Los relojes no dan la hora

Hay instituciones que necesitan adelantar sus relojes. Y en la política no faltan los que quieren forzar el ritmo de las entidades públicas.

Los relojes no dan la hora

Uno de los pasillos más largos del mundo es el que va desde la puerta del Centro Cultural Eugenio Virla hasta el auditorio de la Universidad Nacional de Tucumán. Decían que recorrerlo era mágico porque hay quienes entraban con algunas convicciones y llegaban con otras. Atravesarlo podía convertir una certeza de la noche anterior en una duda indescifrable. Ese corredor eterno es capaz de transmutar rostros alegres en tristes; y proyectos, en desazones. Hay quienes arriesgan que en esos casi 40 metros hay por los menos una decena de votos que se cambian y, por supuesto, los que se confirman. Al final del pasillo, después de superar los embrujos de la hechicería universitaria, a los electores los espera el “Túnel del tiempo”.

En aquella serie que los tucumanos veían en blanco y negro hace medio siglo, los doctores Tony Newman y Douglas Phillips viajan a través del tiempo. Iban y venían por distintos momentos de la historia. Este jueves, el decano de la facultad de Ciencias Exactas desafió el tiempo universitario como aquellos científicos. En el rol de presidente de la Asamblea Universitaria fue complaciente con los que querían ir al baño y les dio acotados minutos para hacerlo. Cuando todo era murmullos, tomó el micrófono y dijo: “Son las 10.56, y 57” para luego lanzar una frase propia de aquella serie que veíamos cuando niños: “a las y 55 comenzamos la votación”. La asamblea se paralizó toda. Los que salían del auditorium, por unos segundos, no supieron si iban o volvían del baño. El decano Miguel Cabrera, al instante, explicó lo sucedido: “son las y 53 minutos, di tiempo negativo”.

Cabrera se sinceró y aclaró: “son los nervios”. Sin embargo, quedó flotando la sensación de que la Universidad estaba fuera de los tiempos. No era para menos, minutos antes se había discutido la forma de elegir al rector. Se habían destapado argumentos pueriles para poder tirar la piedra y esconder la mano. La idea de que la UNT estaba inmersa en tiempos diferentes no había sido introducida por Cabrera, sino confirmada. Los electores habían planteado que la necesidad de que no se conociera el nombre de quién votaba por quién se había quedado en el pasado. El voto secreto, cumpliendo los reglamentos y la Constitución, se había concretado correctamente en el momento de elegir a los electores que estaban sentados en esa asamblea. A partir de entonces se convertía en algo público. Llevado al paroxismo sería como si cada votación de los representantes de las Cámaras de los poderes legislativos tuvieran que hacer sus votos en forma secreta. Eso sólo está reservado a casos muy excepcionales, como la seguridad del país. Finalmente, el voto fue secreto y -según los datos que tenían los ganadores antes de la elección- encontraron menos sufragios de los esperados. La Universidad que este jueves confirmó vivir en tiempos negativos debería comprometerse a que sus relojes adelanten las horas para describir el camino a seguir.

La confusión temporal, inevitablemente, trae consecuencias espaciales. “No todos los relojes / coinciden con mis horas / siempre hay corazones que adelantan / suspicacias que atrasan”, dice Mario Benedetti en su descomunal poema Aquí lejos. Sólo en las suspicacias del poder se puede entender por qué sobre los comicios de la UNT merodeaban funcionarios provinciales, autoridades nacionales y hasta representantes del Congreso de la Nación. Viven otros tiempos, con relojes que dan otras horas y habitan otros despachos. Sin embargo, en los últimos 10 días estuvieron metidos en el tiempo universitario con la única intención de manejar su reloj. Que es lo mismo que decir su tiempo y su espacio.

Cuidado con el iceberg

En uno de los capítulos de “El Túnel del Tiempo”, los científicos, como el reloj del presidente de la asamblea universitaria, se mueven nerviosamente. Llegan a 1912 y caminan sobre la cubierta del Titanic. Le avisan al capitán que en la madrugada del 15 de abril chocarán contra un iceberg. Obviamente que no les cree y los pone presos. Pero minutos antes de la colisión, cuando ya todo es irreversible, los libera. ¿Por qué quisieron intervenir los doctores Newman y Phillips? Apoyados en su soberbia y con el tiempo y con la historia de su lado buscaron que las cosas fueran como ellos querían. Esa es la soberbia del político de hoy, que intenta a como dé lugar forzar la vida de las instituciones. Pasa en los comicios de colegios influyentes, como los de abogados o de magistrados, que pueden incidir en decisiones trascendentales; o también en la de los ingenieros o profesionales que deciden sobre las obras públicas. Y, obviamente, ha ocurrido en la universidad y en los gremios.

Ahora es el turno de la Federación Económica de Tucumán y una vez más ya se están produciendo los movimientos en la Casa de Gobierno para que el elegido responda al oficialismo. Como en el Titanic, las instituciones terminarán chocando y debilitándose porque en la medida en que no puedan ejercer su autonomía o su independencia estarán destinadas a perder. En la serie que veíamos en blanco y negro, los viajeros del tiempo utilizaban sus palabras como método de persuasión. En la actualidad, el dinero es más eficiente que los vocablos y se parece a la corrupción.

