Ensaya vacunas y sumó a Tucumán en un estudio que puede cambiar la historia de la bronquiolitis

Ensaya vacunas y sumó a Tucumán en un estudio que puede cambiar la historia de la bronquiolitis

El médico Llapur lideró las pruebas locales de un fármaco en investigación contra el virus sincicial respiratorio que corroboraron una efectividad del 81% en recién nacidos. Los efectos son todavía mayores en adultos mayores. “Si esta vacuna consigue entrar en el calendario, modificará el panorama de manera radical”, dice el neumonólogo infantil

Tucumán forma parte del conjunto de poblaciones que está aportando evidencia para vencer a uno de los virus más tenaces y dañinos, el sincicial respiratorio (RSV por sus siglas en inglés), responsable de las enfermedades pulmonares que hospitalizan a más bebés en el mundo y de la mayor parte de las neumonías virales que se sufren en la tercera edad. Esa lucha de décadas parece haber encontrado, finalmente, una vacuna. Se trata de un fármaco del laboratorio Pfizer que está en una etapa avanzada de investigación, y que logró resultados muy alentadores en la prevención y morigeración de las bronquiolitis que padecen los recién nacidos, y todavía mejores efectos respecto de la neumonía bilateral que afecta a los adultos mayores. Ambas patologías provocadas por infecciones con el sincicial respiratorio pueden generar trastornos severos y, eventualmente, la muerte.

Los hallazgos del estudio son extremadamente esperanzadores, según Conrado Llapur, el neumonólogo infantil e investigador que desde la década pasada conduce ensayos de medicamentos con impacto masivo en la provincia. “Si esta vacuna consigue entrar en el calendario, modificará el panorama de manera radical”, observa el médico durante una entrevista en el despacho principal de la Clínica Mayo. “La disminución de las hospitalizaciones representa un beneficio gigante. Esto se vio de manera clara cuando comenzó a surtir efecto la vacunación contra la covid-19. El sistema de salud dejó de estar colapsado”, ejemplifica el facultativo, que dirige el Departamento de Investigación de la Clínica Mayo, y, además, desarrolla investigaciones clínicas en el Sistema Provincial de Salud y trabaja en Neumonología Pediátrica en el Hospital de Niños.

La temporada del sincicial respiratorio ya empezó en el hemisferio austral y llegará a su pico en el invierno, cuando suele saturar las terapias de los centros sanitarios. Si bien el estudio del fármaco de Pfizer no terminó, está comprobado que los bebés de 81 de cada 100 embarazadas vacunadas lograron evitar las bronquiolitis más riesgosas, es decir, contrajeron a lo sumo formas leves.

“El proceso consiste en vacunar a la madre, que ya tuvo contacto con el virus más frecuente de la bronquiolitis, durante la gestación. A las dos semanas, la paciente dispone de anticuerpos y, por medio de la placenta, los transmite al bebé para que este nazca con defensas”, explica Llapur. Los cuadros más graves de la bronquiolitis ocurren hasta los tres meses de vida, en especial durante los primeros 45 días. “No se puede aplicar la vacuna directamente al bebé porque su organismo no logra generar los anticuerpos con la rapidez que exige una enfermedad que se contagia al nacer”, dice el médico.

El sincicial respiratorio también hace estragos en adultos mayores con comorbilidades, que a menudo confunden aquel virus con el que causa la gripe. En este sector de la población, la vacuna testeada alcanzó una efectividad superior al 85%. Esta novedad y la relativa a los recién nacidos recibieron la validación de The New England Journal of Medicine, una de las revistas más prestigiosas de la disciplina. En abril se publicaron los resultados preliminares en dos artículos firmados por Llapur entre una veintena de investigadores internacionales que participan en los grupos de trabajo con embarazadas y bebés, y ancianos denominados respectivamente “Renoir” y “Matisse”. Las pruebas tuvieron lugar en urbes como Berlín, Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Nueva York, Manila, Utrecht, Helsinki, Santiago de Chile, Christchurch, Porto Alegre y Ciudad de México. Por la Argentina intervinieron Buenos Aires y San Miguel de Tucumán.

Tarde para Wuhan

Llapur dice que “es de acá”. Acto seguido hace la siguiente precisión: “nací en Santa María, Catamarca. Mis padres fueron médicos rurales en un pueblo llamado San José. Después nos instalamos en la capital tucumana. Estudié en el Gymnasium de la Universidad Nacional de Tucumán y, luego, ingresé en la Facultad de Medicina de la misma casa. Hice mi residencia de Pediatría en el Hospital Italiano de la Ciudad de Buenos Aires. Después, Neumonología en el Garrahan. De ahí me fui a los Estados Unidos: trabajé en investigaciones pulmonares en la Universidad de Indiana. Por la familia, volvimos a Tucumán, donde me integré al Servicio de Neumonología del Hospital de Niños y a la cátedra de Investigación de la Facultad de Medicina”.

