El supermercado electoral exhibe sus ofertas políticas

En tiempos preelectorales, la política suele adaptarse al lenguaje de la economía. Las candidaturas son como las acciones de empresas que cotizan en Bolsa. Cuando se confirman, automáticamente suben las de aquellos que tienen más chances de ganar. Los inversores no son más que los dirigentes territoriales que intentan aprovechar esa ola con el fin de captar el mayor oxígeno financiero posible para los próximos cuatro años.

En la política, lo que sobra es especulación, como en el mercado. Y aquí se puede hallar una explicación sobre las razones que llevan a Osvaldo Jaldo a no revelar que será el candidato a la sucesión de Juan Manzur. “La postulación es como el dólar: cuando la definís, automáticamente se disparan los precios”, compara un dirigente peronista, al analizar la teoría de la incertidumbre en la oferta electoral para el 14 de mayo. Cuando hay confirmaciones, los apoyos políticos se traducen en inversiones financieras. El precio de los afiches sube, al igual que el costo del transporte en tiempos de elecciones. También se disparan los precios al consumidor por aquel fenómeno de una Argentina que se mueve en un clima preelectoral, pero que no es capaz de diseñar un plan de estabilización económica acorde al momento que se vive. Todo es más caro, incluso el costo de vida de la política, que está en zona de presupuesto sin austeridad fiscal.

Las góndolas del supermercado electoral se van poblando. El oficialismo marca el ritmo, pero sus máximos referentes ya avisaron que no quieren llegar a internas. Son desgastantes y siempre dejan más heridos que bendecidos. La capital se cocina a fuego lento. En el interior, los dirigentes piensan que el peronismo de San Miguel de Tucumán debería imitarlos y hacer política en base a las enseñanzas de Juan Domingo Perón: el que gana conduce; el que pierde acompaña. Eso hoy no es posible. Todos sienten el derecho de ser candidatos; es válido. Pero las rencillas perdurarán. Ayer, en la Casa de Gobierno, se mencionó que la ministra de Gobierno, Carolina Vargas Aignasse, fue hasta la oficina del jefe de Gabinete de la Nación a hablar de política. Ella está interesada en ser candidata a intendente de esta ciudad. Manzur es más cauteloso que siempre y no responde directamente. Presenta el amparo ante la Justicia para que se dilucide si podrá postularse para vicegobernador, pero tiene un ojo en el Congreso. El Senado es, según él, una buena vidriera para sostener protagonismo en la escena política nacional. Una eventual candidatura de Cristina Fernández de Kirchner a senadora podría allanarle el camino hacia ese objetivo. La Cámpora ya dio indicios, a través de Máximo Kirchner, que mira con buenos ojos que el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, compita en la carrera presidencial. Manzur siempre está en las oraciones del ministro camporista. De allí que no se baja del cargo nacional; testea al presidente Alberto Fernández que hoy necesita al tucumano para que no se suba a la fuga de funcionarios que cruzan el río antes de tiempo. Pablo Yedlin no ha dicho nada aún sobre la cesión de la banca. Al no haber un pedido público, considera que aún no hay tal escenario. En cambio, Sandra Mendoza y su esposo, el intendente de Famaillá José Orellana, le comunicaron a Manzur que, en caso de necesitar la banca, no pondrán reparos en cederla, más allá de las interpretaciones acerca de cupo femenino. Orellana considera que esa traba quedó zanjada hasta las elecciones y, por eso, Mendoza podría tener el “gesto político” de entregársela al conductor del PJ tucumano. La diputada Rossana Chahla asoma como una suerte de comodín. La fórmula Manzur-Jaldo no deja de repetir que la ex ministra de Salud Pública mide bien en las encuestas y que podría constituirse en una buena alternativa para la Capital. Si no prospera el amparo manzurista en la Justicia, Jaldo la llevaría como compañera de fórmula.

La oposición busca frenar la eventual candidatura de Manzur, advirtiendo que se trata de una interpretación antojadiza de las pautas constitucionales. En el camino, poco y nada hace para unir fuerzas y, con esa estrategia, tratar de arrebatarle el poder al Frente de Todos en 2023.

Germán Alfaro anticipó que en noviembre dará a conocer públicamente su candidatura a gobernador. El líder del Partido de la Justicia Social argumenta que lo que plantea Manzur es un abuso de derecho por el que sólo intenta perpetuarse en el poder. En un mismo sentido se encamina el radicalismo, que sigue analizando una presentación y advierte que hay jurisprudencia suficiente en varias provincias que han echado por tierra postulaciones eternas de la dirigencia política. En la UCR, además, creen que Roberto Sánchez es el indicado para pugnar por la gobernación. No se prevé todavía un lanzamiento del convaleciente diputado. Otro que ha decidido dar batalla interna a través de la cartelería pública es otro diputado, el peronista disidente Domingo Amaya. El ex jefe municipal -enfrentado con Alfaro- ha expuesto alguno de sus logros de gestión en la Capital para recordar al electorado que es un hombre de gestión. La primera lectura es que buscará sentarse en la mesa de negociaciones para estar en la fórmula gubernamental; la segunda, más clara, es que quiere volver a la intendencia porque, según sus allegados, las encuestas le sonríen. Además, consideran que Alfaro no tiene un nombre de fuste para la sucesión. Eso también es observado con detenimiento por Fuerza Republicana. Si bien su titular partidario Ricardo Bussi juega para la gobernación, no es menor el detalle que, ante tanta diáspora opositora, puede ser una buena opción en esta ciudad, de la mano del libertario Javier Milei.

La moneda sigue en el aire. Lo que sí está claro es que toda la dirigencia pagará un alto costo político. No solo por los enfrentamientos internos, sino también porque la sociedad no observa que esos referentes que asoman en las boletas del cuarto oscuro le aseguren que la Argentina cambiará de humor en el mediano plazo. Eso es lo que le falta a las coaliciones: un diseño real de iniciativas que sostengan hacia dónde quieren llevar a la Argentina, en general, y a Tucumán, en particular.

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