Sexualmente hablando: El síndrome de la impostora

-“¡Qué lindo eso que tenés puesto!” -“¿Esto? Tiene 1.000 años”.

-“¡Qué rica te salió la comida!” -“Ya te voy a pasar la receta, es una pavada”.

-“¡Te felicito por el ascenso!” -“Gracias, tuve mucha suerte la verdad”.

¿Cuántas veces hemos escuchado este tipo de respuestas por parte de mujeres que están siendo halagadas o connotadas positivamente de algún modo? Una forma de minimizar sus propios logros y cualidades, descalificarlos, restarles importancia o atribuirlos al azar o a la providencia divina. Se trata de un hábito muy frecuente y hasta naturalizado. Lo que subyace es un: “No merezco el reconocimiento que me estás dando. No te equivoques: no soy tan linda, ni tan hábil, ni tan competente”.

Aunque no es un trastorno mental reconocido oficialmente, se han escrito diversos artículos y libros sobre el llamado “síndrome del impostor” (o de la impostora): fenómeno psicológico, común sobre todo en mujeres, por el cual una persona no puede internalizar sus méritos y convive con el miedo a que se descubra el “engaño”.

El término fue acuñado en los años 70 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, cuando publicaron un artículo verdaderamente significativo, resultado del análisis de un grupo de mujeres notables. Curiosamente, encontraron que la mayoría desconfiaba de sí mismas, pensaban que su éxito había sido un fraude o un malentendido, lo cual, tarde o temprano, se descubriría.

Algunas posibles causas del síndrome son ciertas dinámicas familiares que socavan la autoestima, llevadas a cabo durante la infancia, como por ejemplo las comparaciones entre hermanos, parientes y amigos, o la presión que ejercen los padres. Más allá, obviamente, de una cultura patriarcal que históricamente ha transmitido la creencia de que los hombres lo hacen todo mejor y que son ellos los que deben destacarse. Porque si una mujer tiene éxito… ¿qué habrá hecho para conseguirlo?

De publicación reciente, “El síndrome de la impostora. ¿Por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas?” es obra de la periodista Elisabeth Cadoche y la psicoterapeuta Anne de Montarlot. Allí interpelan: “No eres ningún fraude y no has tenido un golpe de suerte. Empieza a creer en tí y en tu talento. Si tú también sientes que eres un fraude, tranquila, no eres la única. Es el síndrome de la impostora: una falta de autoestima que te lleva a dudar constantemente de tu potencial”. Quienes se sienten de esta forma suelen gestionar mal sus carreras profesionales, tratando de no hacer mucho ruido, para que nadie advierta que están allí, ocupando el lugar que otros -“verdaderamente capaces”- se merecen.

Impostora en la cama

Imposible que esta lógica ilógica de pensamiento, que esta falta de autoestima, no se cuele bajo las sábanas. Muchas mujeres hétero se atormentan porque no se sienten lo suficientemente hermosas o porque les da inseguridad ciertos rasgos de su cuerpo. Se cuestionan sus “habilidades amatorias” o dudan de si en verdad son deseables. Claro, suelen comparar sus cuerpos con modelos inalcanzables y por lo general piensan que sólo las jóvenes, flacas y hegemónicamente hermosas son capaces de gozar y hacer gozar a otros.

Lo paradójico es que este tipo de mujeres inseguras son muy poco exigentes a la hora de evaluar cuán atractivo les resulta su eventual partener o qué tan creativo se muestra en la cama. Toda la exigencia cabe sobre ellas. ¡Expertas en maltratarse!

Por eso, qué importante es empezar a detectar las veces en que nuestras actitudes, palabras, pensamientos y/o conductas tienen que ver con esta despiadada manera de relacionarnos con nosotras mismas. Cortar la historia de desvalorización que nos contamos y empezar a decir simplemente “¡gracias!”, con una amplia sonrisa, cuando recibimos un halago.

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