Sexualmente hablando: Acerca de la eyaculación

En la denominada “respuesta sexual humana”, un proceso que atraviesa diferentes etapas -deseo, excitación, orgasmo y resolución-, en los varones y personas con pene, la erección suele preparar y preceder a la eyaculación. Una vez que la erección se ha logrado y se mantiene –y continúan los estímulos adecuados- se originan órdenes a nivel del sistema nervioso que disparan ese evento inmediato y urgente que es la eyaculación. Ésta se desarrolla en dos fases: primero, las contracciones de los conductos deferentes, las vesículas seminales y los conductos eyaculadores, que llevan el líquido seminal y los espermatozoides a la primera porción de la uretra. Luego ocurren una serie de contracciones rítmicas (contracción-relajación) en los músculos urogenitales, que determinan la emisión de semen. Generalmente son seis a ocho contracciones a intervalos inferiores a un segundo. Esta fase no tiene retorno y casi siempre coincide con el orgasmo.

Por qué “casi siempre”? Ocurre que, a pesar de que la mayoría de las personas experimentan el orgasmo y la eyaculación como inseparables, la realidad es que son fenómenos independientes uno del otro.

La aneyaculación

La aneyaculación se caracteriza por la ausencia de fluido eyaculado aun cuando la persona experimenta su orgasmo (el llamado “orgasmo seco”). Es decir que se producen las contracciones rítmicas que causan el placer sexual -el orgasmo-, pero la emisión se ve interrumpida. Las causas pueden ser fisiológicas: consecuencia de cirugías de próstata, de ciertos trastornos neurológicos, efecto secundario de algunos medicamentos, entre otras. Aunque también es necesario explorar la posibilidad de una explicación de orden psicológico que esté afectando el proceso eyaculatorio.

La aneyaculación puede ser parcial o total: algunas personas pueden eyacular durante sueños eróticos, al masturbarse o en relaciones sexuales casuales, pero no con su pareja. En estos casos, lo más probable es que el origen de la dificultad sea psicológico: sentimientos de culpa, temor al embarazo, a perder el control, problemas vinculares, represión sexual, por poner algunos ejemplos.

Eyaculación retrógrada

Otro factor a considerar es la posibilidad de que la eyaculación se esté produciendo pero sin ser expulsada correctamente. Es el caso de la eyaculación retrógrada, en la cual el semen es dirigido hacia la vejiga en lugar de salir por la uretra en el acto sexual. Puede obedecer a una cirugía reciente de próstata o uretra, a una diabetes, o por algunos medicamentos. Se trata de un trastorno relativamente poco frecuente y que, al igual que la aneyaculación, puede ocurrir de forma parcial o total.

Es importante destacar que la presencia de semen dentro de la vejiga es inofensiva y no genera ningún inconveniente porque se mezcla con la orina y se expulsa durante la micción. Sí se convierte en un problema cuando la persona está buscando que su pareja se embarace, ya que la falta de expulsión eyaculatoria imposibilita, obviamente, la fecundación.

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