Mientras trabajaba en Tucumán, Llapur seguía vinculado a proyectos de investigación académica en los Estados Unidos. Esos trabajos sobre crecimiento pulmonar en condiciones de hipoxia ambiental en zonas como La Quiaca y Tafí del Valle forman parte de la tesis doctoral que defenderá próximamente. En paralelo, allá por 2011, el médico comenzó a hacer ensayos para la industria farmacéutica relacionados con asma. “En 2017 llegó el primer estudio con vacunas contra el sincicial respiratorio, que es el virus que produce la bronquiolitis más frecuente. Lo hicimos en la Maternidad con el laboratorio Novavax. Nos fue muy bien: trabajamos dos temporadas con casi 200 pacientes, aunque no se alcanzó la efectividad esperada”, relata.

Si bien aquel primer estudio con vacunas contra la bronquiolitis no llegó al objetivo primario, la experiencia sirvió para que el equipo de Llapur se preparara para lo que vendría después: la pandemia. “Hicimos diferentes estudios relativos a la covid-19 hasta que recibimos uno de vacunas contra el coronavirus basadas en plantas de un laboratorio canadiense. Esto sucedió en mayo de 2021 y fue la primera investigación grande en la Clínica Mayo. Enrolamos cerca de 700 pacientes y la efectividad fue buena, pero, cuando el estudio terminó, ya habían aparecido las cepas que desplazaron a la primera, la de Wuhan, que era la considerada por la vacuna que probamos. Por eso no se avanzó”, comenta el médico. Sin embargo, los testeos que no funcionaron permitieron armar la base para hacer la prueba de Pfizer que sí prosperó y que supone un avance mayúsculo en la batalla contra el sincicial respiratorio.

Trabajo infinito

Los tests farmacológicos que dirige Llapur involucran medicamentos que por lo menos pasaron a la fase dos de desarrollo. La aprobación del estudio no es sencilla: se trata de un trámite de salud pública en el que intervienen al menos seis organismos regulatorios para fiscalizar la conveniencia de practicar las pruebas. “A su vez, el patrocinador del estudio coloca una empresa que hace el acompañamiento. Es decir, todo está muy controlado”, afirma.

La posibilidad de probar nuevos medicamentos tanto en el sector público como en el privado incrementa las posibilidades de Tucumán de intervenir en los estudios porque se trata de poblaciones distintas, según Llapur. No todos los distritos del país disponen de este potencial para desarrollar un ensayo multitudinario, que requiere de una estructura en condiciones de entrar en acción de inmediato. Por lo general, las aprobaciones se logran con la participación de países de los hemisferios norte y sur. “Suele creerse que las investigaciones se hacen en los países pobres, pero esto no es así. En los estudios intervienen los Estados Unidos y Europa”, añade Llapur.

A este esquema global la Argentina aporta tres o cuatro distritos de prueba, entre ellos Tucumán. “La provincia está bien vista y posicionada, en particular con las vacunas. Estudio nuevo que llega, estudio que nos ofrecen. Ello sucede sólo en Buenos Aires, Córdoba y Rosario”, apunta Llapur. En épocas de enrolamiento, tales investigaciones generan casi 100 puestos de trabajo. “Este tipo de estudios es un plus para los individuos que los hacen, pero, también, produce recursos para las instituciones que participan en ellos”, acota.

El médico hace hincapié en las ganancias en términos de calidad y rigurosidad. “Son trabajos que obligan a capacitarse y a someterse a monitoreos muy rigurosos porque no nos olvidemos que intervienen personas que colocan voluntariamente su vida para probar la efectividad de un fármaco. Cuando detectamos un evento adverso, actuamos de inmediato para determinar si está o no relacionado con la prueba. En todas las fases se controla la seguridad del paciente”, manifiesta Llapur. Y añade que, por ejemplo, los técnicos se entrenan en el procedimiento de la Anmat y observan pautas éticas. Consultado sobre el movimiento antivacunas, Llapur recuerda que hoy se puede hacer una vida normal gracias a las medicinas desarrolladas contra la covid-19: “los resultados están a la vista. Nosotros trabajamos para conseguir soluciones que permitan prevenir las enfermedades”. Es lo que, según sus cálculos, disminuirá el impacto del dengue gracias a la vacuna del laboratorio japonés Takeda que acaba de aprobar la Anmat.

En cuanto a su tarea, Llapur está convencido de que generar conocimientos nuevos es la base para el crecimiento de las personas y de las sociedades. Se trata de un emprendimiento permanente. El inmunólogo infantil lo define en estos términos: “es una carrera interminable porque, si debilitamos un virus, seguro que aparecerá otro que ocupará su espacio. Esto es un trabajo inmenso y, por eso, nuestro desafío es sostenerlo en Tucumán”.

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