Lo que ocurrió la noche del 6 de enero y la madrugada del día siguiente en la casa de Santo Domingo al 1.100 sigue siendo un misterio. Las versiones son varias, pero los investigadores se inclinaron por una que tiene tintes sexuales y que pudo ser reconstruida a partir de los testimonios de los familiares de Érika Antonella Álvarez.
Sergio Peralta, hermano de la víctima, dijo que la joven, convocada por Felipe “El Militar” Sosa, participaba de fiestas con pocos asistentes en las que se consumían drogas y se concretaban encuentros sexuales grupales. También declaró que conocía a Justina Gordillo por ser la mujer que insultó y amenazó a Érika por mantener tríos con ella y su novio. Incluso habrían presentado un video grabado con un celular en el que se veía a una mujer a la que describieron como una “veterana” y que, tras algunas averiguaciones, descubrieron que podría tratarse de la pareja del único acusado por el crimen.
La técnica en marketing y empleada de la Superintendencia de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia negó esa relación. “No tengo ninguna adicción y a esa joven no la conocía”, declaró en la audiencia en la que se dispuso su prisión preventiva por tres meses. El fiscal Pedro Gallo la acusó de haber colaborado en el ocultamiento del cuerpo, la eliminación del celular de la joven asesinada y de haber ayudado a Sosa a fugarse.
Sus defensores, María Florencia Abdala y Camilo Atim, intentaron sin éxito anular la acusación al considerar que el “delito de encubrimiento no es punible para las personas que están en pareja o en una relación sentimental, de acuerdo con el artículo 277, inciso 4, del Código Penal”.
Demacrada
A Gordillo, de 48 años, separada y madre de dos hijos adolescentes, se la notó demacrada durante la audiencia en la que fue formalmente acusada. Los abogados que la asisten señalaron que está sufriendo un trastorno de ansiedad y atravesando un período de depresión a raíz de la situación que está viviendo.
Un despliegue para ocultar el crimen de Érika Antonella ÁlvarezEl juez Bernardo L’Erario Babot ordenó que recibiera atención médica. También le recordó que podía presentarse en la fiscalía para ampliar su declaración. En otras palabras, le sugirió que contara todo lo que supiera para mejorar su situación procesal.
Sus allegados, especialmente su grupo familiar, prefirieron no hacer declaraciones. Sólo algunos, sin aportar nombres y apellidos, concentraron sus críticas en Sosa. Lo calificaron como una persona manipuladora, emocionalmente inestable y violenta. “Creo que ella tiene mucho miedo y por eso no habla”, explicó una amiga de la acusada. “Si le ofrecen garantías y protección, no tengo dudas de que puede contar muchas cosas”, añadió.
Las macabras maniobras para ocultar el cuerpo de Érika ÁlvarezEl miedo a “El Militar” fue confirmado por varios de los testigos que declararon en la causa. No sólo afirmaron que era una persona violenta, sino que además indicaron que tenía muchos vínculos con el poder que siempre lo ayudaban.