Tucumán tiene fantásticos recursos que lamentablemente no son potenciados

22 Junio 2022

Martín Piliponsky Braier - Bailarín y profesor de danza

Me gusta pensar que mi trabajo como artista es reconocer el recurso, ver aquello que suma, que sirve, que existe y potenciarlo, en lugar de mirar aquello que falta o que no funciona. El arte es, para mí, esa capacidad de potenciar el recurso existente y expandir la conciencia de todo lo que está a mi alrededor. Tucumán tiene fantásticos recursos que lamentablemente no son potenciados. Se quedan a mitad de camino en sus procesos y no dan luz.

Un claro ejemplo fue mi última experiencia con el Ballet Contemporáneo de la provincia. Puedo asegurar por mi trayecto en el extranjero que existen pocos espacios artísticos destinados a la danza contemporánea con las características como el que tenemos. Excelentes bailarines con ganas de mover no solo sus cuerpos sino también los parámetros a los que seguimos sometidos en una sociedad que demanda ampliar sus maneras de comunicarse. Este grupo me ha demostrado -en mi contacto con ellos- la carencia de libertades para manifestar un cuerpo libre, libre de ataduras, de formas, de estructuras, etcétera. La danza es una clara manifestación del espíritu humano, de los tiempos que vivimos.

Creo en profundidad en su capacidad pedagógica, escénica y transformadora. Es necesario modificar nuestros parámetros para dejar que los procesos creativos se expandan y desborden en una sociedad. No podemos seguir utilizando estructuras caducas y rígidas. La sociedad así no puede avanzar.

En esa experiencia con el Ballet de la Provincia me quedó la sensación de haber cocinado una gran comida para la comunidad y antes de servirla, tirarla al suelo y desperdiciarla. Simplemente, porque los entes oficiales no logran concretar proyectos previstos, no poseen la capacidad para contener las acciones de los artistas desde una plataforma más flexible. Fue bastante movilizante, lo cual después de 28 años ininterrumpidos dedicados a la pedagogía, decidí darme un break, optar por un año sabático y dedicarme a otra práctica que me apasiona, la arquitectura. Me sirvió básicamente para darme cuenta que no puedo dejar de bailar.. Que es fundamental ampliar los límites de lo que creo y abrir nuevos horizontes para lo que tenga que venir.

Un mundo, una sociedad que atraviesa una pandemia, debe poder reconocer aquello que ya no funciona y usar sus recursos existentes. No creo que debamos construir nada nuevo, sino usar lo que tenemos, reconocernos por lo que somos y no por lo que no somos.

El recurso jamás, a mi criterio, es económico. El claro pretexto de las instituciones es siempre la falta de dinero. Y realmente no es ése el recurso determinante para que las acciones artísticas sucedan. Sólo demuestra cómo el sistema burocrático dirige de manera contraria aquellos postulados de libertad o creatividad que los bailarines estamos necesitando. Escribo este artículo desde mi lugar como artista y no como denuncia; pienso que es fundamental el repensar nuestras maneras de ejecutar el arte. Hoy, en Tucumán, la escena independiente puede alojar aquello que lo institucional no logra hace ya un tiempo. Siempre la intención es de estar disponibles: un cuerpo disponible no lucha por la paz, la encarna y la posee. Un cuerpo abierto es también una posibilidad de cortar cadenas violentas, y la danza es esa manifestación.

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