En la sala de espera

Los filósofos que andan por los bares regalando su sabiduría enseñan que Aristóteles sostenía que el tiempo es la medida del cambio. Por lo tanto, cuando las cosas no cambian el tiempo no pasa. Tal y como si estuviéramos en una sala de espera. Ahí pareciera que están los argentinos que ven que en los últimos 40 días los principales actores de la políticas están paralizados. Esa calma chicha, como se le llama en alta mar a la calma que precede a las tempestades, contrasta con el pésimo humor social que reina en un país sometido a una inflación despiadada.

Como el náufrago se aferra a un pedazo de madera, las autoridades nacionales se abrazan a otros indicadores con la esperanza de ver el sol. Señalan mejoras leves, pero sostenidas en el empleo (el jefe de Gabinete, Juan Manzur, salió a gritar los números que tenía sobre su escritorio). Y también se aferran a datos del consumo y de la actividad económica.

El Indec, vapuleado por el diletante resultado del censo, ha señalado que el empleo registrado en febrero de 2022, ha superado ya los niveles de diciembre de 2019, antes de la pandemia.

Sin embargo, la inflación sigue erosionando los bolsillos de los argentinos y multiplicando pobres sin cesar, aun entre personas que tienen empleo registrado y ven alejarse de su alcance el costo de vida y de la canasta familiar.

El gobierno confía ver tierra a partir de julio. Sueña con que la ola de aumento de precios empezará a ceder; y que sobre finales de año empezará a esbozarse una sonrisa en el rostro de los argentinos, justo en el año electoral donde habrá que elegir nuevo gobierno nacional. El escritor y sacerdote Pedro Calderón de la Barca decía en el 1600 que “La vida es sueño y los sueños vida son”.

En el Frente de Todos velan armas para una contienda en las PASO. La alianza trabaja para no romperse, pero la tensión interna parece una olla a presión. Lo que sí está roto es la relación entre Cristina y Alberto. No tiene arreglo. En Buenos Aires sentencian que Cristina perdonó una vez al Presidente, cuando él emitía constantes diatribas contra ella, pero ya no hay más perdones. En aquel entonces Alberto, con la promesa de sentar a la mesa a Sergio Massa y compañía, los acercaba al triunfo. El año que viene llegará al Frente de Todos con Cristina con un 35% inamovible y ya encontrarán algún otro títere para las PASO y para sumar más puntos.

Éramos muchos…

En la vereda del frente el dilema es mayor porque la aparición de Javier Milei desbarajusta los planes. “Éramos muchos y parió la abuela”, dirían los más veteranos acerca de este líder opositor.

Milei (como Cristina, pero con diferentes intereses) es quien en estos últimos días ha sabido entender aquel mal humor que envuelve a la sociedad argentina. Su rol de diputado nacional le impide repartir calmantes ni bajar la temperatura de los afiebrados argentinos. Por lo tanto, promete curarlos cuando logre subir a algún pedestal. Por eso avienta el fuego y cuanto más lo hace más adeptos suma. Rápido de reflejos, Ricardo Bussi se puso a su lado agitando un gran fuelle. Mientras ven el crecimiento de Millei, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich esperan que Mauricio Macri se decida. El radicalismo empuja la coalición, pero no hay mediciones que le aseguren que pueda tirar de las riendas.

No pasa lo mismo en esta comarca. Mientras en Buenos Aires el PRO tiene tres candidatos, en Tucumán no tiene ni uno. Y, por lo tanto, miran con cariño a Germán Alfaro porque es quién le pega más duro al oficialismo (como hace Milei). Conscientes de su orfandad, se desgañitan gritando que necesitan tener candidatos en distintos distritos para llegar con más fuerza a la hora de las decisiones. Pero el reloj de PRO tucumano parece paralizado. En ese punto CREO le saca ventaja y pone candidatos aún cuando no define un referente nacional que le sirva de paraguas. Y, en esa carrera les saca ventaja Alfaro, que ha recibido la bendición tanto de Patricia Bullrich como de Horacio Rodríguez Larreta. El equipo de Sebastián Murga consolida su propuesta electoral hacia adentro; y hacia afuera lanza todos los dardos contra Alfaro, a quien consideran más de lo mismo en la política tucumana.

En la coalición de Juntos por el Cambio los relojes no están puestos en hora. El tercero en discordia es el corredor y diputado Roberto Sánchez, quien mantiene un discurso de bajo voltaje. Suma puntos en su popularidad sobre la base de su afabilidad, pero se da bruces con la agresiva estrategia que Milei aplica.

En Jujuy cuentan que no hace mucho tiempo se encontraron Rodríguez Larreta y el ex corredor tucumano. Los tiempos acuciaban en la puna. Había muchos paneles solares que daban energía, pero no reducían los tiempos para llegar a horario a un compromiso en San Salvador. “No importa”, habría dicho Sánchez, quien le ajustó el cinturón de seguridad al porteño y apretó lo suficiente el acelerador para llegar a tiempo a la Capital. Lo de Sánchez fue impecable y hasta solidario, pero Rodríguez Larreta llegó con dolor de panza y asustado. Toda una metáfora para el futuro político del radical.

En un extremo de los pasillos más largos del mundo, en las salas de espera, en los grandes estadios donde se preanuncian los enfrentamientos políticos de 2023, así como en las pequeñas disputas institucionales, los relojes advierten que “ya es hora”. Que sería como decir “es el momento”. Faltaría que algunos miren sus relojes.

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