San Donato, una festividad que se diluyó en el tiempo

La fiesta del santo italiano de Arezzo se realizaba en la zona de avenida Mitre y Corrientes. Salesianos.

PROCESIÓN. Un grupo de niñas vestidas como ángeles, que fueron muy aplaudidas por la concurrencia, iban al frente. PROCESIÓN. Un grupo de niñas vestidas como ángeles, que fueron muy aplaudidas por la concurrencia, iban al frente.

En los años 30 del siglo pasado la fe de los tucumanos encontraba una competencia inusitada entre los cultos a San Cayetano, a San Roque y el ahora un poco olvidado San Donato, que se encontraban afincados en tres barrios de la capital tucumana. Mientras los dos primeros se afincaron en la zona este de San Miguel de Tucumán, Donato fue clave en el oeste con eje en la avenida Bartolomé Mitre. Quizás por la cercanía temporal entre los cultos entre Cayetano – el 7 de agosto- y Donato –el 8-, y aún más por cierto deterioro social los pedidos por “paz, pan y trabajo” en alza hayan volcado la fe de los tucumanos hacia el primero de ellos. Pero en los 30 la crónica indicaba que “el ambiente típico, de neto sabor popular ha servido de marco y de medio para las fiestas religiosas realizadas en homenaje al Santo Patrono que tanto devoto tiene entre nosotros, especialmente entre los miembros de la colectividad italiana, cuya bandera y escudo de las calles y en las insignias de los cófrades y devotas” dejaba en claro la trascendencia del culto al obispo de la ciudad italiana de Arezzo que muriera decapitado por orden del prefecto de la ciudad el 8 de agosto de 362.

FERVOR RELIGIOSO. La procesión, encabezada por un gran crucifijo y el santo un poco más atrás, recorría las calles del barrio. FERVOR RELIGIOSO. La procesión, encabezada por un gran crucifijo y el santo un poco más atrás, recorría las calles del barrio.

En el Tulio

Las ceremonias religiosas, que alcanzaron “gran solemnidad”, se realizaban en la capilla del colegio salesiano Tulio García Fernández –donde aún permanece su figura-. La multitud abarrotaba el templo quedando fuera miles de personas que pugnaban por entrar para honrar al santo. Las misas se realizaban durante toda la jornada. Mientras que a lo largo de la Mitre desde la iglesia y hasta la calle Santiago del Estero, en unas dos cuadras se instalaban puesto callejeros que vendían desde comida, dulces, tortas, figuras religiosas, escapularios, rosarios hasta animales vivos. “… una muchedumbre ávida de expansiones y atraída por los premios ofrecidos, se volcó en la avenida Mitre, donde estaban instalados dichos juegos, para probar su habilidad y su suerte”, relataba LA GACETA. Registrando muchas similitudes con las festividades de San Roque la crónica agregaba que “la mayor atracción se notó en los puestos donde se rifaban aves de corral que ha sido el plato fuerte de la típica celebración popular de San Donato. Parece que en la barriada mencionada se hubieran vaciado todos los gallineros tucumanos, en una exhibición de jaulas, en que se apretaban gallinas, pavos y patos esperando el momento del sorteo para ir a poder de su suertudo dueño”. El interesado en ganarse un premio debía pagar 20 centavos, “mientras ávidos contemplaban las aves que pendientes de las manos de los rifadores, exhibían sus carnes fláccidas o robustas, bien o mal emplumadas, mientras daba vuelta al rueda de la suerte que debía decidir el futuro del pobre ser implume”; el relato sigue con aquellos ganadores que “llevaban su ave, lograda en la rifa, mientras los menos felices pensaban en que para la dicha de uno es menester la infelicidad de muchos”.

Sorteos y premios

La figura del santo era un trofeo muy preciado para los concurrentes que atendían “el pregón de los riferos anunciando un San Donato por veinte centavos, provocando la concurrencia de numerosas personas que acudían a adquirir los números. Y luego la rueda girando y el santo adjudicado al ganador”. También podían ser compradas en la decena de puestos que había allí pero por un costo mayor. Tiro al blanco, la casa de la botella, entre otras de las pruebas tradicionales en este tipo de festividades.

A las 16 de aquel 8 de agosto de 1934 se realizó la procesión que era encabezada por un gran crucifijo, protegido por la cofradía; detrás iban niñas “tocadas de blanco como pequeñas religiosas” junto a otras vestidas como ángeles que generaban cariño y amor en el público que acompañaba la marcha. Más atrás iban los sacerdotes con sus mejores galas y los atuendos de rigor para tan importante momento del año para la feligresía y sus pastores. Enseguida aparecía la figura del santo –que había sido sacado en andas de la capilla de los salesianos por decenas de devotos minutos antes- sobre los hombros de los fieles y escoltada por efectivos el Cuerpo de Bomberos, mientras policías de a caballo y a pie se encargaban de mantener el orden y custodia de la imagen. Detrás de Donato seguían los miles de fieles con fervor y toda su devoción puesta en el santo.

La procesión recorría la avenida Mitre hacia el norte hasta la intersección donde está la plazoleta para volver por las calles adyacentes hasta la capilla “en medio de cánticos de los fieles y los acordes de la banda de música”. Después se realizaría la misa principal en su honor. Los fuegos artificiales pusieron el cierre a los tres días de festejos para esta gran “celebración de carácter eminentemente popular”. Los juegos, cantos, risas, siguieron hasta la madrugada de aquel domingo con la esperanza de repetirse al año siguiente.

Salesianos

Podemos decir que la centralidad del Tulio para estos festejos se fue generando a partir de su fundación allá por 1925 y se volvió protagónica en la década de 1930. De tal manera que durante la etapa de construcción del establecimiento, y antes, las fiestas a Donato se hacían en el cruce de avenida Mitre y Corrientes. Por ejemplo en 1922 las fiestas se desarrollaron los días 6 y 7 de agosto, o sea sábado y domingo. Las actividades comenzaban a las 6 con 21 cañonazos y luego misa solemne realizada por el párroco de Villa Luján y demás sacerdotes de la zona. También se realizaban comuniones, bautismos y hasta casamientos. Había juegos para todos como palo enjabonado, carrera de embolsados y de burros, entre otros. El día siete en horas de la tarde, más precisamente a las 16 se realizaba la procesión. El recorrido según nuestra crónica era “seguirá por Corrientes hasta la segunda paralela (estimamos que Lucas Córdoba) a B. Mitre doblando por Santiago hasta Mitre y de esta a Marcos Paz siguiendo hasta la primera paralela (que sería 12 de Octubre ahora y Ramón Franco por entonces) a B. Mitre para terminar en Corrientes”. La figura del santo era custodiada por un “piquete del cuerpo de bomberos, la banda de música de la provincia y otra particular”. Por la noche la ceremonia se cerraba con fuegos artificiales “quemados en concurso por varios renombrados pirotécnicos de esta ciudad”. Tras ello las autoridades entregaban el premio a dicho ganador. Debemos destacar que a partir de 1927 el recorrido de la procesión sufrió un cambio: “continuando por esta (Mitre) hasta el edificio de los Salesianos, Córdoba, de donde regresa por B. Mitre hasta Marcos Paz y doblando por la primera paralela y de esta al punto de partida”. En aquel mismo año hubo otra novedad que fue una carrera de bicicletas que recorrió cuatro veces el circuito formado por Corrientes, Lucas Córdoba, Santiago, Mitre hasta Corrientes.

La fiesta del santo italiano de Arezzo se realizaba en la zona de avenida Mitre y Corrientes. Salesianos

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