Falleció el físico Orlando Bravo

En 1956 integró la expedición que llegó hasta el monte Dhaulagiri, el único del Himalaya que no había sido escalado.

19 Nov 2004
De mirada inteligente, de humor punzante, notable conversador, corajudo, Orlando Bravo ya no podrá descabezar un aguardiente. Su sonrisa se apagó ayer, a los 80 años. Hace ya tiempo que peleaba cuerpo a cuerpo con el cáncer; empuñando un bastón se daba maña para seguir en actividad. Su pasión de vida fue el andinismo.
Su trayectoria como físico fue vasta y destacada. Bravo, nacido el 15 de marzo de 1924, estudió en el Instituto Técnico de la UNT y se graduó de licenciado en Física en 1948. Fue discípulo del profesor doctor José Würdschmidt, a quien sucedió en la cátedra de Física Experimental I. Hizo todas las etapas de la carrera docente.
Entre 1952 y 1954, trabajó en problemas de radio-química, bajo la guía de Walter Seelmann-Eggebert. En 1957 se incorporó como investigador en el Laboratorio de Emulsiones Nucleares de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Completó sus estudios de doctorado en la Universidad de Buenos Aires y, en 1959, completó su tesis, bajo la dirección del doctor Juan Roederer. Fue presidente y fundador del Club Amigos de la Astronomía. Durante la última dictadura militar, se exilió en Bolivia, donde llegó a ser vicepresidente de la Sociedad Boliviana de Física.
Bravo solía contar que había escalado solo el Aconcagua. "Llegué a la cumbre en el 54. Me fui templando. En la montaña se arriesga hasta cierto punto. Para escalar hay que estar en buena forma física y con fortaleza mental para poder subsistir en los momentos ingratos", contó.
En 1956, como meteorólogo y escalador, integró la expedición que llegó hasta los 7.300 metros del monte Dhaulagiri, el único de la cadena del Himalaya que aún no había sido escalado. Pero no pudieron hacer cumbre, a causa de los monzones y las nevadas.
Llegó a la cima del Ojo del Salado y del volcán Llullaillaco. "Siempre he sido optimista. Pero no doy una uña de mis manos por la montaña; soy demasiado prudente. Nunca se me ha muerto ningún joven, ni chico, ni viejo, en la montaña. Nunca me pasó nada", afirmaba.