan notable como la propia figura del músico. Según trascendió, Bad Bunny llegó con gorra, lentes y capucha, intentando pasar desapercibido, aunque fue cordial y distendido con el personal del lugar.
Allí disfrutó de una experiencia gastronómica que combinó una mini cata de vinos argentinos -con etiquetas de regiones como Jujuy, Mendoza, Salta, Patagonia y San Juan- con platos de autor como pan a las brasas, chipirones con huancaína negra y cerdo con chili crisp, además de un postre que le gustó tanto que pidió dos porciones extra para llevar al hotel: un flan de halva, dulce típico con influencias de Medio Oriente, muy valorado por los comensales más exigentes.
Pileta infinita y vistas panorámicas: así se impone la mansión de Bad Bunny en Los ÁngelesCon este gesto, que mezcla la simplicidad de un gusto personal con la sofisticación de la alta cocina porteña, Bad Bunny no sólo se dejó ver en un contexto lejano a los escenarios masivos, sino que también reconoció la gastronomía local como parte de su experiencia porteña.
Expectativa urbana
Mientras tanto, en las calles de Recoleta y de Núñez, la presencia del cantante se convirtió en tema de conversación. Desde los turistas que pasean por la zona con cámaras hasta los vecinos que notan un movimiento inusual de servicios de seguridad y autos de alta gama por las noches, su llegada puso a Buenos Aires en un clima de anticipación festiva.
Los conciertos están completamente agotados desde hace semanas, con más de 200.000 entradas vendidas para las tres funciones, lo que sin duda convierte a Buenos Aires en una de las paradas más resonantes de esta gira global.
Cuánto cobró una caña de azúcar en el show de Bad Bunny y por qué el dato se volvió viralLa apertura de puertas está prevista para media tarde, varias horas antes de que Bad Bunny suba al escenario, y la organización armó accesos diferenciados según sectores -plateas, campo delantero, “Los Vecinos” y demás- para ordenar el ingreso del público.
Este movimiento masivo de fanáticos no sólo tiene impacto en la cultura musical porteña, sino también en la logística urbana, ya que desde el transporte público reforzado hasta clubes y bares que se preparan para recibir a quienes llegan desde distintas provincias argentinas y países vecinos para vivir la experiencia completa.
La visita de Bad Bunny se da en un momento particularmente intenso de su carrera. Tras el impacto de su show de medio tiempo en el Súper Tazón 2026 -donde presentó repertorio íntegramente en español y resaltó su identidad latina y cultural- y luego de ganar premios como el Grammy a Álbum del Año por “Debí tirar más fotos” (un hito para un álbum totalmente en español), su paso por Buenos Aires suma un elemento más a la conversación cultural sobre música urbana, identidad y presencia latina en escenarios globales.
Bad Bunny puso a bailar a su ciudad natal en Puerto RicoPara muchos jóvenes argentinos, este “finde” largo de febrero no sólo significará asistir a un recital, sino ser parte de un fenómeno que amalgama música, pertenencia generacional y conversación social. Desde los hoteles de Recoleta hasta los restaurantes de alta cocina en Núñez, pasando por la efervescencia alrededor del estadio River Plate, Bad Bunny no vino sólo a tocar: vino a dejar una huella local que se sentirá durante semanas.
El set list del concierto
El show propone un recorrido por distintas etapas de su obra
Aunque no fue confirmado de manera oficial, en la previa de los shows en River comenzó a circular el repertorio que Bad Bunny viene repitiendo en las fechas del “Debí tirar más fotos World Tour”. La lista combina temas de su último disco con hits que marcaron su carrera y que suelen encender al público en vivo.
Entre las canciones que podrían sonar en el Monumental de Núñez aparecen “La Mudanza”, “Callaíta”, “Tití Me Preguntó”, “Me Porto Bonito”, “Yo Perreo Sola”, “Efecto”, “Safaera”, “DÁKITI”, “Ojitos Lindos”, “El Apagón” y “DtMF”, entre otras.